Hace algunos días leí un fragmento de un cuento de Borges en el que hablaba de un palacio con cien torres de colores. La gradación era tan sutil que al llegar a una torre te parecía igual que la anterior, pero luego te dabas cuenta de que la primera era amarilla y la última rojo intenso. La vida es un poco así. Mientras la estás viviendo te parece que los días y las rutinas son más o menos iguales. De repente vuelves la vista atrás y piensas: cómo ha cambiado todo. Qué lejos queda ahora lo que antes me parecía tan cercano.
De Granada me acuerdo ya como de un sueño. Parece que he construido la pared que separa esa etapa de mi vida de ésta. Me siento muy, muy distinta. No sólo porque detrás del AA haya aparecido una cara de adulta que me resulta ajena, ni por los bíceps. Siento como si algo de mí hubiera cambiado de una forma muy profunda. Es raro. Ayer volvía en el coche del MIR desde el curro porque estaba lloviendo. ¿He dicho ya que el MIR es amor? Íbamos contándonos nuestras cosas. Nuestras hipocondrías, preocupaciones; qué nos parece la residencia, cómo nos estamos adaptando a la Unidad. Yo pensaba: hay que ver, sin darme cuenta, el pequeño mundo que me he construido en Cádiz.
Pienso en Granada, ya os digo, y hoy concretamente me he acordado de cuando mi amigo A., el que ya no me habla, y yo íbamos a la heladería La Rosa a por leche merengada después de estudiar para los exámenes de junio. Yo pedía el vaso pequeño y él el grande, y a veces repetía porque siempre ha sido un ansias. Los dos hablábamos de lo rica que estaba, e invariablemente la dependienta nos decía que era porque estaba hecha con leche fresca. Después nos la tomábamos en un banco frente a Camino de Ronda, viendo pasar los faros de los coches en la noche de verano. Aquella fue la época en que empezamos a quedar casi por casualidad. Una tarde nos encontramos en el messenger, decidimos bajar a tomar una cerveza al Dnieper y bueno, nos fuimos casi se podría decir que enamorando amistosamente hasta que se acabó el curso.
Ahora es como si todo eso hubiera pasado hace años luz. En algún punto he perdido la continuidad de los recuerdos. Y bueno, no está mal. Hoy andaba rebuscando en una págica web nombres de chica porque he decidido cambiarle el nombre a la protagonista de mi novela libro, y entre un montón de nombres horrorosos me he fijado en Olvido. No le voy a llamar Olvido a la protagonista, tranquilidad, aunque sólo sea por no ponerle como Alaska, pero me ha dado por pensar que es un nombre bonito. No sólo porque termina en O, que es algo así como antagónico e interesante para un nombre de mujer, sino porque el olvido es realmente una cosa piadosa en la mayoría de las ocasiones. La tregua que nos da la vida para ser capaces de seguir aguantando el tirón.
No sé a qué viene todo esto. Me duelen las caderas de escribir sentada casi todo el día. Por la tarde he estado mirando ropa y cada vez me hacen más gracia los músculos de mi brazos en los probadores de las tiendas. Otra cosa que va cambiando despacio, como las torres de Borges. Cambio yo escalando. "Has aprendido algo sobre la escalada que antes no sabías", me dice el Kpot en el roco el pasado martes, sorprendido por mi progreso. "¿Qué he aprendido, profe?". "No te lo sabría decir... algo". Yo pienso en la inteligencia del cuerpo. Dentro de mi frikismo progresivo y ascendente por la roca me he estado leyendo la autobiografía de Lynn Hill, una famosa escaladora americana. Precioso libro, de verdad: motivación en estado puro. Ella habla de la inteligencia del cuerpo: si te dejas fluir te darás cuenta de que él sabe lo que tiene que hacer para no caerse. Ahora creo que escalo de forma más inteligente, más intuitiva; por lo menos en el roco, que en la roca últimamente me puede el miedo.
Y bueno, también va de eso la vida, ¿no? La inteligencia del cuerpo. Moverse de forma intuitiva y ligera hacia los lugares a donde queremos ir. Estoy muy tranquilita esta semana. Me encuentro muy bien. Superando la primavera y esperando espeluznada la llegada de mi tercer verano en Cádiz; me han dado ganas de playa hoy, no sé por qué.
Termino mi diaria sarta de incoherencias con uno de estos vídeos que podría justificar diciendo que tiene que ver con el post y con la inteligencia del cuerpo y demás... pero, de hecho, sólo quiero que veáis lo fuerte que me estoy poniendo :)