massobreloslunes: 02/05/08

martes, 5 de febrero de 2008

Es sábado por la noche, y salgo de la biblioteca nocturna con la mochila a la espalda como mi casita de caracol. Vamos a ir al cine a ver Juno (que, por cierto, no es para tanto), y hemos quedado directamente frente al micrilla, porque J. ha ido antes a casa a hacer las palomitas para ahorrarnos el abuso de poder del ambigú. Camino por Severo Ochoa con la cabeza embotada y esa agradable sensación de que la obligación ya se ha acabado, y ahora toca el placer.

J. está de pie junto al coche. Puedo ver su figura delgada bajo el precioso abrigo pijo que le ha comprado mi elegante suegra. Habla por el móvil y sujeta las bolsas de plástico llenas de palomitas de microondas, y levanta en alto las provisiones para saludarme cuando me ve. Me entra una oleada de amor atávico: ahí está, ése es mi hombre, mi hombre que me caza palomitas baratas y que llega puntual a la cita para que yo no me pierda los trailer.

- Las palomitas llevan el nombre de cada uno escrito - me dice, mientras me alarga la bolsa para que la camufle en mi mochila.
- ¿En serio? - me río y coloco los apuntes en el maletero.
- Claro, porque mientras hacía las tuyas imaginaba que tú estabas ahí conmigo y me decías "¡Sácalas ya, J.! ¡'Que no me gustan las palomitas quemadas y tú siempre las quemas!", así que las he sacado antes de lo que yo las habría sacado y pienso que están bien para ti.
- Y les has puesto mi nombre.
- Sí. Bueno, no es tu nombre en realidad, pero vamos, que se ve que son tuyas.

Más tarde, cuando llegamos al cine con tiempo de sobra para que yo vea los trailer mientras J. se tapa los oídos y los ojos, saco mi paquete de palomitas no quemadas y veo que J. ha pintado con boli una M dentro de un corazón.

Soy la M dentro del corazón de alguien.

Y a veces no sé bien qué he hecho para merecer ese honor.