massobreloslunes: 11/15/11

martes, 15 de noviembre de 2011

Timing (II) (Es que me he acordado de que ya escribí un post que se llama así)

El timing es muy importante en las relaciones, me dice DDM mientras conduce esta tarde de vuelta a Cádiz. Los dos llevamos una resaca importante y nos da el sol de lado mientras oímos nosequé música extraña que ha elegido él. Melómanos: qué encantadores plastas. La sombra del parasol le cruza la cara justo por debajo de la nariz, así que veo brillar sus dientes mientras habla.

Timing is a bitch, contesto yo, risueña, y seguro que no ha pillado la referencia porque me ha contado que no suele ver series. Tampoco es una referencia muy allá: lo dice Robin en el primer capítulo de la temporada nueva de Cómo Conocí a Vuestra Madre. Timing is a bitch, repito mentalmente, al menos en mi caso, que siempre parezco estar en el lugar erróneo o en el momento inadecuado.

Hemos salido hace un rato de Sevilla después de almorzar unas pitas con sus amigos. Paramos en el rocódromo del Alamillo para echarle un ojo, porque yo no lo conocía, y luego enfilamos camino a casa con los ojos entornados por el sol y el sueño. Hablamos todo el rato, fluidos, con ocasionales silencios compartidos y tranquilos . De todo menos del tiempo, como dijo ayer Vetusta Morla sobre el escenario mientras yo coreaba que es cierto, que maldita dulzura la tuya.

Timing, DDM, timing, y curiosamente hoy no me vence el deseo tanto como ayer, mientras hacíamos el mismo camino en sentido contrario. Será porque hoy está todo más claro, así que ni siquiera me vuelve a las yemas el tacto suave de su espalda ni el olor de su piel a través de la camiseta. No me vuelven los besos breves, aturdidos y culpables, ni las explicaciones que empiezan por "me pareces una chica muy..." pero que incluyen un "pero" y a otra chica, griega al parecer, que viene en unos días a verle y es todavía más muy que yo. Ahora sólo me llega el presente, esta conversación tan larga y tan ininterrumpida, y constatar que es un chico lindo y que, una vez más, no es culpa de nadie.

De timing, como mucho, ya os digo. Y ahora, en este universo limitado en el tiempo y el espacio que es la cabina de su coche, los dos nos hablamos y nos escuchamos, nos reímos, nos miramos de vez en cuando y oímos música. Yo ya no me cabreo, porque paso, qué queréis que os diga. Para qué se va a cabrear una. Dios me odia o quiere me haga monja, punto, y contra eso no es posible luchar.

Llegamos a Cádiz y comentamos que los dos compartimos la misma sensación al aterrizar en esta esquina del mapa alejada y tranquila: que no todos los problemas, pero sí cierta carga difusa de emociones densas, se quedan al otro lado del puente de Carranza. Voy contigo a aparcar, le digo, y luego él me acompaña a mi moto, que está en la puerta de su casa.

Hay algo que quiero preguntarle a DDM antes de irme y no sé si hacerlo, porque es una pregunta un poco absurda y casi patética, pero creo que me sentiré mejor después, o mi ego se sentirá mejor, o qué sé yo... el caso es que cuando estoy a punto de ponerme el casco me acerco a él, que espera guapo y sonriente sobre la acera, y le pregunto:
- Si no hubiera griega, ¿habría pasado?

Se encoge de hombros y sonríe.
- Pues digo yo que sí, ¿no?

Yo sonrío también.
- No te lo pregunto por nada... sólo por curiosidad. Y por ego, ya sabes.
- Ya...

Sigue sonriendo, y me encantan hasta extremos insalubres las arrugas que se le forman en torno a los ojos.
- Por otra parte - dice - si mi abuela tuviera dos pelotas sería mi abuelo.

Y aunque esté guapo a rabiar, aunque a mí el amor me putee sin yo haber hecho nada para merecerlo y aunque todo sea tan cercano y lejano, tan bonito y tan chungo, no tengo más remedio que reírme de la frase, de la vida y del timing de los huevos.