Estoy hasta el potorro de este blog y de mí misma. He entrado en una de esas etapas de "para-qué-escribir-si-lo-que-escribo-es-una-mierda-mi-vida-no-es-interesante-y-me-leen-cuatro-gatos". No se lo deseo a nadie. Así que para agitar un poco a las musas me he propuesto un reto: en los próximos treinta días voy a escribir todos los días, sin importar la calidad o cantidad del texto. El objetivo es dinamizar esto un poco y ir dando salida a las ideas estúpidas que me rondan, en lugar de esperar grandes ideas geniales que cambien el futuro de la ciberliteratura.
El título del reto es, lógicamente, un homenaje a este señor, uno de los pocos blogueros que conozco que escribe todos los días con una calidad envidiable.
Y sin más, inauguro los treinta días de The Michelian Challenge, contando por supuesto este post como número 1.
PD: A veces siento que mi vida es como un autocoaching constante.