massobreloslunes: 10/08/07

lunes, 8 de octubre de 2007

Hola, fondo norte.

Estoy en la biblioteca de mi facultad, pasando el típico periodo de principio-de-curso-en-mi-casa-aún-no-tengo-internet. Es lo que tiene mudarse todos los puñeteros años.

Este año vivo, no sé si lo he dicho, con el eje germano-oriental: dos alemanas y una austriaca que tienen el preocupante potencial de poder criticarme en su idioma sin que yo me entere de nada. Sin embargo, me da igual porque ¡friegan platos! y ¡limpian! y ¡sacan la basura! Incluso cumplen otras tareas de limpieza de nivel 2, como lavar las fundas de los sofás o limpiar el fregadero de restos de comida. Este grado de higiene doméstica es tan desconocido y maravilloso para mí que podrían celebrar sacrificios humanos en el salón si quisieran y me daría igual.

Este fin de semana, incluso han limpiado el salón, que me tocaba a mí, no sé si porque les caigo muy bien o porque aún se sentían culpables por haber tenido a dos amigos durmiendo allí unos cuantos días. Les he explicado que en España esas cosas no nos importan: que estamos inundados de endorfinas solares y todo el mundo nos cae bien. No obstante, no han parado de pedirme disculpas desde que llegué, y eso que los amigos eran bastante majos y muy poco molestos. En cualquier caso, tampoco me voy a negar a que limpien por mí; lo tomaré como una compensación kármica.

Por lo demás, no he escrito nada esta semana porque he tenido una crisis de tipo vital. No es que esté mal; de hecho, después del curso de meditación me noto como agradablemente anestesiada y todo me da bastante igual (a ver cuánto me dura). Pero esta semana, lo juro, he tenido la revelación de que no me quedaba más que decir. Ya está, pensé, has llegado a tu tope. Tu cupo de chorradas literarias está completo. No puedes hacer más que seguir dando vueltas a lo mismo y aburriendo al personal, y para eso mejor te paras. Sin embargo, ayer estuve escribiendo un buen rato un cuento que tenía en la cabeza desde hace años. No voy a dar muchos detalles, porque espero publicarlo aquí en unos días y un cuento no se puede resumir sin destrozarlo, pero digamos, simplemente, que ayer fui caaz de empatizar con la yo que quería escribir ese cuento y que pensaba que la historia merecía la pena. Bueno, la historia es una chorrada, muy minimal, tipo yo, pero en conjunto me está gustando cómo queda, ya me diréis.

De todas formas, últimamente estoy perdiendo un poco la fe en mí misma como escritora. No es que crea que escribo mal, pero cada vez percibo más y más cosas a mi alrededor, y la distancia entre lo que quiero escribir y lo que realmente escribo se va a agrandando por días. La vida me parece un conjunto de sutilezas tan enormemente delicadas que no entiendo cómo la literatura puede hacer frente a eso, y opino que cualquier cosa que sea capaz de hacer yo se quedará muy corta. Pero bueno, imagino que el valor está en saber eso y, aun así, seguir adelante.