massobreloslunes: Lectura obligada

martes, 21 de abril de 2009

Lectura obligada

Estoy en la biblioteca de Andalucía estudiando para los exámenes de febrero. Cada día, a eso de las diez, un grupo de niños de algún colegio viene a conocer la biblioteca. Uno de los bibliotecarios hace de guía y les explica cómo consultar y sacar en préstamo libros y discos. En general, son niños muy, muy pequeños, de unos cuatro o cinco años, y miran al bibliotecario con los ojos muy abiertos y cara de no entender nada. Aun así, es bonito cuando cruzan en fila junto a nosotros por el lateral de la sala de estudio, algunos cogidos de la mano, otros adelantándose o retrasándose, hablando entre sí, mirando a todas partes. Me recuerdan a las ilustraciones de los libros de “El pequeño Nicolás”.

Hoy bajo por uno de los laterales de la sala central hacia los lavabos y les veo reunidos junto a la mesa de préstamo. El guía habla, y su voz se alza en medio del silencio del edificio. Es un guía muy amable, porque repite lo mismo todos los días y todavía es capaz de hacer que parezca que es la primera vez.

- Ahora voy a explicar una cosa muy importante, niños – dice, y yo me quedo parada a mitad de la escalera, porque si es muy importante me gustaría enterarme -. Si alguna vez empezáis a leer un libro, no tenéis por qué terminarlo. Si no os está gustando, lo dejáis y cogéis otro nuevo.

Sonrío. Me gusta su manera de enfocar el asunto.

- Sin embargo – continúa -, si os mandan un libro en la escuela, os lo tenéis que leer hasta el final. Aunque no os guste, siempre que os den en el colegio un libro para leer, tenéis que terminarlo.

Arqueo las cejas. Sí que es importante la lección, pienso. Importante y dura. Hay muchas cosas que uno tiene que terminar aunque no le gusten. Pero enseguida me rebelo: leer no debería ser aburrido, ni siquiera por mandato escolar. Leer debería estar en el apartado de los placeres puros, como el chocolate, el sol de invierno y los besos con lengua. De un par de saltos, me planto delante de los niños e interrumpo al guía.

- Escuchad – les digo, y ahora es mi voz la que suena muy alto en medio del silencio -. Las cosas no son así. Os mandan esos libros en el colegio porque pueden conseguir que los autores vayan a dar una conferencia, y los autores se ofrecen no porque sean buenos, sino porque saben que ser recomendados en las escuelas les asegura un buen nivel de ventas. Vosotros no tenéis la culpa de que Roald Dahl este muerto. No le hagáis ni caso. Hay muchísimos libros en el mundo, y la vida humana es breve.

Pero no lo he dicho, claro; sigo mirando la escena desde la barandilla de la sección de documentales y pienso que ya lo descubrirán ellos. Continúo bajando y pienso en los libros. Benditos sean, me digo, benditos pequeños hermosos animalitos dormidos...

2 comentarios:

  1. En ocasiones alguien debería de hacer cosas así... abrir los ojos, mostrar lo bello y lo real sin adoctrinamientos.
    Pero en ocasiones tenemos tanto miedo a romper el cascarón protector de generaciones nuevas que luego acaban estrelladas por la misma sobreprotección.

    Salud/OS!

    PD: La próxima vez, arma el cirio, a ver qué pasa.

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  2. La lástima es que muchos de esos niños no desarrollarán el placer por la lectura en algunos casos debido a esas penosas experiencias obligatorias con las que empiezan ...

    Tenías que haberles dado el consejillo!!

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