NOTA: El lector de este blog debe aceptar que lo lee bajo su cuenta y riesgo. La autora no aceptará ningún tipo de reproche emocional/sentimental por ninguna de las opiniones aquí vertidas, ni siquiera por parte de parejas pasadas, presentes o futuras.
Como me encuentro un poco sola últimamente, me dedico a pensar sobre los grandes temas de la vida. Estoy intentando desentrañar varias cuestiones importantes. La primera: de qué va la vida. La segunda: de qué va el amor. La tercera: de qué va escribir. Ahí es nada. A veces tengo la sensación de que éste es un momento decisivo en mi existencia. No porque vaya a tomar una decisión que vaya a condicionarme para siempre, porque yo creo que lo importante no es decidir qué se va a hacer, sino cómo. Lo que me gustaría averiguar ahora es cómo quiero vivir mi vida, cuáles van a ser para mí las cosas importantes. Ahí es donde no quiero equivocarme.
Desde que dejé a J., pienso mucho en las parejas. No sé muy bien qué fue lo que falló en nosotros. Hay un capítulo de Friends en el que Joey está deprimido porque Rachel no le ama y Phoebe le trae un perro para que le anime. Al cabo de unos días, el perro está tan triste como Joey, y cuando Phoebe le pregunta qué le ha hecho para ponerle así, él contesta, desesperado: Phoebs, I broke the dog! Pues eso es lo que creo que nos pasó a J. y a mí. Rompimos el perro. Y ahora le echo de menos (a J., no al perro). Una vez, al final de nuestra relación (Dios mío, hablo como si hubieran pasado tres años, y apenas lo dejamos hace un mes y medio), me imaginé que había un cataclismo mundial y tenía que elegir a un hombre para sobrevivir conmigo a la extinción de la Humanidad. Y, si os digo la verdad, al único al que era capaz de imaginar en taparrabos, corriendo desnudo por el bosque, cavando en el huerto al sol y follando entusiasmado para hacerme hijos, era a J.
Por otra parte, el mundo no se ha acabado. Así que a lo mejor no es una buena manera de elegir pareja.
Hace tiempo me preguntaba qué es lo que había que buscar en una pareja. Sin embargo, el otro día se me ocurrió que no hay una solución única, sino que cada uno busca lo que quiere: desde conformarse con un hombre bueno y que no te pegue, como decían nuestras abuelas, a buscar una absoluta comunión espiritual, intelectual y física. El problema es que las posibilidades de encontrar lo que buscas van disminuyendo a medida que aumenta el nivel de exigencia. Seguro que es fácil encontrar a un hombre que no te pegue por las noches, al menos en ciertos ambientes; sin embargo, si buscas a tu perfecto medio pomelo, puede que sólo existan dos y que uno esté casado y el otro en Alburquerque, Nuevo México.
¿Qué busco yo? Pues varía con los días. A ratos pienso que me conformo con alguien que me haga reír y me cuide un poco. Otras, me gustaría encontar al príncipe azul maravilloso y mágico de las pelis: guapo, divertido, inteligentísimo, que escriba, que medite y que sepa bricolaje. Pero ahora mismo estoy en esa fase en la que lo más importante no es encontrar a alguien que me haga feliz, sino convertirme en el tipo de persona capaz de hacer feliz a alguien. Una relación íntima pone al descubierto lo más feo de nosotros, nuestras aristas más afiladas. Ahora que estoy sola, puedo olvidar a la persona terrible que soy capaz de ser y pensar que la próxima vez todo va a salir bien.
El amor va de quererse, y ya está. El resto de los problemas se van solventando, más o menos. Si toda nuestra vida es, o debería ser, un constante crecimiento, imaginad qué pasa si nos juntamos con alguien que está, como nosotros, al principio del camino. Vivimos 80 años de media, así que, suponiendo que la sabiduría y el autoconocimiento aumenten con la edad, nos conocemos y emparejamos cuando no somos ni un tercio de lo que podríamos ser. Entonces ahí está el otro, dándonos el aliento y la confianza suficiente para que podamos realizar todas nuestras posibilidades, confiando en que no vamos a perder el tiempo.
En cualquier caso, son sólo conjeturas. Yo ahora no tengo novio y también estoy al principio del camino, así que ¿qué puedo saber?