Hoy me siento pobre. Siento que no tengo suficiente dinero ni suficiente tiempo. Se me pasan los días y no doy abasto para hacer todo lo que quiero. Se me mezclan las tareas en la cabeza y me siento perdida. Lo peor del asunto es que no sé si me van a atrasar la rotación de Madrid por estar en huelga, es decir: que a lo mejor no puedo irme en enero, como tenía planeado. Eso me perturba. No puedo hacer planes y no quiero perder tiempo de mi rotación. Esto me parece una coacción miserable y me da mucha rabia.
Mi trabajo me encanta, pero desde que empecé la huelga me estoy sintiendo institucionalmente mal. No sé si me explico. El ambiente laboral no es bueno. Todo el mundo está quemado y acaban tirando la toalla antes de empezar, y quienes más lo sufren los pacientes. Los residentes somos el último mono. Me siento ignorada en los diferentes dispositivos, y es raro: tengo libertad para hacer lo que quiera, pero no deja de ser una libertad parcial. Sigo estando obligada a cumplir con horarios, reuniones y formalismos. Sigo construyendo a medias proyectos que se van a quedar en nada cuando me vaya.
En fin. Hoy estoy un poco así. Es lo que toca. Mezclar la Navidad del Mal con la penuria económica y el esclavismo laboral no es nada bueno. Espero que se me pase en unos días y pueda volver a llenar este blog con mi optimismo proverbial.
Al menos, voy camino de la perfección cutánea.
Os quiero y os mando besitos.