En estos días de abstinencia bloguera, uno de los acontecimientos que más me ha conmocionado ha sido éste.
Me gusta saber que aún quedan héroes.
Me aterra pensar que un hecho tan noble y probablemente tan impulsivo como defender a alguien que está siendo atacado pueda tener una consecuencia tan grave y tan absoluta como morirse.
Me da pena suponer que, a partir de ahora, todos los demás danieles del mundo se lo van a pensar bien antes de defender a otra chica, y todas las demás chicas del mundo van a poder ser agredidas impunemente.
Y, sobre todo, me da miedo decirme a mí misma que en el mundo siempre hay dos bandos, el de los cobardes y el de los valientes, el de los que miran y el de los que hacen, y saber que, en su situación, yo me habría quedado mirando.
Ojalá no se haya muerto en vano. Ojalá la chica deje a ese tremendo asesino hijo de puta. Ojalá los que se encuentren en su situación no piensen "mejor no lo hago, si él murió yo también puedo morir", sino "si él fue capaz, yo también puedo hacerlo".
Ojalá yo sea capaz de colocarme en el lado correcto de la raya.