Nueve de la mañana. Cafetería de la facultad. E., N. y yo desayunamos después de una práctica de memoria.
E.: Pues ayer tuve bronca con M.
N. y yo: ¿Y eso?
E.: Nada, tía, lo de siempre, yo estaba super cansada, le llamé y él al rato ya me quería colgar, como siempre. Y yo le dije: es que nunca tienes tiempo para mí, es que cuando te necesito tú no estás. Y acabé soltándole que no sabía si éramos compatibles, y nada, al final lo de siempre, nos arreglamos, pero tía, es que estoy harta, todos los días igual, yo queriendo contarle lo que me pasa y él dándome largas.
Yo: Ya, tía. Es que eso jode.
N.: Ya te digo que si jode.
Sorbo colectivo-solidario de café.
N.: Pues yo también tuve bronca ayer.
E. y yo: ¿Qué pasó?
N.: Que le llamé por la mañana porque tenía ganas de verle, para ver si me pasaba por su casa. Y me contestó “qué quieres”. Así, con esta voz, “qué quieres”, como si yo le estorbara, vamos, como si le interrumpiera. Y yo le dije que a mí no me hablara así, que encima de que le llamaba para verle. Y le dije que ese tono de voz se lo podía meter por donde le cupiera.
E.: Es normal, tía, es que es muy desagradable que te contesten así.
Yo: es que ellos no se dan cuenta, y un tono de voz dice muchas cosas.
Mordisco colectivo-solidario a la tostada.
Yo.: Pues yo también me mosqueé con J.
E. y N.: ¿Por qué?
Yo: nada, porque me dijo que me iba a llamar en media hora, y tardó una, y claro, yo ahí esperándole como una idiota, y luego encima cojo el teléfono y él “cómo está mi niña preciosa”. Mi niña preciosa. Hay que joderse. Pues esperando a ver si te da la gana de llamarle, imbécil, así está tu niña preciosa.
E.: Es que ya les vale a los tíos.
N.: Desde luego, ya les vale.
En algún lugar del planeta hay un hombre tranquilo. Lee, juega a la Play Station o toma algo con sus amigos. En otro lugar del planeta, una mujer acumula furia con la fuerza de un tsunami.
El mundo está lleno de tíos que no saben la que les espera.