massobreloslunes: Aquí no hay bloqueo que valga porque aquí mando yo

miércoles, 4 de enero de 2006

Aquí no hay bloqueo que valga porque aquí mando yo

Hace un tiempo tenía pensado escribir un post sobre la confianza. Al fin y al cabo, ¿qué es lo que hace que, cada vez que acabo un post, pulso el botón de publicar y admiro orgullosa mi obra, yo sepa que dentro de un tiempo volveré a repetir exactamente la misma operación? Es confiar. Confiar en que me va a pasar algo, o que voy a pensar algo, o que me van a comentar algo digno de ser posteado. Confiar en que la vida, generosa, va a seguir dándome material para la escritura.
Ahora mismo estoy un poco en punto muerto. En ese círculo vicioso de no escribo-y cuando escribo no me sale-así que escribo aún menos-y cuando escribo me sale aún peor. Tecleo oxidada, obtusa, espesa. Parece que en lugar de deslizar fluidas frases esté incrustando ladrillos con gruesas capas de cemento.
Entonces confío. Pienso en tito Hem y confío. “No te preocupes. Hasta ahora has escrito y seguirás escribiendo. Lo único que tienes que hacer es escribir una frase verídica. Escribe una frase tan verídica como sepas”.
No tiene por qué suceder exactamente ahora... A lo mejor ahora no encuentro una frase verídica que escribir aquí, más que: estoy bloqueada. Estoy bloqueada. Yo, que siempre había dicho que no le tenía miedo al papel en blanco, y de repente me entra el terror a no tener nada que decir. Nunca. Pero es absurdo, Marina, es absurdo; son muchos años, muchos folios como este llenos a reventar de times new roman fuente 12. Vas a volver a escribir, porque la vida tiene muchas cosas, es perra y dura, pero es generosa a manos llenas. Los árboles tienen decenas de frutos. Las gatas paren camadas de un montón de cachorrillos. Y el destino cruza en el camino de las buenas escritoras materia viva que le sirva de barro para construir a sus criaturas.
Materia viva, como qué.
Como frases como esta, que me hacen pensar que, finalmente, las musas sólo existen para no estar nunca del todo ahí. O como esta sensación insidiosa de finales de vacaciones, de saber que no has hecho NADA de lo que debías y te esperan los profesores dispuestos a echársete encima como buitres examinadores. También de esta materia gris y casi inasible que es la angustia se construye la literatura, aunque sólo sea para tratar de licuarla.
¿Qué más me regala la vida? Pues a mis amigas, imagino, que se me lanzan encima borrachas a las seis de la mañana a darme besos y abrazos porque estoy mala y me encuentro fatal, o que bailan conmigo en la cocina mientras nos olvidamos de que el agua para la pasta está hirviendo desde hace un rato, o que ríen, ríen mucho y ríen conmigo.
Escribe, niña, escribe, me dicen tito Hem y otros desde el cielo de los escritores (un lugar muy bohemio, con mucho tabaco no cancerígeno - total, ya no hay cuerpo que cuidar - y muchos cafés y cubatas). Escribe, tonta, que están ahí enfrente, los veas o no. Mira el humo de las cáscaras de las mandarinas quemándose en la chimenea, ¿no lo ves? Es la luz helada de las mañanas de navidad colándose por tu persiana, mientras tú remoloneas, porque no es que quieras seguir durmiendo; es que quieres seguir soñando. Sales al centro, iluminado y vistoso como una bombonera, y hay niños que forman enormes corros en cuyo centro un payaso hace trastadas antiquísimas y aplaudidísimas. Mira, me dice tito Hem, la forma en que esos niños golpean las manos, clap clap clap clap, y chillan alborozados, sin que haya nada mucho más importante que ese momento, que la siguiente caída del payaso o que la siguiente broma que le gastará a su amigo tonto.
También se puede escribir en navidad, me dicen todos, los vivos y los muertos. Bucea bajo la alegría y el buenrollismo, excava en las montañas de papel de regalo y a ver qué encuentras. Cuántos corazones agrietados, cuantas soledades cotidianas, cuantas alegrías inimitables… Porque la navidad será lo que sea, pero yo estoy segura que que cuando una familia se sienta a la mesa, y los cuñados bromean aunque no se traguen, y las mujeres cotillean y regañan a los niños, y los hombres hablan de los nuevos avances tecnológicos… Para esa familia esa es SU navidad, es el aire que ellos están respirando en ese momento y que no es de nadie más, por mucho que nos esforcemos en estereotipar, en clasificar, en reducir las emociones a fuerza de saberlas repetidas. Mi abuela es MI abuela, y estoy segura de que ninguna como ella se come la sopa a cucharaditas pequeñas, prueba un poco de cordero y luego se sienta en el sofá a esperar su tajada de tiramisú, mientras escucha a unos y a otros desde sus audífonos de reciente implantación. Mis primas son MÍAS, y apuesto a que nadie baila Maria Isabel (o lo que sea) mejor que ellas.
No sé de qué va esto, pero lo voya postear, más que nada porque llevo mucho tiempo sin, como dice Golfo, daros de leer, y aunque esto no sea lo más currado del mundo, a lo mejor lo disfrutáis algo. Si es así, hacédmelo saber, que una escritora sin comentarios es como un domingo sin sol, o como una vieja sin transistor.
Mis deditos oxidados comienzan a ir algo más suaves. El viejo tres en uno de no pensar demasiado.

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