Hoy he ido al Corte Inglés a comprar un regalo de reyes de última hora (sí, soy así de cutre, qué pasa) y se me ha ocurrido pasarme por la sección de ropa para ver si me compraba algo.
Odio ir de compras. Mi cerebro carece por completo de la función moda. Soy una persona medianamente inteligente, que está estudiando una carrera, que se las da de intelectual y blablabla, pero me considero Incapaz de almacenar en mi memoria los datos referentes a tendencias, tejidos, colores y combinaciones. Hace ya tiempo que abandoné la idea de vestir bien; ahora aspiro solamente a cubrir mi cuerpecillo con prendas que no desentonen mucho entre sí o con la gente, y a tener la suficiente cantidad de ropa como para poder cambiármela a menudo y que no me consideren una guarra. Fin.
Pero hoy he ido de compras. Navegaba desorientada la pequeña Marina entre un hervidero de mujeres a la caza de la prenda y se repetía a sí misma: “Ánimo, Marina, tú puedes. No es tan malo. No es tan horrible.” Pero no podía dejar de pensar QUÉ LECHES estaba haciendo yo allí. Acaba de terminar la Navidad, una época de gasto compulsivo y compras interminables eligiendo regalos que nadie sabe si acertarán. Y Al Día Siguiente, ¡¡al día siguiente!!, sin dejar ni una semana de respiro, la gente se lanza a gastarse el dinero que no tiene para comprar las sobras de la Navidad a un precio ligeramente inferior.
Esta civilización es de subnormales.
Encima, los diseñadores de ropa, esos seres misóginos y alucinados, han decidido que toda la de esta temporada sea horrorosa. He entresacado un par de faldas de entre los montones de tejido informe, me las he probado después de dieciocho horas de espera frente al probador y he meneado la cabeza, desesperada. Vale que yo no soy Kate Moss, pero una falda que es más estrecha a la altura del culo que a la de la cintura tiene algún fallo.
Finalmente, me he convencido de que si he vivido hasta hoy con la ropa que tengo, podré aguantar hasta marzo. He soltado las faldas, he esquivado a las rebajeras compulsivas y me he retirado de nuevo a mi mundo feliz de libros y tofu.
Y hasta el año que viene.
domingo, 8 de enero de 2006
miércoles, 4 de enero de 2006
Aquí no hay bloqueo que valga porque aquí mando yo
Hace un tiempo tenía pensado escribir un post sobre la confianza. Al fin y al cabo, ¿qué es lo que hace que, cada vez que acabo un post, pulso el botón de publicar y admiro orgullosa mi obra, yo sepa que dentro de un tiempo volveré a repetir exactamente la misma operación? Es confiar. Confiar en que me va a pasar algo, o que voy a pensar algo, o que me van a comentar algo digno de ser posteado. Confiar en que la vida, generosa, va a seguir dándome material para la escritura.
Ahora mismo estoy un poco en punto muerto. En ese círculo vicioso de no escribo-y cuando escribo no me sale-así que escribo aún menos-y cuando escribo me sale aún peor. Tecleo oxidada, obtusa, espesa. Parece que en lugar de deslizar fluidas frases esté incrustando ladrillos con gruesas capas de cemento.
Entonces confío. Pienso en tito Hem y confío. “No te preocupes. Hasta ahora has escrito y seguirás escribiendo. Lo único que tienes que hacer es escribir una frase verídica. Escribe una frase tan verídica como sepas”.
No tiene por qué suceder exactamente ahora... A lo mejor ahora no encuentro una frase verídica que escribir aquí, más que: estoy bloqueada. Estoy bloqueada. Yo, que siempre había dicho que no le tenía miedo al papel en blanco, y de repente me entra el terror a no tener nada que decir. Nunca. Pero es absurdo, Marina, es absurdo; son muchos años, muchos folios como este llenos a reventar de times new roman fuente 12. Vas a volver a escribir, porque la vida tiene muchas cosas, es perra y dura, pero es generosa a manos llenas. Los árboles tienen decenas de frutos. Las gatas paren camadas de un montón de cachorrillos. Y el destino cruza en el camino de las buenas escritoras materia viva que le sirva de barro para construir a sus criaturas.
Materia viva, como qué.
