massobreloslunes: Jorjazos: la leyenda

martes, 9 de junio de 2009

Jorjazos: la leyenda

La leyenda de Jorjazos empezó una tarde como otra cualquiera, cuando las vecinas vinieron a llamar a la puerta para decirnos a la PK y a mí que había un chico encerrado en el ascensor y que llevaba veinte minutos atascado entre el tercer y el quinto piso.

Cuando salimos a cotillear ver qué podíamos hacer por él, la situación era peor de lo que imaginábamos. El vecino estaba encerrado en el ascensor, sí, pero el ascensor subía y bajaba sin parar del tercero al quinto, dando un bote cada vez que cambiaba de dirección. Le gritamos para ver si estaba bien, a qué piso iba o si tenía amigos a los que avisar, pero él sólo decía algo como “¡llamad a los bomberos!”. Al cabo de otros diez minutos, se sentó en el suelo. Nosotras pensábamos que era para vomitar, pero no pudimos averiguarlo, porque dejó de contestar cuando le hablábamos.

Cada vez que pasaba por nuestro piso, yo le gritaba frases de ánimo a través del la puerta del ascensor, en plan “¡¡Tranquilo, estamos contigo!!”. La PK me miraba, toda roja, y murmuraba algo como quevergüenzamarinaporfavor. No sé por qué; a mí me gustaría que alguien hiciera eso por mí si me quedo encerrada en el ascensor.

Al cabo de un rato, llegaron los bomberos. Las vecinas y nosotras esperábamos ese momento con emoción, pero en lugar de ser hombres altos y fornidos vestidos de rojo, aparecieron dos señores mayores con barriga y uniforme azul, que dijeron que eso ellos no lo podían arreglar y pusieron post-it en todas las puertas en los que escribieron: “No funciona”.

Cuando por fin vinieron los técnicos del ascensor y consiguieron pararlo y sacar al chico, pensábamos que saldría de ahí un despojo humano lloroso y vomitante. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando aparece el hombre más parecido al de Prison Break que he visto en mi vida: alto, moreno de piel, rubio de pelo, ojos verdes, chaqueta naranja, vaqueros, hermosa sonrisa.

JORJAZOS*.

Jorjazos salió como si nada, sonrió a la concurrencia, agarró sus bolsas del Mercadona y subió hacia su casa. Yo llevaba mis gafas chungas y veía borroso, así que cuando volví a entrar en el piso, le pregunté a la PK:

- ¿Es mi imaginación, o el vecino está tremendo?
- El vecino está tremendo – contestó ella, asintiendo con gravedad.

Si esto fuera un libro de Marian Keyes, lo una serie americana cualquiera, la PK, o yo, o las dos, habríamos tenido una aventura con Jorjazos. Como esto es la vida, resulta que desde entonces (y esto pasó en noviembre) nunca, NUNCA nos lo hemos vuelto a cruzar. Miramos por el patio hacia su tendedero estremecedoramente vacío y gritamos su nombre, pero sólo nos responde un gran silencio.

Hemos urdido varios planes para acercarnos a su puerta, como vender galletas o soltar globos de helio (para que lleguen hasta su piso, que nosotras vivimos en el tercero), ir a recogerlos y caernos contra el timbre. Al final, sin embargo, nuestros planes han quedado en nada.

¿Fue Jorjazos contratado por la NASA después de resistir heroicamente al ascensor-mezcladora?

¿Es Jorjazos un fantasma que murió en el ascensor de nuestra casa, en plan “La chica de la curva”, y que aparece cada año para advertir a posibles víctimas?

¿Inventó nuestra imaginación a Jorjazos en un día de otoño con poco que hacer?

¿Es Jorjazos una leyenda urbana que hemos terminado por creernos?

Jorjazos, si alguna vez lees esto: manifiéstate. Crúzate con nosotras en el portal o deja caer un calcetín sobre nuestro tendedero. Si alguien conoce a Jorjazos, que le hable de nosotras. Que le diga que somos muy majas y que tenemos mucho que compartir con él.

Jorjazos: nuestro edificio te necesita.

*Seudónimo derivado de Jorge, que es el nombre que pensamos que le pega, y Ojazos.

7 comentarios:

  1. Pues a mí me suena a gargajos.

    ResponderEliminar
  2. Ya sé por qué: porque he tenido que aclararme la garganta después de leerlo varias veces.

    Ya sé que me odias, pero yo a ti te quiero.

    ResponderEliminar
  3. A lo mejor es que a través de la letra escrita no llega el matiz de pasión con que pronunciamos su nombre... Jor-ja-zos. Como decía Nabokov: la lengua que viaja del paladar a los dientes, o algo así, lo que pasa es que en este caso es la garganta que carraspea y deja escapar su nombre.

    Jorjazos, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul.

    Y yo no te odio, bobo xD

    ResponderEliminar
  4. Genial, niña. Me has hecho reír con ganas. Bien escrito, bien descrita la situación (lo mejor, lo de los bomberos).

    En fin, que te encuentres algún día con ese tal Jorjazos y le puedas recordar que fuiste tú quien le salvaste de una muerte segura...

    Un abrazo,

    Miguel

    ResponderEliminar
  5. Jajajajajajaja me deberias de haber visto en mi oficina de trabajo a carcajadas limpias...buenisimo!!!

    ResponderEliminar