massobreloslunes: 06/12/08

jueves, 12 de junio de 2008

Stendhal

Algunos hombres saben encontrar algo hermoso en todas las mujeres. A mí me gustan esos hombres, aunque no me casaría con ellos. Ésos que pueden aislar en un cuerpo inseguro unos hombros bonitos, o la boca generosa de una cara asimétrica. Ésos que siempre tienen los ojos idos detrás de las chicas que caminan por la calle, y le sueltan un piropo a la cajera sólo por ver cómo cambia cuando sonríe, atravesada por un breve relámpago de luz.

Se fijan en partes del cuerpo que ningún otro ve.

... tu nuca, te dicen.
... tu cuello.
... tus dedos.
... tus hermosos tobillos de princesa.

Una vez tuve un lío con un chico así. Él era guapo (estos hombres casi siempre lo son), y después de picotear un poco aquí y allá eligió por novia formal a una chica preciosa, de enormes ojos rasgados, labios oscuros y nariz respingona. La adoró durante meses, con palabras y besos y fotos. Luego la engañó tanto, y con tantas mujeres, y también tan hermosas.

A mí me gustan esos hombres, aunque les llamen golfos, o salidos, o donjuanes. No son malos; sólo tienen demasiado presente la polimórfica y perversa belleza femenina. Y les gusta tanto, la aman tanto, que les pasa que no saben qué hacer con tanto amor.

Omisión

Nadie tuvo corazón para decirle al ciego feo que la novedosa técnica para recuperar la vista por fin había sido probada, era un éxito y estaba lista para ser aplicada en cualquier hospital.