massobreloslunes: Réquiem Cósmico

miércoles, 7 de marzo de 2007

Réquiem Cósmico

El sábado pasado estábamos celebrando el cumpleaños de Arantxa en la terraza de Eneritz cuando, de repente, Metemari nos llamó desde la mesa de camping donde comía saladitos.
- Tengo que daros una mala noticia – anunció. No nos preocupamos mucho. Las malas noticias de Metemari suelen ser, por ejemplo, que se ha muerto el creador de Scooby Doo o que van a reemplazar el tobogán herrumbroso del parque de su infancia por otro de plástico.
- ¿Veis Orión? – nos dijo. Todas dirigimos la mirada hacia la única constelación que distinguimos prácticamente sin dudar. De los largos y farragosos talleres de astronomía que nos daban en los scouts, lo único que he conseguido retener en mi mente ha sido a Orión, el guerrero de cinturón luminoso y hombros inclinados.

( Paréntesis: ¿Por qué es aburrido un taller de astronomía? Al principio parece guay: todos vais a por los aislantes, os tumbáis sobre la hierba húmeda de rocío y esperáis, expectantes, a que la bóveda estrellada os revele sus maravillas. Entonces, el responsable del taller señala al cielo.
- ¿Véis aquel grupo de estrellas de ahí?
En ese momento empieza la tortura. Por si no lo sabíais, el cielo está lleno de grupos de estrellas. Uno por uno, el monitor tiene que ir situando a los pupilos sobre a qué grupo de estrellas se refiere en concreto, y apostaría a que la mitad, al menos, se queda con uno erróneo. No sabéis lo difícil que es señalar al cielo. Yo lo que hacía era seguirle la corriente a quien estuviera dando el taller, porque cuando había intentado situarme en el firmamento por cuarta vez me empezaba a dar bastante vergüenza. Si te equivocas de grupo de estrellas o de estrella guía en general, por cierto, la has liado: ya no vas a volver a dar una en toda la noche. Para colmo, descubres que los griegos eran un pueblo o muy aburrido o con mucha imaginación, porque cualquier parecido de las constelaciones con las figuras a las que evocan es pura coincidencia. Como decía, lo único que he conseguido sacar en claro de esos talleres es dónde está Orión. No os creáis: impresiona mucho a la gente que no tiene ni idea. Bueno, continúo).

- Una de las estrellas del cinturón se ha muerto – anunció Metemari arrastrando un poco las palabras.
- No jodas – dije yo -. ¿Cuál?
- No lo sé, pero una se ha muerto. Todavía nos llega la luz por la distancia, pero de aquí a tres años dejaremos de verla.
No sé hasta qué punto es fidedigna la información, porque he estado buscando en google y no he encontrado más que alusiones vagas al óbito en sí. En cualquier caso, me pone triste. Una confía en que pocas cosas se queden estables en su vida: sé que mi mundo cambiará, que mi barrio crecerá y las colinas que hay frente a mi casa serán destruidas, que a J. le saldrán más canas y, como se descuide, le crecerá la panza incipiente que está criando ahora a base de pfcs y de madres cebadoras. Yo misma cambiaré, a pesar del empeño que le pongo a la crema para el contorno de ojos y al aloe vera. Pero, joder, hay ciertas cosas en las que me gustaría confiar: la órbita de la tierra, la ancianidad de las montañas o la permanencia de las estrellas. No se me puede morir una de las tres Marías así porque sí, dejándome al guerrero con displasia de cadera y los pantalones caídos. Me parece fatal, en serio. A ver qué le digo yo al próximo hombre que me suba a un tejado a mirar el cielo.
Como mínimo, este pequeño percance me ha servido para enterarme de cómo se llaman los astros que componen Orión. Son nombres preciosos, antiguos e impronunciables, como las propias estrellas.
Pero vamos, que en cuanto descubra a quién hay que quejarse de la muerte precoz de las estrellas que uno mira, pienso poner una reclamación que se va a cagar la perra.

3 comentarios:

  1. Lo curioso es como enterarse siendo que todavía no lo has podido ver... además de astrónomo hay que ser astrólogo... digo yo!!
    Salud/OS!

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  2. En realidad sí que es nostálgico mirar el cielo, porque no solo una estrella de Orión ha desaparecido, sino que muchas de las estrellas que vemos hoy en día estén muertas desde hace siglos.

    Un esqueleto estelar, oiga, qué poético ha sonado esto.

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  3. Mirado de otra forma, vivir un cambio es una suerte.
    El muro de berlín, por ejemplo, calló. Para mucha gente es como algo que le han contado. Yo aún recuerdo cómo cuando era un enamo me quedaba flipado viendo Fuga de Noche en el video. Intentar asimilar eso era un verdadero ejercicio para la consciencia de un niño.
    A muchos solo se lo han contado.
    Igual tienes la suerte de decir: mira, allí había una estrella que ha muerto como tantas, pero a mi me pilló mirando al cielo y pude verlo.
    También hubo un muro mierdoso, y pude verlo caer.
    Decirle a tus hijos que la vida es una mierda muy gorda, que las estrellas mueren y hay muros que separan a la gente. Pero que qué coño importan las estrellas si esos muros, un día, pueden caer.
    Decirle a tus hijos que no se avergüencen: que quién no se ha dormido alguna vez en el planetario.

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