massobreloslunes: Día gocho

lunes, 13 de agosto de 2012

Día gocho


La expresión es de IA. Día gocho. Te vas de viaje escalador, pasas unos cuantos días seguidos trepando y, de repente, te das cuenta de que no te quedan fuerzas. Tienes que descansar. Así que echas un día gocho, vagueas, te bañas en una poza, te tumbas al sol. Quizá tomes unas cervezas. Luego te vas a dormir y al día siguiente sigues escalando.

Ser yo es jodidamente agotador. Mucho. Porque yo soy una Persona Que Se Pasa La Vida Intentando Hacer Las Cosas Bien. Todo bien. TODO. Hay gente que intenta hacer bien su trabajo y descuida a la pareja, o que vuelca todo el esfuerzo en la escalada, o que se ocupa sobre todo de sus hijos, o que es buen lector pero está gordito porque no hace deporte. Yo intento que toda mi vida esté bien de principio a fin: el sueño, la comida, las relaciones, escribir, leer, aprovechar el tiempo, querer a la gente, tomar el sol, entrenar a muerte, hacer dominadas, no olvidarme del multivitamínico, tragar mi omega 3 de alta calidad, ahorrar, mantener la casa limpia, ordenar la furgo, leer sobre psicología, leer novelas, escribir más y mejor, desafiarme, viajar, tocar de vez en cuando la guitarra, averiguar qué puedo hacer para quitarme la alergia de forma natural, ordenar los armarios, estirar las articulaciones, fortalecer los cuádriceps, resolver mis conflictos emocionales, meditar, encontrar la forma de abrir a la primera la maldita cerradura de mi casa, pintarme bien las uñas, no perder la espontaneidad. Y así sucesivamente. Día tras día tras día.

Ayer dormí en mi furgo junto a la playa, en un intento sólo parcialmente exitoso de no pasar calor y huir del ruido que hacía un concierto en la plaza cercana a mi casa. Esta mañana me he despertando escuchando al mismo tiempo las olas y el camión de la limpieza. He recogido los trastos delante de un barrendero sorprendido y me he ido a casa.

El resto del día ha sido un día gocho. Al llegar a casa desayuné y me volví a dormir en el sofá. Estoy muy cansada últimamente. No duermo bien desde hace semanas. Luego fui a comprarme lentillas, después al supermercado a por cosas ricas. Llevo dos años devanándome los sesos acerca de qué comer. Primero por el tema del acné, después por intentar perder los dos o tres kilos que pensaba que me sobraban. Hace unos días decidí que iba a pasar por encima de mi neurosis y a comer exactamente lo que me diera la gana en cada momento. Así que desayuno pastel y ceno tarrinas enteras de mi último descubrimiento en materia de helado: el helado de donetes. Es un helado genial. El heladero prepara una bandeja y la recubre de donetes enteros, y cuando te sirve toma un donete con la pala y lo machaca en tu tarrina. Así que comes helado con tropezones de donetes mientras piensas que eso tiene que ser pecado en varias religiones, seguro.

He dormido (dejadme que piense) dos siestas más. He leído durante horas y he escrito un poco, pero sólo hasta que me apetecía. He horneado un pastel de zanahorias. Estoy leyendo mucho últimamente con esto de estar de vacaciones no tener Internet en casa. Me tiro en el sofá y leo. Novelas malas y buenas, libros de psicología, libros de autoayuda y relatos. En el Kindle y en papel. Unos son mejores y otros peores.

Sobre la escritura, no sé. Echo de menos el verano pasado y el Michelian Challenge. La sensación de riesgo que tenía al escribir todos los días, cuando corría hacia la plaza de la Catedral portátil en mano para poder pillar una wifi antes de que dieran las doce. Echo de menos esa emoción, y también cuando descubrí la escalada y me pasaba los días preguntándome si volvería a probarla, como cuando esperas a que te llame un chico guapo. Ahora mismo sigo y sigo escribiendo, no por inercia, no por obligación, sino porque no puedo no escribir. Ya lo he dicho alguna vez: como le leí a Paul Auster, no es que escribir me produzca un gran placer, pero es mucho peor si no lo hago. Aunque es mentira; escribir me produce muchas veces un gran placer. Pero otras no tanto. Y, aun así, es mucho peor si no lo hago.

