Pero yo qué sé. A mí me gustan las cosas claras. Para empezar, si por mi fuera, todos llevaríamos brazaletes que indicaran nuestra situación sentimental. Algo así como:
Verde: Libre, disponible, me puedes entrar tal cual.
Rojo: Con pareja, asexual o tan emocionalmente destruido que no tienes ninguna esperanza conmigo.
Ámbar: relación complicada y a punto de acabarse, todavía pienso en mi ex, no tolero la intimidad o cualquier otra situación compleja que implique que te puedes acercar a mí, pero con precaución.
Además, nos diríamos nuestros sentimientos y expectativas con sinceridad. Anda que no sería todo mucho más fácil si yo pudiera hablar con DDM y decirle: "mira, DDM, me pareces guapo a reventar, me encanta tu fenotipo y encima eres muy listo y me estimulas el cerebro. De momento no busco al padre de mis hijos, pero querría conocerte más, psíquica y bíblicamente. Si te parece, vamos a ir teniendo sexo salvaje y luego ya veremos lo que hacemos." Entonces él podría contestarme: "Marina, me caes muy bien, pero por alguna extraña razón las rubias listas y divertidas no son mi tipo", o bien "venga, tía, vámonos a la cama con un paquete de condones y una caja de muesli y olvidémonos del mundo".
¿Cómo sería el mundo de las relaciones con una política de sinceridad controlada? Tampoco es plan de ir diciendo las cosas por ahí a lo crudo, que luego duelen. Pero cierta llaneza, cierto evitar perder el tiempo con rodeos inútiles, no estaría mal. También me pasa que yo creo que decido demasiado rápido si un tío me atrae o no, y a lo mejor a los demás no les pasa lo mismo y necesitan ese tiempo de cortejo danzante.
En fin. Escribo todo esto porque he pasado la tarde con DDM en el roco y vengo como superperturbada, y si no desfogo con vosotros, lectores, ya me diréis con quién. Me destruye su sonrisa, en serio, y me gustan su espalda y sus juegos de palabras. Y no quiero sufrir. Ni siquiera mínimamente. Ni siquiera el sufrimiento pequeñito de no gustarle a alguien que te gusta. En lo que a supervivencia emocional se refiere, estoy como cuando acabas de probar una vía y te has pegado un vuelo importante, y entre el miedo que has pasado y lo destruidos que tienes los antebrazos, necesitas recuperarte un poco antes de volver a intentarlo. Por mucha motivación que tengas y por mucho que te guste escalar.
Ojalá pudiera retirarme a un convento con rocódromo. O blindarme el corazón a base de cinismo y Houellebecq. O tapar la sonrisa terrible de DDM con esparadrapo del que me pongo en las heridas de los dedos.
De momento, me voy a ir a dormir, que estoy peligrosamente cerca de empezar a criticar al que inventó la reproducción sexual y cantar las maravillas de las esporas.