massobreloslunes: 02/08/09

domingo, 8 de febrero de 2009

A punto de terminar los exámenes

No me gusta estar tanto tiempo sin actualizar. Lo digo en serio. Odio los blogs que no actualizan a menudo y que me tienen semanas con el mismo puñetero post en la portada. No quiero ser de ésas.

Hoy estoy en Aparejadores, mi biblioteca de fin de semana favorita del mundo mundial. Tiene grandes mesas blancas de dibujo y taburetes que parecen molestar a todo el mundo excepto a mí. En las enormes mesas puede uno hacerse fuerte: colocar los apuntes en varios montones, el abrigo, la bufanda, la botella de agua y el portátil. Estoy contenta de estar aquí. Es la primera vez que vengo en estos exámenes de febrero, porque al parecer la abrieron más tarde y pensaba que no iban a hacerlo este año, hasta que hoy, de camino a Ciencias (the worst sala de estudio ever, por cierto) he encontrado abierta la puertecita lateral. Así que estoy muy contenta. Le tengo mucho cariño a estas aulas de dibujo. Llevo viniendo aquí en época de exámenes cuatro años, y la mayoría de las cosas importantes o bonitas que me han pasado en Granada se han relacionado con ellas en algún momento.

(Inciso releyendo el post: no quiero decir que las aulas de dibujo tengan que ver con todas las cosas que me pasan; lo que quiero decir es que en ellas he pensado en muchas cosas que me han pasado, o he estado con gente que me ha importado... las épocas de exámenes son épocas intensas, en las que piensas en la vida y en la muerte y tienes un montón de ganas de sexo. Así que estas paredes, y estas mesas, han visto todo eso... o me han visto a mí pensando en eso... bueno, lo que sea)

Al final de la época de exámenes siempre hay un momento en que me parece que me han metido la cabeza el algodón y no puedo respirar. Esto, unido a la presión que estoy experimentando últimamente con el tema pseudolaboral (bueno, de pseudo nada, que tengo contrato y todo, ya os daré detalles), me ha tenido estos días con la ansiedad saliéndome por las orejas, que diría mi madre. Hoy, sin embargo, me encuentro bastante bien. Voy a ir a casa, a dejar allí el portátil y volveré a estudiar un par de horas más. En cinco días seré libre.

Hoy pensaba en la memoria a corto plazo, que es un pensamiento muy friki incluso para alguien que está estudiando psicología. La memoria a corto plazo tiene una duración breve y sirve como buffer para ir almacenando la información que necesitamos para movernos en el presente. Si esa información es lo suficientemente interesante, la pasamos a la memoria a largo plazo y se queda ahí por un tiempo indefinido. La corta duración de la MCP es la razón, por ejemplo, de que se estamos pensando en qué decir y nos interrumpen, se nos olvide y parezca imposible recordar de qué íbamos a hablar.

La MCP es también la razón por la que la mayoría de la gente dice que es "malísima para los nombres". Nos presentan a alguien y, como realmente su nombre nos importa más bien poco, permanece unos segundos en nuestra MCP y luego vuela. Así que cuando alguien os diga que no se acuerda de vuestro nombre, es que en el momento es que os presentaron no os estaba prestando ninguna atención. A mí no me pasa, porque a mí me gusta saber cómo se llama la gente. Los nombres me parecen interesantes. De hecho, a veces estoy en algún sitio rodeada de gente que no conozco (por ejemplo, ahora, en la biblioteca) y me parece raro no saber cómo se llaman y que, de hecho, sus nombres sean una información totalmente inaccesible para mí (paranoia paranoia).

Lo voy a dejar aquí, que la farma me espera, con todos sus neurotransmisores, agonistas, antagonistas y etcétera esperando para hacerme la puñeta.