Primer error: hacer botellón en Granada, al aire libre y el pleno mes de diciembre.
Segundo error: escuchar las canciones que me ponía en el coche.
Tercer error: mientras oigo la música, recordar (leve pero deliberadamente) su forma de hacer el amor.
Cuarto error: publicar esto en un sitio donde él puede leerlo y creerse que le pienso un poco.
Quinto error: confundir las coliflores con bechamel con la bechamel con coliflores.
Sexto error: bloguear sin sentido como si caminara, errabunda, por calles que no conozco.
Séptimo error: dedicarme a la autocompasión pública.
Resultado: dolor de garganta, escozor en los ojos, náuseas y la inquietante sensación de que aún estaré un tiempo echándole de menos.
sábado, 17 de diciembre de 2005
miércoles, 14 de diciembre de 2005
¿Alguien me lo explica?
Vale que no me gustan los blogs cuentavidas, pero a ver si alguien me soluciona este acertijo.
Mi vida sentimental es igual a:
- Si me gusta y me conviene, no me pone.
- Si me pone, no me gusta ni me conviene, y además es un cabrón.
- Si me pone y me gusta, se quiere ir con su ex.
- Si ni me pone ni me gusta, se enamora de mí hasta los huesos.
- Y si me pone, me gusta, se enamora de mí hasta los huesos, le quiero con locura y es el tío más bueno del planeta... me aburro y le dejo.
Hay que joderse.
Mi vida sentimental es igual a:
- Si me gusta y me conviene, no me pone.
- Si me pone, no me gusta ni me conviene, y además es un cabrón.
- Si me pone y me gusta, se quiere ir con su ex.
- Si ni me pone ni me gusta, se enamora de mí hasta los huesos.
- Y si me pone, me gusta, se enamora de mí hasta los huesos, le quiero con locura y es el tío más bueno del planeta... me aburro y le dejo.
Hay que joderse.
viernes, 9 de diciembre de 2005
...y fuego jugó solito
- Marina
- Qué.
- ¿Estás jugando con fuego?
- Ummm… sí, eso hago. ¿Por qué?
- Por nada, pero… te vas a quemar, ¿no crees?
- Qué va…
- El fuego quema a todo el mundo y te terminará quemando a ti también.
- Que no.
- ¿Por qué?
- Pues porque no, porque yo estoy teniendo mucho cuidado con él. Además…
- ¿Además qué?
- Además, yo soy especial.
- Vaya…
- Sí… el fuego ha quemado a los demás, pero es porque no eran yo. Cuando me conozca bien, entonces seguro que no me hace nada.
- Verás como te quemas. El fuego es fuego.
- Verás como no.
(Algún tiempo después).
- Marina.
- …
- Marina.
- ¿Sí?
- ¿Son eso ampollas?
- Ummmm… quizás.
- Odio decir que ya te lo dije.
- Qué.
- ¿Estás jugando con fuego?
- Ummm… sí, eso hago. ¿Por qué?
- Por nada, pero… te vas a quemar, ¿no crees?
- Qué va…
- El fuego quema a todo el mundo y te terminará quemando a ti también.
- Que no.
- ¿Por qué?
- Pues porque no, porque yo estoy teniendo mucho cuidado con él. Además…
- ¿Además qué?
- Además, yo soy especial.
- Vaya…
- Sí… el fuego ha quemado a los demás, pero es porque no eran yo. Cuando me conozca bien, entonces seguro que no me hace nada.
- Verás como te quemas. El fuego es fuego.
- Verás como no.
(Algún tiempo después).
- Marina.
- …
- Marina.
- ¿Sí?
- ¿Son eso ampollas?
- Ummmm… quizás.
- Odio decir que ya te lo dije.
miércoles, 7 de diciembre de 2005
Cómo sobrevivir a los mejores años de nuestra vida
Como estoy en la casa familiar, me están dando ataques de adolescencia repentina. Una cree que se está convirtiendo en sofisticada mujer de mundo y se encuentra peleándose con su madre, viendo Dirty Dancing y exclamando a cada rato "qué peliculón, qué peliculón" o abrazándose a su oso de peluche mientras reniega de los tíos.
