Últimamente intento no dejar que el hecho de no tener ideas para el blog me impida escribir en el blog. Por la noche, cuando todos se han acostado y en mi casa ya no hay ruido, me siento frente al recuadro blanco del editor de entradas de blogger y pienso en qué escribir. En la ficción. En la verdad. En la parte de mi vida que quiero filtrar a Internet. En no utilizar la escritura para mandar crípticos mensajes emocionales a personas que quizá ni me estén leyendo.
Entonces, normalmente, lo que hago es escribir y borrar, escribir y borrar, en un acto absurdo de autocensura y de cansancio. Ayer, por ejemplo, escribí como diez párrafos distintos sobre mi viaje a Granada, y todos me parecían cursis, demasiado privados o simplemente innecesarios. Hoy probablemente acabe borrando también estos párrafos por ser demasiado metaliterarios. O quizá los deje para que haya constancia de mi buena voluntad o para rellenar el vacío de demasiados días sin publicar nada nuevo.
En cualquier caso, tengo sueño y, definitivamente, me faltan ideas.
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