"Cásate conmigo", le decía siempre ella al encargado de lavar cabezas en la peluquería.
"De acuerdo", dijo él un día. "Casémonos".
No ha resultado ser un marido especialmente interesante o atento, pero cada vez que se retuerce de gusto bajo sus manos, ella piensa que hay matrimonios que se sostienen con mucho menos.