Es un libro buenísimo. Muy, muy bueno. Sinopsis breve y sin spoilers más allá del segundo capítulo: Irina está casada con Lawrence, un hombre bueno y aburrido, y conoce a Ramsey Acton, un jugador profesional de snooker que por lo que describe el libro tiene que estar tremendo. Un día se van a cenar juntos así como por casualidades del destino y, en un momento dado, Irina se ve tentada a darle bambú a Ramsey Acton. A partir de ahí la novela se bifurca en dos posibilidades: lo que pasaría si Irina y Ramsey se lían y lo que pasaría si no lo hacen. Los capítulos se van alternando, los personajes son los mismos y la trama es similar, pero varía en función de la decisión que toma Irina al principio.
La idea es buenísima, pero es que además está ejecutada con maestría. La forma en que los elementos de la trama van variando en función de la versión que leemos en cada momento, cómo se comportan los personajes en una u otra posibilidad, cómo unas decisiones configuran otras, los paralelismos siniestros que se establecen en uno u otro universo... y , sobre todo, esa sensación inquietante de las dos (ir)realidades conviviendo y tú como lector sin saber qué fue lo que sucedió, aunque sepas que de hecho no sucedió nada porque todo es ficción. Leer ese libro es una experiencia, de verdad. Id a comprarlo ahora.
Pensaba en "El mundo después del cumpleaños" porque de tanto releerme los capítulos y de lo muchísimo que me gustó, los personajes se volvieron más reales para mí que muchas personas. Los detalles eran tan vivos que durante un tiempo me enganché a ponerles parmesano y ajo a las palomitas de maíz, como hacían Irina y Lawrence mientras veían la tele por la noche. Puedo recordar frases enteras de ese libro. Es maravilloso, de verdad.
¿Sabéis el tema de la sensibilidad, de ser capaz de ver el mundo con ojos de asombrado entusiasmo y demás? Pues es por los libros. Me estoy acordando de una conversación que tuve con mi madre cuando era bastante pequeña, con diez u once años. Entonces yo era una lectora muy patológica, creo que ya lo he contado. Leía mientras comía, leía en el autobús de camino al colegio y leía debajo del pupitre durante las clases. Aquel día, mi madre me dijo: "Pitu, tienes que vivir la vida, no leerla". Creo que eso venía a que no me apetecía salir a jugar con los vecinos de la urbanización. No es que yo fuera una asocial, que tenía mis amigas y tal, sino que jugar con los vecinos nunca me moló: eso de estar tranquila en mi casa y que me llamaran al porterillo me parecía como superinvasivo.
Y ahora pienso que sí, que la vida hay que vivirla, pero que si he tenido momentos de captar de verdad la esencia de las cosas y las personas, si algo me ha ayudado a entender la complejidad perversa y dulce de los humanos, son las novelas. Ni los ensayos, ni la psicología, ni siquiera escuchar a los pacientes. Los vislumbres breves de lo incognoscible me los ha dado la buena ficción.
Por eso quiero escribir una novela. Hoy, mientras colocaba la compra en la moto para volver a casa, me he dado cuenta de que el sueño de mi vida es ése. Y no se trata de ser mejor o peor escritora por escribir novelas en vez de post, ni de lo que pasa o lo que permanece: en realidad permanecer no permanece nada, puesto que somos minúsculos puntitos de vida en un universo hostil. Quiero escribir una novela porque querría ser capaz de tocar lo incognoscible con mis manos y de crear con mi ficción verdad para otros. Quiero hacer disfrutar a alguien tanto como yo he disfrutado con el trabajo ajeno.
Voy a intentar el Nano, y me imagino que de ahí saldrá un engendro extraño que no valdrá mucho. Pero en algún punto voy a darme el espacio para escribir una novela en condiciones, una novela que pueda trabajar y vivir y sentir como mía. La escribiré aunque sólo sea para que la lea MQEN, que es mi mayor fan, o para que la lean mis 38 adorables seguidores y mis fieles comentaristas. No me importa mucho el éxito. Lo que quiero es contribuir a la hermandad de escritores que han hecho esta vida perra más agradable.
Y con esto y un bizcocho, a calentar los dedos y la mente para el martes que viene.
Feliz puente. Yo veré a Vetusta Morla con DDM, conoceré a Ciudadano, escalaré y empezaré mi Nanovela. La cosa no pinta pero que nada mal.
Y no tiene nada que ver con nada, pero de verdad que tenéis que probar la pasta rellena de calabaza y avellanas de Giovanni Rana. Es como si se celebrara una fiesta en tu boca y todo el mundo estuviera invitado.