A ratos me pregunto si no será el efecto iceberg. El efecto de todas las cosas que me callo; sé que parece que no, pero hay cosas que no cuento. Temas que no toco o que toco muy por encima, que deslizo de manera escondida y callada en los márgenes de los post. A veces esos temas me queman por dentro y sé que nadie lo sabe y que nadie lo va a saber nunca. Me encojo de hombros, sigo adelante.

Hoy me he empeñado en no obligarme a hacer nada (y, ahora que releo lo que acabo de escribir, a lo mejor también eso es una obligación: sé vaga por un día, Marina, que eso también encaja en la perfección, la salud mental, lo correcto. Uf). Me digo con seriedad, mientras estoy tumbada en el sofá Kindle en mano, que ya está bien. Que puedo descansar un rato de intentar ser esa persona perfecta que quiero componer. Que puedo dejar los platos sin fregar e incluso no escribir si no me apetece. Puedo no hacer deporte y merendar galletas Oreo. A media tarde pongo música y bailo tipo Bollywood. Bailo Party Rock Anthem. Bailo Shakira. Después sigo leyendo, escribiendo, picoteando un poco del pastel de zanahoria recién hecho.

Los días gochos también tienen su razón de ser. Pienso, y no sé si IA lo sabe, que gos en catalán es perro y que a lo mejor viene de ahí la expresión. Día perro. No estoy exactamente triste. Echo de menos muchas cosas en estos días. Es como si el revés de la moneda, es decir: todos los momentos que ya no estoy viviendo precisamente por estar viviendo estos, cobraran a veces más fuerza que nunca. Lo que no soy. Lo que no hago. Es como si paseara por las telas superpuestas de mis recuerdos, y de repente el olor del aire de verano me transporta a cuando tenía nueve años y comía mikopetes en un chiringuito de Torre del Mar, y ya entonces los veranos tenían esa cualidad nostálgica, efímera, como si mientras los estaba viviendo supiera lo poco que iban a durar y lo lejos que se quedarían enseguida en el tiempo. Echar de menos cosas es un porcentaje muy grande de la existencia. El sentido de todo esto se me escapa, y pensar que no tiene ningún sentido tampoco es lo más reconfortante del mundo. En fin.

Buenas noches, pequeñines. Mañana me marcho a escalar a Almería con el chico al que todavía no le he encontrado un buen sobrenombre. Pero en plan amigos, que conste, que estoy un poco cansada también del furgoneteo sentimental. Espero que el chico al que no le he encontrado un buen sobrenombre piense lo mismo. Lo que quiero decir es que pasaré unos días sin actualizar, pero bueno; la blogosfera en verano es lo más parecido que existe a esas pelis del desierto donde enormes bolas de pelusa giran sobre desiertos caminos de tierra. Sed felices. Se os quiere. Shmuak.

5 comentarios:

  1. Gocho es cerdo por León, igual se acerca más.
    Que disfrutes de la escapada :)
    Smuuuuaks para ti también.
    Gina

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  2. Agotador buscar la perfección. Básicamente porque no existe.

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  3. Ays! Te entiendo bastante. Yo creo ahora mismo sientes todo eso así porque estás muy cansada. Que el cansancio, cuando es mucho, a veces tiene ese efecto. Y para eso están los días gochos, para recuperar energías y tener más días de los otros. Al menos a mí me hacen mucha falta de vez en cuando!

    Pásalo genial en Almería, ya verás como recargas las pilas! :) Hasta la vuelta!

    P.D. Helado de donetes, uh? Suena a bomba calórica, me gusta! :D

    :*

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  4. Mopi,

    Me doy cuenta que yo soy poco persona de echar de menos. Me doy cuenta por lo que me preguntaste en la playa y al leer ahora en tu blog sobre ello.

    Puesto que desgraciadamente no vivimos en el presente, creo que hay personas que viven más en el pasado, personas que viven más en el futuro y otros que viven entre ambos mundos. Yo soy definitivamente de las que viven en el futuro, y aunque sea menos nostálgico no deja de ser igual de absurdo.

    Besotes

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