La escalada es tan guay.
Para qué me voy a pasar un post entero explicando mi domingo si todo se resume en eso.
Podría contaros que ayer por la noche me llamó Juanjo, que es un valenciano zumbado y medio hippy que pasa de cualquier cosa que no vaya en vertical, y me dijo algo como "Marina, mañana esta gente se va a hacer la mariconada esa del senderismo, ¿tú quieres escalar?". Y yo: "claro que sí, dime hora". Que cuando hablé con los demás para ver si se apuntaban, todo el mundo decía que mejor no, que iban a estar las paredes mojadas. Que, aún así, ahí nos hemos plantado el Juanjo y yo en Benaocaz, a hora y media de Cádiz, con muesli en las mochilas y motivación en las cabezas.
Podría explicar que bueno, las cosas como son, había vías mojadas, pero también muchas secas, y que nos lo hemos tomado con humor cuando llegabas al que se supone que era el mejor agarre de la vía y te encontrabas con que se había convertido en una mini-piscina. Que estábamos solos en la zona y sólo se escuchaba el zumbido del viento, y que nos hemos reído sin parar casi todo el rato, porque Juanjo tiene un sentido del humor genial y absurdo y a mí para reírme nunca me ha faltado energía. Que, aunque a los dos nos dan miedo según qué cosas, nos hemos animado a escalar de primeros como si no hubiera mañana y hemos terminado, como dice él, "crocantis del todo".
Podría decir que me gusta el concepto compañeros de cordada, que consiste en que dos personas como Juanjo y yo, que seguramente en otro contexto ni nos habríamos saludado, podemos echar juntos el día y pasarlo de puta madre, y porque a la vuelta él iba poniéndome canciones punks en el coche con títulos como "Pasado de rosca" o "Ojeras farloperas" y yo conducía la Dobloneta con agujetas en la cara de tanto reírme.
Podría ponerme mística y trasladar el concepto de la escalada a la vida, porque si uno no se arriesga por miedo a la lluvia, al final no trepa un carajo y pasa el día en casa, entre el sofá y el escritorio, dejando que se deslice este domingo con una hora de más que nos regala el calendario una vez al año. Y que vale, llegas y hay vías mojadas, y te enmarronas, y se te escurre un pie porque has pisado una mancha de agua... pero también aprovechas lo seco, te ríes del cielo y te hartas de trepar. Así que igual puedes arriesgarte en la vida porque, total, de volverte siempre estás a tiempo, y en el camino hacia los lugares inciertos charlas, te ríes y escuchas música rara.
Pero todo se resume en que la escalada es tan guay...
Feliz lunes, pequeños.