massobreloslunes: Bautizo de agua

miércoles, 18 de agosto de 2010

Bautizo de agua

Pues resulta que ayer fui a nadar por primera vez. Ya conté brevemente que mis experiencias natatorias infantiles son para mí una gran fuente de trauma y rencor hacia mi monitor nazi y mis padres, y que desde entonces la natación me gusta cero pelotero.

Como decía mi hermano de pequeño, ¿para qué quieres nadar bien, si dentro del agua nadie te ve?

Lo que yo no sabía es que aprender rudimentos de natación me serviría para poder defenderme con dignidad catorce años después, cuando mis rodillas de anciana dijeran ¡basta de footing, Marina, te lo suplicamos!

El caso es que yo ayer tenía muchos miedos en relación con mi bautizo de agua. El miedo principal era desorientarme, perderme y hacer el ridículo. Me imaginaba perfectamente con mi gorro y mis gafas dando vueltas por las piscinas y sin saber qué hacer. El miedo número dos era no ser capaz de hacer más de dos largos y tener que salirme humillada. El miedo número tres era que hubiese mucha gente nadando de forma competitiva y me adelantaran, atropellaran y abuchearan (trauma, ¡trauma!).

El primer miedo era infundado. Para empezar, porque yo siempre voy a los sitios nuevos como si fuera monguer y lo pregunto todo con cara de niña encantadoramente torpe. Así que llegué a la piscina, le enseñé al tío mi resguardo de tarjeta deportiva y le dije: "Hola, soy nueva, ¿podría por favor explicármelo todo?". En realidad, la piscina está diseñada para torpes guarros. Te mees por un pasillo que inevitablemente te lleva al vestuario que inevitablemente te lleva a las duchas antes de entrar en el recinto piscinero. Así que por ahí bien.

Del miedo número dos hablaremos más tarde.

Del miedo número tres, de hecho, también.

Entré a la piscina y los socorristas/vigilantes/lo que fuera me informaron de que no había clases y todas las calles estaban libres para natación ídem. El recinto es muy agradable, muy tranquilo y luminoso, aunque creo que el hecho de que no hubiera monitores gritando desquiciados a niños inocentes bastó para convertirlo en un paraíso zen a mis ojos. Hay una piscina de 25 metros y una olímpica. Yo siempre he nadado en piscina de 25 metros, así que, por supuestísimo, me fui derecha a la olímpica. Si hay una piscina pequeña y una grande, yo a nadar en la grande. Faltaría más.

Hay trampolines para tirarse de cabeza, pero yo me bajé con cautela por la escalerilla (que una cosa es tener confianza en una misma y otra creerse Michael Phelps y tentar a la suerte) y empecé con entusiasmo el primer largo a crol.

Primera cosa que aprendí ayer: cincuenta metros son muchos metros. De hecho, durante un rato de paranoia pensé que igual no me estaba moviendo y la gente me miraba y se reía de mí.

Sin embargo, mi miedo número dos (no ser capaz de hacer más de dos largos) carecía de sentido. Porque por la misma razón por la que me tiré a nadar en la olímpica, yo antes reviento que hacer dos largos e irme humillada. Catorce largos nadé ayer. Seis a crol, dos a braza, dos a espalda, dos con la tablita y a base de piernas y dos a un estilo que he decidido bautizar crolza, y que consiste en hacer piernas de crol y brazos de braza.

En ese momento me di cuenta de que, si bien me acuerdo a rasgos generales de cómo se nada, tengo dudas existenciales con algunos movimientos. No sé cómo colocar los pies, por ejemplo, ni recuerdo cómo se hacía para respirar por el lado izquierdo y cuando lo intento trago agua. Entonces aproveché para mirar a los otros nadadores libres a ver cómo lo hacían ellos.

Y ahí me encontré con que la gente nada muy raro y se me quitó mi miedo número tres.

Había un señor, por ejemplo, que nadaba a estilo calamar. Iba bocarriba y abría y cerraba los brazos y las piernas. Pero no hacía así un largo y punto, no: largos y largos tipo calamar. Al principio yo ni sabía cómo estaba nadando. Sólo veía su cara moverse por la piscina, como si se impulsara con la mente. Otra señora nadaba a lo que he bautizado como "la tijera flotante", que consistía en hacer extraños movimientos de apertura vertical de piernas bajo el agua mientras movía los brazos tipo perrito.

Mi conclusión fue que, igual que mi entrenador de la infancia quería que yo fuera María Pelaez, para nadar en plan libre basta con no ahogarse.

Y con esto ya tenemos otro post con la etiqueta "nadar". ¡Viva y bravo!.

3 comentarios:

  1. Ainssss... compartimos traumas y miedos natatorios...

    No voy a la piscina con amigos salvo que pueda fingir alguna enfermedad o trastorno que me impida nadar, no vaya a ser que quieran echar carreras o algo así. El horror. Y con niños ni te cuento: todo el tiempo quieren compararse contigo. :(

    Besitos. Nad.

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  2. Buenos días,

    Estarás hoy molida, no? Yo hago deporte habitualmente pero lo de nadar es superior a mis fuerzas...me canso enseguida y me falta el aire (aunque fumarse medio paquete de tabaco al día también influye) pero si ya el primer día haces 14 largos es porque estás en buena forma física!!
    Un besito y buen jueves!!

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  3. Vente este finde pa Málaga que yo te enseño!!
    Un besito artista!

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