Esta mañana he mandado un mail hablando de la próxima publicación de la novela. Para los que estáis interesados: os podéis apuntar aquí y os avisaré. Si has recibido el mail de esta mañana, no hace falta que te apuntes de nuevo. Ya te he fichado y no puedes escapar, muahahah
(A ver, mentira, sí puedes escapar. Estarás siempre a un clic de la libertad. Pero una de mis reglas para la vida es: no desperdicies nunca una oportunidad para la risa malvada)
He recibido muchos mails muy cariñosos y entusiastas sobre la publicación de la novela. Gracias a todos. En este momento trágico de mi vida, en que escribo solitaria en mi piso, rodeada de gatos, comiendo legumbres para ahorrar y pasando frío por las noches, publicar la novela es una satisfacción enorme. Me emociona mucho que os haga ilusión, y confío en no decepcionaros.
Uno de los mails que he recibido me ha llamado mucho la atención. Me escribía una lectora contándome la pena que le da saber que Pablo y yo nos hemos separado, porque para ella éramos un ideal de relación (cito de memoria).
Es curioso. En primer lugar, habla mucho del poder de las palabras para llevar belleza a los rincones de la vida. Yo he llevado en mis 31 años sobre la Tierra una existencia pavorosamente normal. No he hecho grandes viajes, ni completado proyectos fascinantes, ni tenido tórridas aventuras. Como mucho, he hecho viajes divertidos, proyectos que no están mal y aventuras con un grado de torridez que probablemente la mayoría de vosotros también habéis vivido.
Pero ah, las palabras. A mí me pasa, conmigo misma. Leo lo que escribía aquí hace tres, cinco o diez años, y pienso: pero qué vida más guay llevaba esa chica. Cuando en realidad en el momento, mientras lo vivía, mi rutina era de lo más común.
Esta mañana he leído una frase en The Daily Stoic que creo que encaja muy bien con todo esto:
There is clarity (and joy) in seeing what others can't see, in finding grace and harmony in places others overlook. Isn't that far better than seeing the world as some dark place?
Hay claridad (y alegría) en ver lo que otros no pueden ver, en encontrar gracia y armonía en lugares que a otros les pasan desapercibidos. ¿No es mucho mejor esto que ver el mundo como un lugar oscuro?
Los humanos somos criaturas increíbles. Contenemos el mundo entero en nuestra mente. Podemos traer al aquí y al ahora todo el dolor y la alegría que hemos experimentado o que creemos que vamos a vivir. Y eso tiene una cara oscura, claro: cuando sufres porque sí, sin ningún riesgo inminente para tu integridad, porque te estás acordando de aquel chico que te partió el corazón o porque te da mucha pena no saber si habrá una quinta temporada de Sherlock (le pasó a una amiga).
Pero tiene una cara fantástica, y es que uno puede entrenar la capacidad de traer luz al presente escribiendo sobre él. Eso es lo que he hecho yo en este blog para mí misma todos estos años. Escribes, y relacionas unas cosas con otras, y bañas tu realidad con la extraña belleza de una especie de poesía. Después la recuerdas así, con ese discreto halo de luz, y tu pasado se redime.
El efecto también es visible para algunas personas de tu alrededor, como supongo que le pasó a la chica del mail. A mí me ocurre con los poetas y los cantantes, cuando pienso que me encantaría ser la chica a la que Sabina le escribió Y sin embargo o A la orilla de la chimenea.
Luego está la realidad, claro, y la realidad siempre es menos poética de lo que parece. Pasa conmigo y con Pablo, y seguro que también con Sabina y sus mujeres; al fin y al cabo, lo que dice Y sin embargo es, básicamente: pienso en ti, pero me estoy acostando con otras.
Así que este post tiene dos moralejas (oh, my god, la psicoescritura se está apoderando de mi alma y ya no puedo escribir sin leccioncitas).
La primera es que no compares tu interior con el exterior de otros. Sobre esto escribí en Psicosupervivencia hace tiempo ya. Y, sobre todo, no compares tu interior con mi exterior, el de Marina, porque yo soy una persona muy normal con una vida interior muy rica que la salva del suicidio, sí, pero que a veces es difícil compatibilizar con la alegría.
La segunda, la más importante, es que tú puedes traer a tu realidad, sea la que sea, esa misma belleza y esa luz que ves en las vidas de otros, y que muy probablemente el arte (o su sucedáneo) tenga mucho que ver con eso. Mis partes favoritas de mi vida son las que he escrito. Seguro que tú, lectora del mail de hoy, puedes escribir sobre el lugar donde quiera que estés ahora. O pintar, o hacerle fotos, o scrapbooks, o escribir con caligrafía bonita una frase que escuches hoy por la calle.
La belleza está a un paso de distancia. Y es lo más infravalorado y misericordioso de ser humano.