Mi embarazosa adolescencia me asalta en los olores, en cómo subo y bajo a zancadas las escaleras para coger el teléfono, en las irreprimibles ganas que me están entrando de escuchar Take That. Recuerdo diarios forrados con cubiertas chillonas y candados diminutos, hojas con corazones y velas de colores para hacer sortilegios de amor. ¿Sabéis todas esas series de estúpidas chicas americanas? Bueno, eran bohemias intelectuales a mi lado. Yo fui una adolescente de libro, con amigas íntimas, declaraciones intempestivas y brillo de labios. Ahora, que me creo que me he escapado de todo eso y me he incorporado a un mundo despreocupado de cañas, vaqueros y carpetas bajo el brazo, me encuentro con que me atacan, como ráfagas de viento en una casa mal construida, ventoleras emocionales como las de los quince años. Hay que joderse.
Amor eterno frente a sexo sin compromiso. Tacones y pelo liso frente a zapatillas y el sucedáneo de melena descuidada que llevo ahora. Me creo que he crecido y empiezo a controlar mi vida, pero aún tengo demasiado cercana la época en que me miraba cada día el pecho en el espejo para ver si me había crecido.
Espero que se me pase. Para vacunarme, duermo largas siestas junto a la chimenea, leo a Freud y bebo vino dulce mientras ayudo a mi madre en la cocina (porque no sé si ayudará, pero está bueno).
Al menos, mis sentimientos son mixtos: mitad pava pubescente, mitad universitaria cínica:
Creo que nadie va a quererme nunca, y además
no quiero que nadie lo haga.
Mi embarazosa adolescencia me asalta en los olores, en cómo subo y bajo a zancadas las escaleras para coger el teléfono, en las irreprimibles ganas que me están entrando de escuchar Take That. Recuerdo diarios forrados con cubiertas chillonas y candados diminutos, hojas con corazones y velas de colores para hacer sortilegios de amor. ¿Sabéis todas esas series de estúpidas chicas americanas? Bueno, eran bohemias intelectuales a mi lado. Yo fui una adolescente de libro, con amigas íntimas, declaraciones intempestivas y brillo de labios. Ahora, que me creo que me he escapado de todo eso y me he incorporado a un mundo despreocupado de cañas, vaqueros y carpetas bajo el brazo, me encuentro con que me atacan, como ráfagas de viento en una casa mal construida, ventoleras emocionales como las de los quince años. Hay que joderse.
Amor eterno frente a sexo sin compromiso. Tacones y pelo liso frente a zapatillas y el sucedáneo de melena descuidada que llevo ahora. Me creo que he crecido y empiezo a controlar mi vida, pero aún tengo demasiado cercana la época en que me miraba cada día el pecho en el espejo para ver si me había crecido.
Espero que se me pase. Para vacunarme, duermo largas siestas junto a la chimenea, leo a Freud y bebo vino dulce mientras ayudo a mi madre en la cocina (porque no sé si ayudará, pero está bueno).
Al menos, mis sentimientos son mixtos: mitad pava pubescente, mitad universitaria cínica:
Creo que nadie va a quererme nunca, y además
no quiero que nadie lo haga.
martes, 6 de diciembre de 2005
Bienvenido
De aquí a treinta y tantos años a lo mejor se compra una casa.
Para los veintimuchos se casará o se arrejuntará.
A mitad de la veintena encontrará su primer curro.
Con veintitantos se licenciará… retrasándose un poco más si hace caso a los genes ingenieriles de su familia.
Dentro de veintidós años igual ha abierto un blog.
Con veinte tendrá su primera novia seria.
Con dieciocho, si tiene suerte, perderá la virginidad.
A los quince mirará revistas porno y los culos de las niñas de su clase.
Con trece le empezará a cambiar la voz y le saldrá bigotillo.
De aquí a diez años espero que aún juegue, y que juegue en la calle.
Con siete seguro que le encantan las piezas de lego y construir, quién sabe… caminos, canales y puentes, seguro.
Con cinco hablará ya casi como una personita.
En dos años hará caerse la baba de todo el que tenga a su alrededor.
