massobreloslunes: Orden -- TMC19

jueves, 30 de junio de 2011

Orden -- TMC19

Tengo un sueño que me muero. Es curioso lo delicada que es la frontera entre una siesta gustosa y otra que te deja lista de papeles para el resto de la tarde. Hoy ha sido un día raro. Me he olvidado de una reunión que tenía con mi tutora y he llegado una hora tarde, y ni siquiera me he sentido culpable. Luego no he podido nadar en la piscina municipal porque había un campeonato de nosequé y me he frustrado a tope. Nunca pensé que sería el tipo de persona a quien le jode no poder hacer deporte, pero desde que me apunté a este rollo de la vigorexia soy una caja de sorpresas.

Desde hace dos o tres semanas soy incapaz de ordenar mi casa. Mantengo niveles mínimos de higiene, pero el orden está fuera de mi control. Toda mi ropa está fuera del armario, tirada en el suelo. Sobre la mesa del salón hay, entre otros objetos, unos pendientes, un bote de crema anticelulítica, un salero, la cámara de fotos, un paquete de clínex, la cejilla de la guitarra, un martillo, la cartera, una caja de regaliz, y así hasta el infinito.

Mi desorden es mi defecto más molesto. A los demás (a ser borde, impulsiva, creída, despistada, carecer de estilo en el vestir, escribir como si tuviera cuarenta años o tener pocas tetas) me he acostumbrado y les veo hasta cierto encanto. El desorden me resulta muy molesto. Me gusta tener la casa ordenada y sentarme en ella como en una fotografía de dominical. Pero es superior a mí. Mantener el orden me parece increíblemente aburrido y exigente. Puedo hacerlo durante una o dos semanas, pero después todo se va precipitando hacia la entropía y llega un punto en el que simplemente dejo de luchar. Además, ser ordenada es una batalla que doy por perdida. Creo que podré escribir mejor, ser más deportista e incluso creo que en algún momento me libraré del acné del Averno, pero creo que nunca jamás seré ordenada; supongo que porque no me importa lo suficiente.

En realidad, creo que la casa es el espejo del alma, y creo que la mía está desordenada porque, por muy contenta y tranquila que me encuentre en la superficie, mi mente está agitada. Estoy un poco aturdida. Necesito parar un poco, dejar de nadar, de escalar, de escribir todos los días, de enamorarme del primero que pasa, de alucinar a tope con los pacientes. He de meditar si no quiero descompensarme. Pero bueno. Llegará cuando llegue. Me lo estoy pasando bien estas últimas semanas y también me merezco a ratos las riendas un poco sueltas. Incluso mi feroz autocoaching tiene un límite.

5 comentarios:

  1. Luego mirarás atrás, tranquila y relajada en tu casa ordenada e impecable y echarás de menos todo aquello que hiciste todo junto: escalar, escribir, desordenar, Acné del Averno, enamorarte del primero que pasa e incluso encontrar tan fácilmente el martillo que desapareció de la caja de herramientas.

    Es verdad!!

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  2. No te preocupes, el Universo tiende al desorden... la vida (incluso la interior, esa que nos lleva a la contemplación) es demasiado hermosa como para posponerla por estructurar la disposición de un pliego de cartas o las notas que uno se deja a sí mismo por la casa para leerlas diez días después de que haya caducado.

    Aunque algo de orden debe haber... por eso los blogs tienen columnas y más o menos un mismo tamaño de letra.

    Te leo en tu experimento...

    el segundo párrafo me ha parecido muy bueno.

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  3. Cristinalaqueviveensantiago1 de julio de 2011, 10:09

    uhm, pues yo tenía entendido todo lo contrario: que la gente muy ordenada lo es porque tiene un caos interior, y viceversa. Creo que es una cuestión de equilibrio del universo o algo así

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  4. Es que la fuerza del desorden es taaaaaaaaaaaan poderosa cuando se lleva dentro... taaaaaaaaaan poderosa!!!!!! No se puede luchar contra ella XD

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