Me sé muchas. Algunas son mías. El día que me puse tibia a tranquilizantes para viajar en autobús hasta Pamplona y después no me acordaba de nada de lo que hice al día siguiente. La noche que dormí en un cementerio con los scouts y no nos dimos cuenta hasta que no nos despertamos por la mañana y vimos las tumbas brillando al sol. Una madrugada de enero que volvía con mis amigas del centro y acabamos bañándonos desnudas en la playa de la Malagueta. La vida son historias. No hay más que coger pedazos de existencia e hilvanarlos: darles un comienzo, un nudo, un desenlace. Inventar sin pudor los detalles que nos falten.
Yo sé muchas cosas. Algunas son estúpidas, lo reconozco. Sé decir "dieciséis" en húngaro y "muy bien" en eslovaco, sé que todas las palabras francesas tienen el acento en la última sílaba. Sé resolver el cubo de Rubik, sé de memoria la tabla periódica (hidrógeno, litio, sodio, potasio... ¿ves?). Sé cómo funciona un antidepresivo, sé por qué la luna parece más grande cuando está cerca de la tierra y escribo a ordenador utilizando todos los dedos. Me sé en orden los pares craneales, puedo contarte por qué el hachís da hambre y qué diferencia a los supervivientes de los vencidos. Sé que a Robert Louis Stevenson le enterraron los nativos de Samoa en la cima del monte Vaea, abriendo camino a través de la selva en agradecimiento a todo lo que había hecho por su pueblo. Sé cómo escribió Roald Dahl su primer cuento.
Ojalá pudiera contarte historias. Sentarme junto a ti a tomar café, mirarte a los ojos, tomar aire y comenzar. Contarte algo, así, tal cual. Ver cómo me miras y sonríes despacito. O quizá ir en coche contigo, tú conduciendo, yo con los pies apoyados en el salpicadero, y simplemente hablarte. Poder decirte algo que tú no sepas. Porque entonces parte de mis recuerdos, parte de todo eso que sé, viajaría hasta tu cabeza y se quedaría habitando allí. Porque así me llevarías en un bolsillo de tu mente, como si viajara, y ninguno de los dos volvería a estar nunca solo.
Podría contarte cuáles son las cuatro notas de guitarra con las que se sacan un 90% de las canciones pop. Qué es la hiperpalatabilidad y por qué engorda la comida basura. Cómo hizo Lynn Hill para escalar en libre la Nose de El Capitán, quién es Joe Simpson y por qué casi se muere al bajar de la cumbre del Siula Grande. Por qué el levante es seco y el poniente es húmedo, por qué el arroz con leche sale mejor si lo remueves todo el rato.
Podría explicarte que cuando llego de la calle a mi casa la saludo en voz alta, "hola, casa", y finjo que me responde, "hola, Marina". Que no hablo sola muy a menudo, pero que a veces me regaño a voces cuando pierdo las llaves o derramo la leche al echarla en la taza. Que otras veces, por las noches, justo antes de dormir, me hace gracia pensar que estás en alguna parte sin saber que existo. Y que tengo ganas de conocerte por muchas razones, pero la más importante es que me pican detrás de la lengua todas las cosas bonitas que quiero contarte.