Como frases como esta, que me hacen pensar que, finalmente, las musas sólo existen para no estar nunca del todo ahí. O como esta sensación insidiosa de finales de vacaciones, de saber que no has hecho NADA de lo que debías y te esperan los profesores dispuestos a echársete encima como buitres examinadores. También de esta materia gris y casi inasible que es la angustia se construye la literatura, aunque sólo sea para tratar de licuarla.
¿Qué más me regala la vida? Pues a mis amigas, imagino, que se me lanzan encima borrachas a las seis de la mañana a darme besos y abrazos porque estoy mala y me encuentro fatal, o que bailan conmigo en la cocina mientras nos olvidamos de que el agua para la pasta está hirviendo desde hace un rato, o que ríen, ríen mucho y ríen conmigo.
Escribe, niña, escribe, me dicen tito Hem y otros desde el cielo de los escritores (un lugar muy bohemio, con mucho tabaco no cancerígeno - total, ya no hay cuerpo que cuidar - y muchos cafés y cubatas). Escribe, tonta, que están ahí enfrente, los veas o no. Mira el humo de las cáscaras de las mandarinas quemándose en la chimenea, ¿no lo ves? Es la luz helada de las mañanas de navidad colándose por tu persiana, mientras tú remoloneas, porque no es que quieras seguir durmiendo; es que quieres seguir soñando. Sales al centro, iluminado y vistoso como una bombonera, y hay niños que forman enormes corros en cuyo centro un payaso hace trastadas antiquísimas y aplaudidísimas. Mira, me dice tito Hem, la forma en que esos niños golpean las manos, clap clap clap clap, y chillan alborozados, sin que haya nada mucho más importante que ese momento, que la siguiente caída del payaso o que la siguiente broma que le gastará a su amigo tonto.
También se puede escribir en navidad, me dicen todos, los vivos y los muertos. Bucea bajo la alegría y el buenrollismo, excava en las montañas de papel de regalo y a ver qué encuentras. Cuántos corazones agrietados, cuantas soledades cotidianas, cuantas alegrías inimitables… Porque la navidad será lo que sea, pero yo estoy segura que que cuando una familia se sienta a la mesa, y los cuñados bromean aunque no se traguen, y las mujeres cotillean y regañan a los niños, y los hombres hablan de los nuevos avances tecnológicos… Para esa familia esa es SU navidad, es el aire que ellos están respirando en ese momento y que no es de nadie más, por mucho que nos esforcemos en estereotipar, en clasificar, en reducir las emociones a fuerza de saberlas repetidas. Mi abuela es MI abuela, y estoy segura de que ninguna como ella se come la sopa a cucharaditas pequeñas, prueba un poco de cordero y luego se sienta en el sofá a esperar su tajada de tiramisú, mientras escucha a unos y a otros desde sus audífonos de reciente implantación. Mis primas son MÍAS, y apuesto a que nadie baila Maria Isabel (o lo que sea) mejor que ellas.
No sé de qué va esto, pero lo voya postear, más que nada porque llevo mucho tiempo sin, como dice Golfo, daros de leer, y aunque esto no sea lo más currado del mundo, a lo mejor lo disfrutáis algo. Si es así, hacédmelo saber, que una escritora sin comentarios es como un domingo sin sol, o como una vieja sin transistor.
Mis deditos oxidados comienzan a ir algo más suaves. El viejo tres en uno de no pensar demasiado.
Ahora mismo estoy un poco en punto muerto. En ese círculo vicioso de no escribo-y cuando escribo no me sale-así que escribo aún menos-y cuando escribo me sale aún peor. Tecleo oxidada, obtusa, espesa. Parece que en lugar de deslizar fluidas frases esté incrustando ladrillos con gruesas capas de cemento.
Entonces confío. Pienso en tito Hem y confío. “No te preocupes. Hasta ahora has escrito y seguirás escribiendo. Lo único que tienes que hacer es escribir una frase verídica. Escribe una frase tan verídica como sepas”.
