massobreloslunes: 06/25/09

jueves, 25 de junio de 2009

Malagueando

Alguna vez he comentado que la Biblioteca Pública de Granada es uno de mis sitios favoritos de la tierra. Creo que es donde querría que se quedara vagando mi alma si por lo que sea no llega a transmigrar. Después de mantener un apasionado y friki romance con ese edificio durante cinco años, estaba muy poco predispuesta hacia las bibliotecas malagueñas. Es un poco como cuando te deja el amor de tu vida: todos los demás hombres te parecen basura y te cuesta mucho aceptar que otro pueda también tener sus cosas buenas.

Ahora estoy estudiando en el Centro Cultural Provincial, en calle Ollerías. La calle es sucia y rara, y la gente es un poco amenazante (en cualquier caso, toda Málaga es un poco así: sucia, rara y amenazante), pero la biblioteca es preciosa. Luminosa, modernita, de techos altos y suelos de parqué. En el descanso voy a desayunar a un bar super auténtico y me tomo un sombra descafeinado en vaso pequeño y un pitufo con tomate y aceite. Miro por la ventana y veo el balcón de enfrente con una malla alrededor de los barrotes, y me pregunto si será porque tienen gato y no quieren que se caiga.

Esta tarde, sin embargo, he ido a la Biblioteca Municipal de Málaga. La he encontrado buscando en google y he llegado milagrosamente en moto, teniendo en cuenta mi precario sentido de la orientación. Es algo así como el edificio más espantoso que he visto en mi vida: azul pitufo, con salas diminutas y oscuras y llena de gente amenazante en bañador y chanclas (y lo que que la gente es amenazante en Málaga es cierto. No es un sesgo mío). Además, está en un barrio que no sé ni cómo se llama, pero que es feísimo y que por lo que sé podría ser Algeciras o Getafe, por decir sitios raros y feos y lejanos.

Parece ser que tendré que pasar allí mucho tiempo, porque no he encontrado otro sitio que abra por las tardes en verano. Reconozcámoslo, he sido expulsada del paraíso. Y no lo digo sólo por la biblioteca.