De aquí a doce-dieciocho meses dirá “papá" y "mamá”.
En los próximos días va a hacer felices a un montón de personas.
De momento acaba de nacer y ya le quieren. Se llama Jorge, y desde aquí le doy la bienvenida a este mundo (ni bueno ni malo; el que tenemos, sin más) y le dedico su primer post.
Para los veintimuchos se casará o se arrejuntará.
A mitad de la veintena encontrará su primer curro.
Con veintitantos se licenciará… retrasándose un poco más si hace caso a los genes ingenieriles de su familia.
Dentro de veintidós años igual ha abierto un blog.
Con veinte tendrá su primera novia seria.
Con dieciocho, si tiene suerte, perderá la virginidad.
A los quince mirará revistas porno y los culos de las niñas de su clase.
Con trece le empezará a cambiar la voz y le saldrá bigotillo.
De aquí a diez años espero que aún juegue, y que juegue en la calle.
Con siete seguro que le encantan las piezas de lego y construir, quién sabe… caminos, canales y puentes, seguro.
Con cinco hablará ya casi como una personita.
En dos años hará caerse la baba de todo el que tenga a su alrededor.
De aquí a doce-dieciocho meses dirá “papá" y "mamá”.
En los próximos días va a hacer felices a un montón de personas.
De momento acaba de nacer y ya le quieren. Se llama Jorge, y desde aquí le doy la bienvenida a este mundo (ni bueno ni malo; el que tenemos, sin más) y le dedico su primer post.
domingo, 4 de diciembre de 2005
Home alone
Mis compañeras de piso están cada una en su ciudad, así que yo, que se supone que me he quedado en Granada para estudiar, me dedico a:
- Cantar mucho y muy alto.
- Bajar películas apropiándome yo solita de todo el ancho de banda.
- Pasar el día en pijama.
- Recitar a Espronceda y a Quevedo mientras la ropa, tendida en el salón para que no la moje la lluvia, me mira boquiabierta.
- Fregar MIS platos, y ni uno más.
- Cocinar crepes para Jose mientras destroza canciones a la guitarra.
- Invitarte a cenar y desnudarte en mitad del pasillo.
(Ummm... no sé qué me gusta más de todo lo anterior)(Es broma, sí que lo sé)
- Cantar mucho y muy alto.
- Bajar películas apropiándome yo solita de todo el ancho de banda.
- Pasar el día en pijama.
- Recitar a Espronceda y a Quevedo mientras la ropa, tendida en el salón para que no la moje la lluvia, me mira boquiabierta.
- Fregar MIS platos, y ni uno más.
- Cocinar crepes para Jose mientras destroza canciones a la guitarra.
- Invitarte a cenar y desnudarte en mitad del pasillo.
(Ummm... no sé qué me gusta más de todo lo anterior)(Es broma, sí que lo sé)
sábado, 3 de diciembre de 2005
Todos los fríos el frío
De todos los fríos del mundo...
... el de antes de dormir, cuando pataleo bajo el edredón para entrar en calor...
... el de levantarme por la mañana y sentir cómo se enfría el sudor nocturno al contacto con el aire helado...
... el de los segundos que transcurren entre salir de la ducha y coger la toalla...
... el que hace en la calle, cortante y arisco, que me lame las manos y el trozo de mejilla que deja libre la bufanda...
... el de la facultad, que soluciono apoyándome en el radiador durante los cambios de clase, teniendo cuidado de no dejarme pegados los trozos de piel...
... mi favorito es, sin duda, el que paso justo antes de meterme desnuda en tu cama.
... el de antes de dormir, cuando pataleo bajo el edredón para entrar en calor...
... el de levantarme por la mañana y sentir cómo se enfría el sudor nocturno al contacto con el aire helado...
... el de los segundos que transcurren entre salir de la ducha y coger la toalla...
... el que hace en la calle, cortante y arisco, que me lame las manos y el trozo de mejilla que deja libre la bufanda...
... el de la facultad, que soluciono apoyándome en el radiador durante los cambios de clase, teniendo cuidado de no dejarme pegados los trozos de piel...
... mi favorito es, sin duda, el que paso justo antes de meterme desnuda en tu cama.
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