massobreloslunes: De vuelta

martes, 2 de octubre de 2007

De vuelta

Vuelvo del curso de meditación y empiezo con mi vida. Del curso paso de hablar, que llevo dos días contando lo mismo; si queréis saber más sobre la Vipassana, seguid el link que puse en el post anterior, que lo explican todo la mar de bien.
Me gusta el comienzo de curso desde siempre, desde pequeña. Me daba la sensación de que cada Septiembre la novedad iba a poderle a la rutina y mi vida iba a empezar a parecerse por fin a los anuncios del Cortre Inglés: tendría los ojos azules, sería monísima e iría a clase por un sendero cubierto de hojas secas, con leotardos y faldas escocesas. Al final, la emoción me duraba exactamente dos días, y después volvían, como cada año, el insidioso olor a madrugada que tiene la casa cuando te levantas de noche, el sueño de la primera hora y el tedio del frío.
En la universidad no es exactamente lo mismo, porque al final acabas no levantándote de noche a no ser que te cuenten la asistencia, pero me sigue apeteciendo empezar cada año. Este curso hago cuarto, que suena ya a persona mayor y responasble y a mirar a los de primero por encima del hombro. Nos iremos de viaje de estudios a pulserear en Punta Cana o algo así, me temo, y tendré que empezar a pensar, tranquila pero seriamente, en qué cojones voy a hacer con mi vida cuando acabe la carrera. La universidad es un poco como los aviones: te llevan de un sitio a otro y luego te dejan en el aeropuerto de destino, abandonado a tu suerte.
Este verano ha sido un poco caótico, con los niños y toda la pesca. En general, sin embargo, he acabado contenta: al menos, me he demostrado a mí misma de lo que soy capaz. Y he ganado unas perrillas. De todas formas, el verano me revoluciona: que lo diga si no mi pobre ex novio, que le dejé dos veces en dos años, una por verano. Se me descolocan los biorritmos y me pongo fatal. Estoy deseando volver a Granada y recuperar mi vida tranquila, mis posters y mi fregasuelos con olor a colonia.
Además, ahora tengo unas ganas de vivir tremendas, después de que en el curso de meditación una señora me dijera que yo tosía mucho y que ella empezó así y le diagnosticaron un cáncer de pulmón y que, además, tenía intuiciones sobre las enfermedades de la gente. Podéis pensar que es una chorrada, pero probad a pasar una semana sin hablar con nadie y meditando como una burra y que lo primero que os digan al romper el silencio sea que a lo mejor tenéis un cáncer. Me pasé la siguiente hora de meditación asumiendo que iba a morir pronto: estaba claro, mi tos era un cáncer y encima, en las personas jóvenes, esas cosas van rapidísimo. Me puse tristísima pensando en mi madre y en que si yo me moría le iba a destrozar la vida. Pensé “a lo mejor puedo reencarnarme en mi gata”. Me molaba la idea de ser la Clemen, todo el día tirada en el sofá, ronroneando y dejándome querer, y además así podría consolar a mi pobre familia de mi inigualable pérdida. También pensaba en mis amigos hechos polvo y en que todos le pondrían mi nombre a su primera hija (ya ahí empezaba a entretenerme con la idea, lo confieso).
Después llamé a mi madre por teléfono y me dijo que mi hermano y ella también habían seguido tosiendo y que tomándose nosequé aerosol para la bronquitis se les había quitado, y que no fuera tonta. De todas formas, durante las horas que pasé sumida en la paranoia me dio tiempo a pensar qué haría yo con mi vida si me quedaran dos meses. Si me quedara tan poco tiempo de vida, creo que la inminencia de morir me amargaría demasiado como para disfrutar de viajes o de saltos en paracaidas e historias así. Al final pensé que me dedicaría a tres cosas: a leer (para distraerme y para ampliar indirectamente mis vivencias), a hablar y estar con la gente a la que he querido y a intentar convencer a mi madre de que no se suicidara de pena cuando yo me fuera. No es un plan muy emocionante, pero creedme que pensé en serio sobre el tema y ésas fueron las conclusiones a las que llegué. También escribiría, creo yo, para ver si luego alguien me publicaba algo aunque sólo fuera por el morbo de la chica moribunda que cuenta cómo se siente.
Al final parece que no me muero (tocaremos madera), así que me he tenido que mentalizar otra vez para seguir enfrentándome a la vida. No sé cómo narices me voy a mantener en Granada, porque mis dos padres médicos afirman ser pobres de solemnidad, así que he pedido una beca de colaboración en la que me dan cuatrocientos euros al mes por trabajar veinticinco horas semanales (vamos a peor) pero que, por lo menos, tiene más que ver con mi carrera que el telepizza.
Voy a dejaros, que me duele el culo de tanto meditar y estar sentada aquí no ayuda mucho.

2 comentarios:

  1. Bueno... por lo menos queda claro que Graná es tu sitio... y vas a luchar por ello. Así que meditar te ha servido. Pero también se medita de lo lindo leyendo y posteando en blogs!!
    Bienvenida!
    Salud/OS!

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  2. Welcome back!! :) Ya verás cómo este año será genial (y las becas de colaboración a veces acaban metiéndose uno en departamento y básicamente cobrando algo más de dinero).

    Con lo de la mujer del curso, si me llega a pasar eso a mí con lo hiponcondriaca que soy y me tiro otra semana más sin hablar de la impresión >.<

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