massobreloslunes: 03/11/12

domingo, 11 de marzo de 2012

Material de montaña (como si el post no fuera lo suficientemente friki, a mí no se me ocurre un título más atractivo)

He llegado a casa de finde escalador hace apenas una hora. Si hay algo que no me gusta de mí misma es que soy muy, muy, muy desordenada. Ojalá no lo fuera, de verdad, pero mantener el caos medio controlado me cuesta la misma vida. Así que cuando vuelvo de escalar los domingos, lo que hago normalmente es lo siguiente: lo tiro todo por el suelo de mi dormitorio, me ducho, me pongo a escribir/leer/comer/lo que sea, me acuesto y tardo en deshacer el equipaje toda la semana siguiente. Lo peor.

Así que hoy he decidido que no, que iba a deshacer las mochilas, echar la ropa a lavar, organizar el material y, en fin, convertirme en una persona mejor y más centrada. Por fin he comprado todo el material de escalada, que vaya ruina, por cierto, pero el caso es que ahora me quedo mirando mi cuerda de ochenta metros y mis preciosas cintas exprés Black Diamond con arrobo verdadero. Qué bonitas son, pienso, mientras abro y cierro los mosquetones. Que es un sonido tope de relajante, por cierto, porque te recuerda a cuando pasas la cuerda por el seguro y puedes respirar tranquilo un ratito más.

Desde que no voy a las rebajas y me gasto el dinero en material de montaña, reflexiono sobre el tema. En Madrid estuve en Fisura, una tiende que hay cerca de Bravo Murillo, porque tenía que recogerle unos gatos al Kpot y porque me apetecía olisquear. La atendía un señor calvo con bigote gris que se parecía mucho a Vicente del Bosque. En el tiempo que estuve esperando les vendió a una pareja material para irse a los Himalayas por valor de 500 euros. Luego otro señor se compró unas botas de trekking, y un chaval preguntó por los plumas, aunque al final no se llevó nada.

Es fascinante, ¿no? Hay muchas opciones para cualquier objeto. Hace un tiempo me enteré de que la calidad de un plumas se mide en cuins, que es algo así como el volumen que ocupa la pluma y que tiene que ver con su capacidad de almacenar aire. Y así todo. Miro los mosquetones de mis cintas, que así a priori son mosquetones, punto, pero hay un montón de sutilezas: el peso, el tipo de gatillo, la curvatura o si tienen o no una muesquita la mar de molesta que se engancha en los seguros cuando las quitas.


Cintas exprés, tus mejores amigas en la roca.


Mi mente analítica encuentra cierta belleza en estas diferencias pequeñas e importantes. Me gusta que haya gente que entienda del tema y que sepa aconsejarte. Que sepa cómo te vas a sentir en los Himalayas, qué cantidad de frío puedes tolerar y cuánto puedes sacrificar en otros aspectos (peso, dinero, etc) para estar cómodo. Tienen que conocer bien su trabajo y saber ponerse en el lugar del otro. Miro los piolets y los crampones colgados inocentemente de las repisas de la tienda y pienso en que su destino es clavarse en cascadas de hielo y ayudar a que suban por ellos los extraños y salvajes conquistadores de lo inútil. El desfase entre los estantes de productos con su agradable colorido y la realidad dolorosa de la naturaleza es curioso. Os lo digo desde mis dedos machacados contra la piedra caliza y afilada de las rocas de La Veredilla.

Sé que es un post mortal de friki este que os acabo de soltar. Pobres. Yo aquí actualizando menos que nada y cuando lo hago encima es para hablaros de mosquetones. MOSQUETONES. Cuando yo sé que lo que queréis saber es si ya me he decidido a apuntarme al Badoo para acabar con esta abstinencia sexual que me consume, o si J. de verdad me está roneando otra vez y qué coño pienso hacer al respecto. Pero eso, como dice Michael Ende, es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.