massobreloslunes: 06/05/07

martes, 5 de junio de 2007

El Hada Azul

Mi madrina murió el domingo de resurrección. No sufráis; tenía 90 años. Lo que más me duele de su muerte no es el hecho en sí de que haya desaparecido, sino la manera casi obscena que tuvo de tirar sus últimos treinta años por un desagüe. La conocí sentada en un sofá y la vi por última vez sentada en un sofá. No tenía aficciones, no cosía, no leía, veía la televisión sólo por tener algo donde fijar la vista. Realmente, ocupaba el día en repasar sus tristezas con la barbilla apoyada en la mano, en amasar cuidadosamente sus rencores y en llamar llorando por teléfono a todos aquéllos que aún querían (o debían) ocuparse un poco de ella.
Era buena, pero no era una buena persona, si por buena persona entendemos cumplir más o menos bien con la tarea de ser humano. Era arisca, repetitiva, pesada, culpabilizante como una pesadilla freudiana. Nunca recuerdo que la perspectiva de ir a verla se me haya presentado como algo agradable, y ni siquiera el hecho de que esté muerta va a cambiar eso.
El único recuerdo bonito que tengo de ella es que, en ocasiones, en las largas noches de verano que pasábamos en la terraza de nuestro piso de vacaciones, me recitaba larguísimas poesías que se sabía de cuando era pequeña. Eran poemas de rima un poco burda, pero me embelesaban como cuentos. En sus últimos años, cuando ya no había apenas nada de ella que quisiéramos conservar, nos insistía para que apuntáramos en una libreta todas sus canciones y poesías, para recordarlas “si se le iba la cabeza”. Murió con todas las ideas en su sitio, perfectamente lúcida con casi un siglo de monótona existencia, pero nos faltó el tiempo, así que la libreta apenas tiene rellenas ocho o diez páginas.
Hace unos días me acordé de una de sus poesías, “El Hada Azul”. Va de un hada que baja del cielo y reparte a una mujer de cada una de las naciones de la tierra un precioso don; finalmente, le dice a la española que ella es la mejor y la sube en un trono, o algo así. Infancia de posguerra, qué os voy a contar. Intenté recordarla, pero no me salía entera, así que tecleé en google “El Hada Azul”. 0’13 segundos después, ahí la tenía. Y así mi madrina se fue definitivamente al otro mundo y el vivo siguió comiéndose el bollo de la inmediatez tecnológica.
Como sigamos así, nos vamos a quedar sin nostalgia.