massobreloslunes: octubre 2023

lunes, 2 de octubre de 2023

Recipientes

Últimamente pienso mucho en mi abuela. Tuvo cinco hijos en seis años, y después uno más cinco años después. 

Me gustaría que estuviera viva y con la cabeza en su sitio para preguntarle cómo lo hacía. ¿Cómo te apañas con seis hijos, sin ayuda en casa y SIN LAVADORA? 

Cuando saco este tema, la gente me dice que los padres actuales nos preocupamos demasiado por nuestros hijos y que los de antes simplificaban. 

A ver, que yo soy la madre que más simplifica del mundo. Que yo acuesto a mi hija con la ropa del día siguiente y la baño los días del mes que son número primo. Que jamás he separado la ropa blanca y la última vez que usé una plancha fue en 2013. 

Pero la simplificación, dejadez o llámalo X tiene un límite. No se pueden simplificar los pañales. Si tu hijo se caga, lo tienes que lavar. No se puede simplificar estar sentada dándole de mamar a tu recién nacido; creedme que lo he intentado.

La otra respuesta es que antes se criaba en tribu y la familia ayudaba, pero mis abuelos estaban solos en el Sáhara, donde habían destinado a mi abuelo, que era militar. 

Y la tercera respuesta podría ser que antes se tenían los hijos más jóvenes y les sobraba energía porque ahora estamos todas premenopáusicas. Bueno, pues tampoco, porque a mi abuela casi se le pasa el arroz y tuvo a sus hijos entre los treinta y cinco y los cuarenta y cinco.

Así que me intriga y fascina cómo se las arreglaba y me encantaría poder preguntárselo, pero ya no es posible. Ya se ha ido para siempre, y con ella, con la materia gris de su cerebro convertida en cenizas, se han ido los recuerdos de sus bebés y sus niños pequeños, todas las anécdotas, como dice mi hija Alana cuando me pide que se las cuente.

Pienso en todos esos días y esas horas que pasaron con mi abuela como único testigo consciente, y en cómo han desaparecido, y en que en mi propia cabeza también hay recuerdos que se irán cuando me vaya yo.

Algunos, los más importantes, intento registrarlos: aquí o en el One Line a Day que escribo para cada uno de mis hijos. Aun así, muchos se quedan en el camino y, lo que es peor: ni siquiera sé que se me han olvidado.

Ahora que Atlas es bebé, me vienen a la memoria muchos momentos con Alana bebé que no recordaba: cómo la poníamos a dormir dándole el biberón y luego se nos olvidaba cuando salíamos de puntillas para no despertarla, y la casa acababa llena de biberones a medias con la leche agria. Como abría el cajón de la cómoda donde le cambiaba los pañales para que cayera en él si le daba por rodar mágicamente a las tres semanas.

Al final, en eso nos acabamos convirtiendo todos: en recipientes de recuerdos con un agujero en el fondo. Y algunos de nosotros, envalentonados por la noción ridícula de creernos más interesantes que el resto, nos pasamos la vida intentando vaciarnos en otros recipientes para ver si esos recuerdos duran más.

Tú, que estás leyendo esto ahora, eres uno de mis recipientes. Cuando yo me vaya o los robots dominen Internet, espero que queden algunas de mis historias en tu cabeza. 

Y por eso, más que por comentar, si lo has hecho alguna vez, o por recomendar mi blog a otros: por hacer un hueco a mis recuerdos en tus neuronas, es por lo que más agradecida te estaré siempre.