Nos miramos y nos abrazamos. A mi alrededor, los colores son brillantes y nítidos. Sin embargo, sin saber por qué (quizá por lo irreal de tú y yo mirándonos y abrazándonos) te pregunto:
- ¿Esto es un sueño?
- No lo sé - contestas -. Yo también me lo preguntaba. ¿Es esto un sueño?
Te miro de frente y es curioso, porque puedo ver tus ojos despiertos y tu sonrisa casi burlona como en una fotografía.
- No lo creo - digo -. Es imposible que un sueño parezca tan real. Tranquilo. Está pasando de verdad.
Los dos estamos tan contentos.
Entonces me despierto, a medias por el calor húmedo de la noche de verano, a medias porque tengo que ir al baño.
Y me siento fatal.