massobreloslunes: Dibujar y mirar

lunes, 8 de octubre de 2012

Dibujar y mirar

Saber pintar es saber decir las cosas. Es una frase de un cuento infantil: Julieta y la caja de colores. Como frase es bonita, pienso cuando la leo, pero no tengo claro que sea cierto. Saber pintar es saber mirar las cosas.

Estoy dibujando últimamente, ya os lo dije. Ahora mismo es la actividad que más me relaja. Se supone que si uno dibuja con toda su atención, el hemisferio izquierdo, el verbal, no tiene más remedio que callarse, y el derecho, que es visual y creativo, campa a sus anchas por la página en blanco.

No debes dibujar las cosas como crees que son, sino como son, me decía J. cuando íbamos lápiz en mano a las plazas del Albayzín. El problema es que desde pequeños hemos generado un sistema de símbolos para los objetos que nos rodean. Simplificamos, y cuando tenemos que copiar la realidad acudimos al primitivo sistema que utilizábamos cuando éramos pequeños. La cabeza es un redondel, los ojos están arriba, la nariz es un triángulo. Es necesario aprender a mirar de nuevo y darse cuenta de que los ojos quedan en mitad de la cabeza, que el cuello es más ancho de lo que pensábamos, que los ojos no son dos almendritas separadas en los extremos de la frente.

Dibujar es saber mirar las cosas, y curiosamente me acuerdo también de J. y de cuando fuimos a visitar iglesias románicas en el Valle de Liébana. Yo observaba las pinturas planas, la representación infantil de las personas, la ausencia de perspectiva, y me preguntaba si aquella gente no sabía mirar el mundo bien. Si realmente veían así la realidad y no se les había ocurrido algo tan sencillo como copiar sus líneas con toda la exactitud posible para intentar representarla de forma ajustada.

Yo dibujo, y mientras dibujo intento olvidarme de cómo pienso que es el mundo. Es una buena lección para la vida. La realidad no es como te gustaría que fuera. Dibujo personas y retratos, y después me entero de que es la mejor forma de empezar. A la mayoría de la gente las personas le resulta lo más difícil, el modelo que plantea un mayor desafío, así que si uno es capaz de dibujar personas, después se atreverá con cualquier cosa. Las áreas visuales del cerebro están engranadas con una precisión que asusta. Es fácil desconcertarlas: una línea un poco más larga o más oscura de lo que debería, o colocada unos milímetros más a la izquierda, y nuestro cerebro sabe que algo va mal, aunque al principio no sepa definir bien qué.

Disfruto de este ejercicio de observación atenta y del vacío repentino que se crea en mi cabeza. Recuerdo también las tardes del taller que hice en Granada, cuando me sentaba en un rincón de una plaza y pasaba tres horas seguidas sin levantar la cabeza del papel. Aquellas tardes, las tardes dibujando, fueron pocas pero extrañamente felices. Yo iba Reyes Católicos arriba con la carpeta tamaño A3 atravesada sobre mi espalda y después simplemente dibujaba. No recuerdo a ninguno de mis compañeros de taller: ni sus nombres, ni sus caras, ni lo que hacían. Sólo a la profesora, que se llamaba Alhambra, como la Alhambra, y a mí encontrando un placer desconcertante en callar al siempre hiperactivo caudal de mi cabeza.

Encuentro un tutorial sobre dibujo de retratos en Internet. Me llama la atención que diga muchas de las cosas que yo ya había pensado: que dibujar es más una facultad de la vista que de la mano, y que si uno lo intenta lo suficiente, después esa capacidad de mirar sin juicio se puede trasladar a lo que nos rodea. Intento ser dibujante cuando no dibujo: me miro en el espejo y, por una vez, dejo que se marchen las ideas preconcebidas que tengo sobre mí misma. Siempre he pensado que tenía los ojos de mi padre. ¿Cómo son los ojos de mi padre? Con las pestañas cortitas y claras, los párpados más bien estrechos, la mirada viva. La sonrisa de mi madre: una sonrisa horizontal de la que J. se reía siempre, porque la parte superior de los labios no termina de curvarse. La proporción entre el cuello y los hombros, entre la cadera y la cintura. Tomo nota de un ejercicio que consiste en dibujar un autorretrato mirándose en un espejo, y aunque creo que me queda mucho para estar preparada para eso, sé que sería interesante en algún momento del futuro.

Como siempre, pienso que aprender es la mitad de la felicidad. Aprender cosas nuevas y alejadas de la imagen de nosotros que siempre hemos tenido. Nada de salsa, percusión o esas habilidades relativamente sencillas de taller de fin de semana. Apunta alto. Aprende ballet, violín, pintura al óleo. Aprende algo para lo que pensabas que no servías en absoluto.


Es lunes y estoy contenta. Y para seguir el resto de la semana con el mismo buen pie, me voy a dormir antes de que se me haga demasiado tarde, no sin antes enseñaros mi última obra.


7 comentarios:

  1. chica, tu y yo tenemos algún tipo de sincronización extraña, yo ahora estoy peleándome con las acuarelas. igual cuelgo algo.

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    1. Jejej qué cosas! Yo el color es que lo encuentro dificilísimo, y más las acuarelas, que son un arte como muy instantáneo. Yo soy más de dibujar suavito y borrar mucho. Anímate a colgar algo para tus lectores ávidos, y a las malas si no gusta puedes decir que es del Gajito.

      Un besaco.

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  2. Muy bonito dibujo marina!!! artista! ójala yo pudiera dibujar así! yo me quedé en prescolar :D

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    1. Gracias!! Pero todo el mundo puede dibujar. ¡¡Dibujar es saber mirar las cosas!! Te animo a que lo intentes y te dejo la dirección del tutorial que estuve leyendo, que anima mucho http://eugeniousbi.tripod.com/cap_001.html#arriba

      Un beso :*

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  3. Oye, por curiosidad, ¿hay algo que no hagas bien? :p

    Yo cuando era pequeña dibujaba genial, pero no sé por qué, dejé de hacerlo. Ahora sólo soy capaz de dibujar copiando una foto o cualquier otra cosa. Creo, la verdad es que hace mucho que no lo intento. Me has contagiado las ganas! :)

    :*

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    1. Cosas que no hago bien:
      - Jugar a deportes de equipo / con pelota /con objetos.
      - Problemas matemáticos en general.
      - Permancer mucho rato callada para parecer interesante.
      - Gustarles a los maromos que me gustan a mí.
      - Lo de la intimidad y tal.
      - Cambiar hábitos tipo puntualidad, desorden y desastre generalizado.
      - Y muchas más.

      ¡¡Dibuja!! Dibujar es El Bien.

      Un besazo.

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  4. Hola Marina. A veces con el coche de casa al trabajo, miro los árboles que me encuentro en el camino y pienso que me gustaría pintarlos. En pocos segundos, mientras el semáforo está en rojo, descubro las luces y las sombras que los componen. Una mano tan rápida como la vista los dibujaría. Algún día, en lugar de ir a trabajar, me pararé y lo haré. Un abrazo.

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