massobreloslunes: Recicla tus miserias (Accidente III)

jueves, 1 de junio de 2006

Recicla tus miserias (Accidente III)

Puesto que no se me ocurre nada que contaros, voy a recurrir al viejo truco de publicar algo antiguo y así ir haciendo tiempo hasta que a mi musa particular le dé por currárselo un poco. Se trata de Accidente III, descrito por el conductor de la ambulancia. Quería hacerle algunos cambios, pero no he encontrado el tiempo (ni las ganas), así que os lo pongo tal cual, a ver qué os parece. A los que no sepáis nada de mi alegre y optimista serie sobre un accidente de tráfico, os remito a la versión de la víctima y a la del testigo para que os enteréis bien de la historia. Hale, a cuidarse.


EL CONDUCTOR DE LA AMBULANCIA

Podría hacerlo mucho mejor sin la sirena, pero claro, la sirena es necesaria. Sin ella no se abrirían ante mí los carriles del coche, como el mar frente a Moisés, ¿o era Abraham? Pero me da jaqueca ese continuo ninonino de película de gangsters. La gente lo oye por la calle durante unos segundos: primero difuso, y todo el mundo mira alrededor para ver por dónde viene la ambulancia. Luego, atronando junto a tu coche o pasando justo por delante de ti en el paso de cebra. Después, alejándose, dejando detrás un reguero de viejas que se santiguan o de hombres hipertensos que cruzan los dedos esperando que la próxima vez no les toque a ellos.

Conducir ambulancias no es difícil; lo puede hacer cualquiera. Teniendo en cuenta que en este país nadie respeta ni señales, ni semáforos, ni carriles, ni Cristo que lo fundó, se sentirían a sus anchas pudiendo saltarse todo eso de forma legal.

Hoy tenemos un siniestro, como le dicen los de centralita, con un chico inconsciente y una chica herida. No tardamos mucho en llegar al lugar del accidente, porque no está muy lejos del hospital y hay poco tráfico; deben de ser las doce de la mañana, o así, y curiosamente parece haber más gente trabajando en su oficina que ganduleando por ahí con el coche.

Salgo de la ambulancia para lo de siempre: apartar curiosos y echar una mano si Chema o Jordi me necesitan. Yo de medicina ni puta idea; me metí en esto porque siempre me han gustado los coches, siempre, desde que era pequeño, y la idea de pasarme todo el día conduciendo como un salvaje sin que me multen por ello me gustaba un montón. Aún me sigue gustando.

Hay muchísima gente alrededor del estropicio este. Un tonto en un Ibiza ha embestido por detrás a los otros dos, que se habían parado delante del semáforo. Mala hora para tener un accidente, chavales, pienso, porque a esta hora los que están en la calle es porque tienen poco que hacer, así que se frotan las manos de pensar en tener un espectáculo gratis como éste.

La chica está fuera del coche con los pantalones manchados de sangre. Es bastante guapa, y no llora, ni se queja; sólo mira de un lado a otro, asustada como un animalillo. El chico se ha quedado dentro en una postura rara, aún en su asiento pero inclinado sobre el del copiloto. Chema y Jordi se colocan a ambos lados del coche con las puertas abiertas y lo sacan con cuidado hasta ponerle en el suelo. Ella intenta colocarse a su lado, pero los otros dos no le dejan, liados como están en tomarle el pulso, mirarle las pupilas y todas esas cosas que ellos saben hacer y que a mí me hacen sentir como dentro de una serie americana. Así que la pobre se acerca a mí, que sigo conteniendo a la muchedumbre de marujas acechantes, y me mira con unos ojos enormes, desolados.
- ¿Se va a poner bien? – habla raro, apenas puedo entenderla. Parece que se ha hecho daño en la boca, porque le sale sangre por la comisura de los labios.

Me pasa siempre. La gente se cree que yo también soy médico y me pregunta. Me entran ganas de decir que no sólo no tengo ni idea de si se va a poner bien, sino que dudo de que los mismos médicos lo puedan saber cinco minutos después de llegar. De todas formas, me da pena la chica, tan pálida, con su boca herida y sin que nadie le haga demasiado caso. Lógico, por otra parte, teniendo en cuenta que el otro es un fiambre potencial y ella, al menos, camina y respira solita.
- No lo sé, pero bueno, habéis tenido suerte… hemos llegado pronto y el hospital está aquí al lado. Normalmente, mientras antes se atienda al herido, mejor.

No sé qué más decirle, pero a ella parece consolarle lo suficiente mi frase, porque medio sonríe.
- ¿Qué te has hecho tú? – le pregunto.

