Estoy sentada en mi salón con el culo entumecido. Cada vez que hable de mi salón, por cierto, tenéis que imaginar las olas del mar sonando suavemente de fondo. Yo pensaba que me gustaba el sonido del silencio, pero todavía no sabía lo que es tener el mar encendido todo el día.
Pablito está aterrizando en Filadelfia ahora mismo, y yo le echo de menos tanto que estoy escribiendo una novela para distraerme. Viva y bravo por mí. En efecto: este año he vuelto a apuntarme al NaNoWriMo. Pero esta vez tengo fe. Llevo 12503 palabras, y teniendo en cuenta que empecé el día cuatro, no voy demasiado retrasada sobre el horario previsto. Estoy participando en los foros, he donado veinticinco dólares y he comprado el libro del jipi que empezó toda la movida hace algunos años. Cien por cien compromiso y automecanismos psicológicos para evitar el abandono.
¿Qué puedo decir sobre la novela? Ahora mismo es un engendro y no tiene ningún tipo de sentido, pero le tengo fe. Al menos, tengo fe en el proceso. SÉ que este año voy a terminar, aunque no sé si el resultado será digno de ser publicado. Iré actualizando. Por cierto: recuerdo que creé una lista de correo para dar información sobre mi posible futuro libro con artículos del blog, y asumo que los que querían saber de ese libro, también querrán saber de la novela. Los que se apuntaron y aún no han recibido NADA, sencillamente porque no he escrito NADA digno de ser publicado, os pueden asegurar que es una lista 100% spam-free. En algún momento escribiré un libro de algo, así que si te interesa recibir información cuando eso suceda, tú también puedes apuntarte aquí.
Hoy he escrito unas siete mil palabras además de estas, así que me temo que lo voy a dejar. La buena noticia es que quizá la ausencia y lejanía de mi Pablo (oh, dolor y destrucción) me dejen el cerebro libre para actualizar con más frecuencia.
Os quiero, ciruelos y ciruelas.