Si escribo sobre esto no es porque me guste hablar del estado de mi piel, que no me gusta. Es porque el AA, más allá de un problema estético, no deja de ser una enfermedad más o menos crónica con la que estoy luchando una batalla sin cuartel. Y lo peor de ella es lo solo que se siente uno. Sientes que nadie puede entenderte y nadie puede ayudarte. Al fin y al cabo, durante muchos años has confiado en los demás y te han fallado, así que ahora no puedes confiar en nadie. Nadie puede hacerse cargo de ti. Esa desesperanza y esa soledad son lo más duro por lo que he tenido que pasar en todo este asunto. Por eso quiero escribir sobre ello: porque a lo mejor alguien está pasando por lo mismo, o por una enfermedad distinta pero que igualmente no consigue solucionar, y a lo mejor leyendo esto puede sentirse un poco menos solo y desesperanzado.
En este asunto del AA y los remedios naturales hay una primera fase de luna de miel. Los dermatólogos son unos inútiles, te dices. Hacen medicina basada en parchear los síntomas y no tienen ni idea de las causas subyacentes. Ahora yo sé que hacer y será fácil: comeré sano, haré deporte y todo irá bien. En esta fase hay una ventaja y un peligro. La ventaja es que empiezas a hacerte cargo de tu salud y dejas de ser una víctima. Te das cuenta de que a nadie le importa tu problema tanto como a ti y de que tienes margen de acción para intentar solucionarlo. El peligro es creerte que el camino va a ser fácil.
No pretendo explicar todo lo que he intentado durante estos meses. Resumo diciendo que estoy probándolo todo: la dieta, el ejercicio, el descanso, el sol, los suplementos vitamínicos, los jabones, las cremas e incluso un libro de psicología de los problemas de piel llamado Skin Deep. Diré también que después de más de nueve meses con toda esta historia, en una escala del uno al diez donde uno es Horrores del Infierno y diez es Piel Fabulosa, mi cara está en un tres y medio. No se acerca ni al aprobado. Por otra parte, si descontamos mi piel, me encuentro mejor física y mentalmente que en mucho tiempo.
Hoy por hoy pienso que tengo el organismo revolucionado. Años y años de anticonceptivos, antibióticos, cuatro tandas de Roacután, un montón de jabones y cremas asesinas y un estilo de vida con carencias (dos años de vegetariana, seis años de estudiante nutriéndome básicamente de pasta y sedentarismo crónico) no se arreglan en un mes, ni en seis. También pienso que este tema tiene mucho de psicosomático. Por eso, hoy por hoy creo que me queda mucho, pero que mucho tiempo antes de que el estado de mi cara sea más o menos normal.
Donde más he avanzado, sin embargo, es dentro de mi cabeza, justo detrás de esa piel del Averno que tanto me preocupa. El año pasado por estas fechas, la posibilidad de tener un rebrote me parecía una pesadilla. Lo había dejado con mi novio, había perdido a mi mejor amigo y, aun así, la peor experiencia de mi vida seguía siendo el AA. Más concretamente, el brote que tuve en cuarto de carrera, cuando me agarró la tipa asesina del centro de estética y convirtió mi cara en la de una leprosa.
Empecé con toda esta historia de la cura natural con la piel bastante bien, gracias a la acción paliativa y engañosa de la píldora, así que me creía que iba a ser fácil. Bastaba con cuidarse un poco y mantenerse. No estaba dispuesta a empeorar, ni estaba dispuesta a esperar. Pensaba que si la cosa se ponía chunga, volvería a la píldora y punto, porque no quería vivir una vida en la que el miedo y la obsesión por el AA llenaran cada uno de mis pensamientos conscientes. Al principio aguanté bien, pero después el efecto rebote post-píldora ha sido importante. He estado peor que hace mucho tiempo, tanto en intensidad de las lesiones como en su extensión.
Al final, no estar dispuesta a empeorar y querer que todo pase rápido no son más que caras diferentes del miedo. ¿Miedo a qué? Al final no es miedo al AA. El AA sólo son granos. Mi miedo tiene más que ver con la pérdida de control, con el pánico a mostrarme como soy, con la dificultad para aceptar mis fallos y los de los demás, con el temor a que no me quiera nadie.
Ahora tengo menos miedo. No se me ha quitado del todo y sigo teniendo días horribles en los que no paro de darle vueltas al asunto, pero el miedo ha disminuido. Y he luchado, estoy luchando y seguiré haciéndolo mientras piense que me queda margen para mejorar, pero también estoy encontrando el camino de la aceptación. Hoy he leído este artículo en un blog sobre nutrición tipo paleo. Habla de que, en ocasiones, ni la nutrición ni la medicina tienen la respuesta porque, por mucho que cueste reconocerlo, no todos los problemas tienen solución. También dice que la esperanza y la desesperación son simples estados mentales basados en la idea que uno tiene acerca del futuro. No se trata de que la esperanza sea lo deseable: los dos son un engaño y tienen que ver con estar fuera del presente, pensando en cómo sería la vida si fuera de otra manera.
En relación a eso, el consejo que más me ha servido últimamente me lo dio J. Me dijo: "Tómatelo como algo crónico; es parte de ti." Después me habló de la novia de un amigo, que era muy guapa pero a la que le faltaba una mano (típica historia de J.). En su momento, me sentó regular. Yo no quería que me dijeran que era algo crónico. Necesitaba esperanza, necesitaba creer que podría controlarlo y solucionarlo. Ahora me he dado cuenta de que vivir pensando que puedes arreglarlo todo es vivir con la mente puesta en un futuro mejor, donde tu piel es perfecta, tú eres perfecta, no sufres por nada, la gente no puede verlo y todo va bien. Vivir así es muy triste.
Considerar el AA como algo crónico y saber que tengo días mejores y peores me está ayudando. Me ayuda a vivir en el presente, porque sé que a lo mejor no hay otro futuro mejor en ese aspecto. Estoy haciendo las paces con el problema. Está perdiendo (parte) de su poder sobre mí. Conseguir hablar de ello con la gente, escribir aquí, hacerme fotos, mirarme al espejo, estar dispuesta a empeorar y observar todo el proceso con más curiosidad que pánico son avances que los demás no ven, pero que para mí son enormes.
Algún día espero poder enseñar aquí fotos de antes y después, de esas super impactantes que cuelgan en las páginas de remedios para el acné. Ahora mismo no las tengo y no sé si existirán algún día. Imagino que sí, aunque sólo sea porque no he visto a ninguna vieja con acné y yo espero llegar a vieja. Pero si no sucede nunca, pues qué le vamos a hacer.