Abre la boca y saca la lengua, que apenas se ve debajo de la sangre. Parece que quiere que yo la cure, o algo. Miro a Jordi y a Chema, que están colocando al chaval en la camilla, y opto por coger un par de gasas y pasárselas a la chavala para que se limpie un poco la sangre, al menos. No sé qué se hace con una lengua partida, ¿un torniquete?
- Supongo que habrá que darte puntos – aventuro.

En cualquier caso, estos dos ya están subiendo al chaval a la ambulancia y poniéndole oxígeno.
- ¿Y ella? – pregunto.
- Que se venga y la miramos allí – Chema parece agobiado. No tiene buena pinta el pobre chico, no.
- Venga, sube – hago un gesto con la cabeza y la miro. Ha empapado las gasas y ahora está casi ridícula, sosteniéndolas aún contra su boca herida, con los pantalones llenos de sangre como si hubiera sido atacada por una menstruación descomunal.

Se encarama a la parte trasera y se queda mirando al chico sin tocarle. Jordi sube detrás, cierra la puerta (los curiosos se quejan, defraudados) y yo, que me he quedado un poco atontado mirando a la chica, recuerdo que sin mí no salen y ocupo mi puesto a toda prisa.

La parte de atrás está separada de la de delante y no puedo oír ni ver nada de lo que pasa. Creo que tiene que ver con que no me distraiga. En silencio, ruego al dios de las ambulancias y de las series americanas para que el chico no palme, porque me da mucha pena ella, tan bonita y tan dócil, tan sin lágrimas.

Llegamos al hospital y sacan al chaval echando leches. No, no debe de estar muy bien, hasta yo puedo deducirlo. Ella se queda de pie en el aparcamiento, desorientada. Una enfermera se le acerca y le hace gestos para que la acompañe. Antes de irse, se acerca a mí, que también estoy de pie mirando la escena.
- ¿Puedes avisar a este número de lo del accidente? – otra vez me cuesta entenderla, y me lo tiene que repetir varias veces antes de que lo pille.
- Sí, claro.

Es un nombre de mujer y un número de móvil. Debajo aparece el nombre del chaval, Diego, rodeado con un círculo. Antes de que me dé tiempo a preguntarle cómo se llama ella, se va detrás de la enfermera, cabizbaja, sujetando aún la gasa empapada como si fuera una especie de amuleto.
Yo pienso que me muero de ganas de echarme un cigarro.

9 comentarios:

  1. Buenas Marina, me ha encantado! Yo no había leído los anteriores y ahora acabo de leer toda la serie... me ha gustado mucho! (Sobre todo, la versión de la chica y la del conductor)
    Un besico.

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  2. por fin!!!la tercera parte de accidente!!! me ha gustado mucho esta parte y no sé, pienso que se complementa muy bien con las otras tres. Lo que más me gusta es que cada uno relata su verdad, lo que ve, sin olvidarse del contexto que lo rodea, su sencaión y sus sentimientos. Esto hace que no se pueda saber todo, ni la verdad absoluta; es como las noches de borrachera descomunal en las que cada persona te aporta un dato, pero en las que siempre queda la incertidumbre de si metiste la pata o hiciste el ridículo delante de aquella persona que tanto te preocupa.

    muy buen trabajo mopi!!!besitoss

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  3. ah!!!bueno lo que voy a decir es una GRAN chorrada, pero que me gustaria que comentaras el comentario que te he dejado, pues siempre que veo: marina dice, pienso que way!!!yo tambien quiero; asi que aunque nunca lea los comentarios atrasados, la próxima vez que me conecte lo haré, y espero tu respuesta, nena. chao, baby.

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  4. mmm...me rompio el corazon la situacion d la niña...aaah...cuanto kisiera saber ke esta bn!!!:P...me gusto mucho marina! especialmente al final...cuando el conductor casi continua su rutina con un cigarro...bnisimo

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  5. Muy original la visión del conductor. Me ha gustado mucho, aunque mi favorita es la segunda...¡Benditas conversaciones de verdulería!;)

    Besos

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  6. Muy original la visión del conductor. Me ha gustado mucho, aunque mi favorita es la segunda...¡Benditas conversaciones de verdulería!;)

    Besos

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  7. Muy original la visión del conductor. Me ha gustado mucho, aunque mi favorita es la segunda...¡Benditas conversaciones de verdulería!;)

    Besos

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  8. Muy original la visión del conductor. Me ha gustado mucho, aunque mi favorita es la segunda...¡Benditas conversaciones de verdulería!;)

    Besos

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  9. http://www.fotolog.com/jornadabalne/

    Atención Malagueños, creo que más de uno se sentirá ligado a este escenario... así que dejo esta dirección por si os interesa.

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