No tiene por qué suceder exactamente ahora... A lo mejor ahora no encuentro una frase verídica que escribir aquí, más que: estoy bloqueada. Estoy bloqueada. Yo, que siempre había dicho que no le tenía miedo al papel en blanco, y de repente me entra el terror a no tener nada que decir. Nunca. Pero es absurdo, Marina, es absurdo; son muchos años, muchos folios como este llenos a reventar de times new roman fuente 12. Vas a volver a escribir, porque la vida tiene muchas cosas, es perra y dura, pero es generosa a manos llenas. Los árboles tienen decenas de frutos. Las gatas paren camadas de un montón de cachorrillos. Y el destino cruza en el camino de las buenas escritoras materia viva que le sirva de barro para construir a sus criaturas.
Materia viva, como qué.
Como frases como esta, que me hacen pensar que, finalmente, las musas sólo existen para no estar nunca del todo ahí. O como esta sensación insidiosa de finales de vacaciones, de saber que no has hecho NADA de lo que debías y te esperan los profesores dispuestos a echársete encima como buitres examinadores. También de esta materia gris y casi inasible que es la angustia se construye la literatura, aunque sólo sea para tratar de licuarla.
¿Qué más me regala la vida? Pues a mis amigas, imagino, que se me lanzan encima borrachas a las seis de la mañana a darme besos y abrazos porque estoy mala y me encuentro fatal, o que bailan conmigo en la cocina mientras nos olvidamos de que el agua para la pasta está hirviendo desde hace un rato, o que ríen, ríen mucho y ríen conmigo.
Escribe, niña, escribe, me dicen tito Hem y otros desde el cielo de los escritores (un lugar muy bohemio, con mucho tabaco no cancerígeno - total, ya no hay cuerpo que cuidar - y muchos cafés y cubatas). Escribe, tonta, que están ahí enfrente, los veas o no. Mira el humo de las cáscaras de las mandarinas quemándose en la chimenea, ¿no lo ves? Es la luz helada de las mañanas de navidad colándose por tu persiana, mientras tú remoloneas, porque no es que quieras seguir durmiendo; es que quieres seguir soñando. Sales al centro, iluminado y vistoso como una bombonera, y hay niños que forman enormes corros en cuyo centro un payaso hace trastadas antiquísimas y aplaudidísimas. Mira, me dice tito Hem, la forma en que esos niños golpean las manos, clap clap clap clap, y chillan alborozados, sin que haya nada mucho más importante que ese momento, que la siguiente caída del payaso o que la siguiente broma que le gastará a su amigo tonto.
También se puede escribir en navidad, me dicen todos, los vivos y los muertos. Bucea bajo la alegría y el buenrollismo, excava en las montañas de papel de regalo y a ver qué encuentras. Cuántos corazones agrietados, cuantas soledades cotidianas, cuantas alegrías inimitables… Porque la navidad será lo que sea, pero yo estoy segura que que cuando una familia se sienta a la mesa, y los cuñados bromean aunque no se traguen, y las mujeres cotillean y regañan a los niños, y los hombres hablan de los nuevos avances tecnológicos… Para esa familia esa es SU navidad, es el aire que ellos están respirando en ese momento y que no es de nadie más, por mucho que nos esforcemos en estereotipar, en clasificar, en reducir las emociones a fuerza de saberlas repetidas. Mi abuela es MI abuela, y estoy segura de que ninguna como ella se come la sopa a cucharaditas pequeñas, prueba un poco de cordero y luego se sienta en el sofá a esperar su tajada de tiramisú, mientras escucha a unos y a otros desde sus audífonos de reciente implantación. Mis primas son MÍAS, y apuesto a que nadie baila Maria Isabel (o lo que sea) mejor que ellas.
No sé de qué va esto, pero lo voya postear, más que nada porque llevo mucho tiempo sin, como dice Golfo, daros de leer, y aunque esto no sea lo más currado del mundo, a lo mejor lo disfrutáis algo. Si es así, hacédmelo saber, que una escritora sin comentarios es como un domingo sin sol, o como una vieja sin transistor.
Mis deditos oxidados comienzan a ir algo más suaves. El viejo tres en uno de no pensar demasiado.
sábado, 31 de diciembre de 2005
En blanco
Siento la falta de actualizaciones últimamente. Simplemente, no sé me ocurre qué contaros.
Pasadlo muy bien esta noche y entrad al 2006 con buen pie. Muchos besos desde este humilde rincón de la blogosfera.
