massobreloslunes: 03/06/12

martes, 6 de marzo de 2012

Batalecotal

Batalecotal está enfermita. ¿Quién es Batalecotal?, os preguntaréis. Pues ella antes, en un pasado lejano y feliz, comentaba en este blog como una persona normal, a saber: Cris la que vive en Santiago. O quizá todo junto: Crislaqueviveensantiago. Terminó el PIR el año en que yo empezaba y coincidimos en las jornadas de ANPIR, en Pamplona. Dormimos en la misma habitación sin conocernos de nada, y recuerdo haber pensado que era una chica un poco extraña. Así como seria. Pensé, con mi típico sesgo andaluz: será porque es gallega.

Una de las mañanas me dijo que durante la noche la había asustado. Resulta que el cabecero de mi cama pegaba contra la pared y se había despertado con los golpes. "Pensé que a lo mejor estabas loca y le ibas a prender fuego a la habitación, o algo -, me dijo muy seria -. En realidad, tampoco te conozco de nada". Por aquel entonces yo todavía no le había pillado el truco al sentido del humor de Batalecotal y seguí pensando que era rara.

Más adelante vino a sustituir en verano a la psicóloga del equipo de Cádiz, donde yo estaba rotando. Mis supervisores habían elegido ese mes para que yo empezara a ver pacientes. Estábamos las dos cada una en una consulta y yo pensaba: la madre que me parió, no tengo ni puñetera idea, a ver cómo entrevisto yo a los pacientes. Me olvidaba sistemáticamente de explorar la intención autolítica y tenía terribles fantasías donde los pacientes se suicidaban, el juez revisaba la historia y me señalaba con el dedo, diciendo ¡¡¡¡no le preguntaste si quería suicidarse!!!! Batalecotal me revisaba las historias, me ayudaba en momentos de crisis y me dio algunos consejos muy útiles, como no contar las cosas que te dicen los niños cuando los padres salen de consulta. "Para ti a lo mejor es una tontería, pero para ellos puede ser importante".

Es difícil describirla. Sigue siendo seria y un poco rara, pero es una de esas personas con las que sabes exactamente lo que hay. No tienes miedo de que te oculte nada o de que esté haciendo las cosas sin querer. Es fácil en el buen sentido y muy divertida. Al año siguiente volvimos a ANPIR, esta vez en Toledo, y compartimos cuarto y hasta cama. Ya no tenía miedo de que le matara, lo cual es bueno. Este verano fui a verla a Santiago y me trató todo lo bien que se puede tratar a un huésped. Me entretuvo sin agobiarme, me dejó echar la siesta, no protestó por tener que ir buscando baños por todo Santiago para mi preocupantemente eficaz sistema excretor. Me llevó a comer pulpo riquísimo y me acompañó por todas las tiendas de regalos del mundo para buscar la taza perfecta que regalar a IA. Allí creamos también la palabra "Batalecotal": dícese de la prenda que llevan las mujeres gallegas rurales y que es una mezcla entre bata, chaleco y delantal.


Sé que esta foto le va a animar el día.


No tengo claro si podría ser una amarilla. Porque está ahí y sé que nuestra amistad no depende del tiempo y la distancia, y porque vive Dios que me ha visto dormir y despertar. Porque sé que está lejos y me gustaría verla más a menudo, pero no lo sufro y, además, siempre nos quedará ANPIR. Lo que pasa es que el contacto físico le da un poco de yuyu.
- ¿Por qué me das dos besos cuando me ves fuera del trabajo y allí no? - me preguntó el primer verano, una de las tardes que quedábamos todos para ver pelis frikis sobre psicología.
- No sé, me sale así... ¿quieres que te dé dos besos en el trabajo o que no te los dé fuera?
- Que no me los des fuera.

Y dejé de darle besos fuera del trabajo. Creo que le inquieta que le toquen, así rollo Asperger. Pero el año pasado, cuando estábamos en Toledo, hubo una tarde en que no fui con los demás porque era una reunión de los socios de ANPIR y yo no lo soy.
- ¿Dónde vas? - me preguntó, parpadeando despacio con sus grandes ojos marrones.
- A dar una vuelta, que tenéis la reunión de socios.
- Jo - soltó, compungida. Y me abrazó, así voluntariamente, ejerciendo cierta presión afectuosa -. No se lo digas a Luna - dijo después.

Así que bueno, si eso cuenta, quizá sí que es una amarilla. En cualquier caso, está malita allí lejos en Santiago y le he prometido un post extra en este día de no-post para que se mejore. Y que conste que he currado un buen rato en mi novela y hasta he actualizado psicosupervivencia. El problema es que el tema del post, sugerido por ella, era "por qué los pies de la gente son tan feos". Pero al final me ha salido esto. Espero que me disculpe.