Hoy no ha venido mi tutora, así que he dedicado la mañana a ocultarme tras la puerta semientornada de su despacho, preparar la sesión clínica que tengo en diciembre y escribir. Intentaba comenzar el blog nuevo, pero no termino de encontrar el tono para el primer post. Reflexionaba sobre la felicidad, sobre qué tiene de subversiva, sobre qué creo yo que puedo aportar al ya saturado mundo de la psicología de andar por casa y la autoayuda medio coherente.
Ahora acabo de llegar a casa después de una cena demasiado opípara con la gente del roco. Estoy bebiendo agua con sal de frutas a sorbitos lentos, a ver si consigo hacer lo suficiente la digestión como para no tener pesadillas. Me pregunto qué es la felicidad, por qué soy yo aceptablemente feliz y qué puedo hacer para transmitir eso a los demás.
Hace poco colgué en mi cuarto un tablón de anuncios para colocar fotos, poemas y chorradas varias. Escribí con tiza en la parte superior "No hay mañana", que es una frase que me encanta y que he puesto de moda entre la rockypandi (nombre que da mi R mayor a mis amigos de la escalada) para ser aplicada en la roca y en la vida.
Y he pensado que últimamente, cuando me voy a dormir y leo la frase que está escrita en el tablón pienso "Sí que hay un mañana, y es genial". Me acuesto después de un día bueno y sé que al día siguiente me espera un día bueno. Hoy he trabajado, he escuchado a un paciente interesante, he hablado de zapatos con mi tutora. He comido paleocrepes de coco y boniato muy, muy ricos, he cogido el tren para Puerto Real y me he pegado una minisiesta con las Lecciones Express del Guerrero de la Roca abierto en el regazo. Después he entrenado razonablemente duro, me he ido a tomar café con el Kpot y hemos pasado como dos horas seguidas encadenando absurdeces y riéndonos sin parar. Luego hemos ido a casa de Ara, hemos cenado cosas super ricas y ahora estoy aquí, escribiendo, que lo que más me gusta hacer en el mundo.
De eso van mis días ahora. Los puedo mirar uno a uno sin desear grandes cosas ni aspirar a metas lejanas. Simplemente, mis días están llenos de cosas buenas. Eso es más o menos mi felicidad. Eso es lo que aspiro a transmitir. Porque cuando uno tiene mucho, repartir lo que pueda es una obligación moral.
Espero encontrar pronto el tono del primer post y poner en marcha el blog. Mañana quizá no, que curro todo el día, pero pronto, pequeños, muy pronto.