Pasadlo muy bien esta noche y entrad al 2006 con buen pie. Muchos besos desde este humilde rincón de la blogosfera.
sábado, 24 de diciembre de 2005
X-mas
Puesto que ayer tardé exactamente el tiempo que dura un empaste en enamorarme perdidamente de mi (joven y guapo) dentista, he decidido dejar el drama y volver a mi escritura alegre y libre de trágicos amantes perdidos.
Porque, como dice mi padre, "tíos hay más que botellines del Águila".
Así que, tomad nota, SE ACABARON los post en segunda persona y los mensajes enviados al vacío como esperanzadas botellas de náufrago. Marina is back.
Por otro lado, feliz navidad.
Paz, amor y flores para todos.
Porque, como dice mi padre, "tíos hay más que botellines del Águila".
Así que, tomad nota, SE ACABARON los post en segunda persona y los mensajes enviados al vacío como esperanzadas botellas de náufrago. Marina is back.
Por otro lado, feliz navidad.
Paz, amor y flores para todos.
martes, 20 de diciembre de 2005
Pasando página
Mañana me voy de vacaciones de navidad. Ya sabéis: llenar la maleta hasta que casi reviente, vaciar la nevera, cortar la luz y el agua. Luego mi casa, con mi madre preparándome zumos y mi hermano jugando a la play en su cuarto, los adornos de navidad, las siestas junto a la chimenea, los paseos por Málaga nocturna, iluminada, bellísima. Deambular junto a los puestecillos del parque, comprar regalos, hacer tiramisú para la cena de Nochebuena.
A lo tonto a lo tonto, ya ha pasado una etapa del año: la que va de octubre a diciembre, que es alegre y despreocupada porque aún no le ves las orejas al temible lobo que son los exámenes. Cuando vuelva a sentarme en esta mesa, tendré a febrero mirándome avieso desde la esquina del calendario. Ahora mismo no; ahora mismo, me creo que me sobra tiempo y me puedo dedicar a perderlo un poco.
Pienso en cómo han sido estos tres meses. Ha sido un tiempo de mucha juerga, demasiada; de saltarme clases, de ir a la cafetería, de dormir hasta tarde. También he tenido madrugones, desayunos a oscuras en la cocina, caminatas heladas desde mi casa a la parada del autobús. Me veo en el salón charlando con mis compañeras, en la cocina fregando platos con Ana, en mi cuarto dormitando bajo el nórdico las mañanas de domingo.
Sobre todo ha sido época de ti (oh, TÚ, protagonista de mis últimos posts, el Omnipresente, el Innombrable). De conocerte, de ilusionarme, de desilusionarme y volverme a ilusionar. Lo último ha sido la desilusión. Pero también ha habido caminatas de tu casa a la mía, bajo la lluvia, en la mañana, despeinada y con una media sonrisa en los labios. Y viajes en coche escuchando tu música y tu voz traduciéndome las canciones. Y sexo caliente y móvil, juguetón, insaciable. Y llamadas de teléfono, y mensajitos de móvil, y conversaciones de messenger. Y muchas palabras.
Ya todo eso pasó, y espero entusiasmada a que llegue el año nuevo. Traerá exámenes, nervios, cafés y risas en la biblioteca. Traerá el lento camino que lleva del frío que nos castiga ahora al calor que nos aturdirá a final de curso. Traerá más Tús que se merezcan serlo más que tú. Por supuesto, traerá también desengaños, decepciones, mañanas grises, noches en vela. Pero espero que venga cargado de otras mañanas de esas en las que te levantas pegado al cuerpo de alguien, notando cómo su vientre roza tu espalda cuando respira, o cómo tu cabeza sube y baja sobre su pecho.
Qué sé yo, qué más da, si venga lo que venga vamos a acabar igual: reduciéndolo todo a palabras como éstas.
O agrandándolo, quién sabe.
A lo tonto a lo tonto, ya ha pasado una etapa del año: la que va de octubre a diciembre, que es alegre y despreocupada porque aún no le ves las orejas al temible lobo que son los exámenes. Cuando vuelva a sentarme en esta mesa, tendré a febrero mirándome avieso desde la esquina del calendario. Ahora mismo no; ahora mismo, me creo que me sobra tiempo y me puedo dedicar a perderlo un poco.
Pienso en cómo han sido estos tres meses. Ha sido un tiempo de mucha juerga, demasiada; de saltarme clases, de ir a la cafetería, de dormir hasta tarde. También he tenido madrugones, desayunos a oscuras en la cocina, caminatas heladas desde mi casa a la parada del autobús. Me veo en el salón charlando con mis compañeras, en la cocina fregando platos con Ana, en mi cuarto dormitando bajo el nórdico las mañanas de domingo.
Sobre todo ha sido época de ti (oh, TÚ, protagonista de mis últimos posts, el Omnipresente, el Innombrable). De conocerte, de ilusionarme, de desilusionarme y volverme a ilusionar. Lo último ha sido la desilusión. Pero también ha habido caminatas de tu casa a la mía, bajo la lluvia, en la mañana, despeinada y con una media sonrisa en los labios. Y viajes en coche escuchando tu música y tu voz traduciéndome las canciones. Y sexo caliente y móvil, juguetón, insaciable. Y llamadas de teléfono, y mensajitos de móvil, y conversaciones de messenger. Y muchas palabras.
Ya todo eso pasó, y espero entusiasmada a que llegue el año nuevo. Traerá exámenes, nervios, cafés y risas en la biblioteca. Traerá el lento camino que lleva del frío que nos castiga ahora al calor que nos aturdirá a final de curso. Traerá más Tús que se merezcan serlo más que tú. Por supuesto, traerá también desengaños, decepciones, mañanas grises, noches en vela. Pero espero que venga cargado de otras mañanas de esas en las que te levantas pegado al cuerpo de alguien, notando cómo su vientre roza tu espalda cuando respira, o cómo tu cabeza sube y baja sobre su pecho.
Qué sé yo, qué más da, si venga lo que venga vamos a acabar igual: reduciéndolo todo a palabras como éstas.
O agrandándolo, quién sabe.
sábado, 17 de diciembre de 2005
Encuentra los siete errores
Primer error: hacer botellón en Granada, al aire libre y el pleno mes de diciembre.
Segundo error: escuchar las canciones que me ponía en el coche.
Tercer error: mientras oigo la música, recordar (leve pero deliberadamente) su forma de hacer el amor.
Cuarto error: publicar esto en un sitio donde él puede leerlo y creerse que le pienso un poco.
Quinto error: confundir las coliflores con bechamel con la bechamel con coliflores.
Sexto error: bloguear sin sentido como si caminara, errabunda, por calles que no conozco.
Séptimo error: dedicarme a la autocompasión pública.
Resultado: dolor de garganta, escozor en los ojos, náuseas y la inquietante sensación de que aún estaré un tiempo echándole de menos.
Segundo error: escuchar las canciones que me ponía en el coche.
Tercer error: mientras oigo la música, recordar (leve pero deliberadamente) su forma de hacer el amor.
Cuarto error: publicar esto en un sitio donde él puede leerlo y creerse que le pienso un poco.
Quinto error: confundir las coliflores con bechamel con la bechamel con coliflores.
Sexto error: bloguear sin sentido como si caminara, errabunda, por calles que no conozco.
Séptimo error: dedicarme a la autocompasión pública.
Resultado: dolor de garganta, escozor en los ojos, náuseas y la inquietante sensación de que aún estaré un tiempo echándole de menos.
miércoles, 14 de diciembre de 2005
¿Alguien me lo explica?
Vale que no me gustan los blogs cuentavidas, pero a ver si alguien me soluciona este acertijo.
Mi vida sentimental es igual a:
- Si me gusta y me conviene, no me pone.
- Si me pone, no me gusta ni me conviene, y además es un cabrón.
- Si me pone y me gusta, se quiere ir con su ex.
- Si ni me pone ni me gusta, se enamora de mí hasta los huesos.
- Y si me pone, me gusta, se enamora de mí hasta los huesos, le quiero con locura y es el tío más bueno del planeta... me aburro y le dejo.
Hay que joderse.
Mi vida sentimental es igual a:
- Si me gusta y me conviene, no me pone.
- Si me pone, no me gusta ni me conviene, y además es un cabrón.
- Si me pone y me gusta, se quiere ir con su ex.
- Si ni me pone ni me gusta, se enamora de mí hasta los huesos.
- Y si me pone, me gusta, se enamora de mí hasta los huesos, le quiero con locura y es el tío más bueno del planeta... me aburro y le dejo.
Hay que joderse.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)