massobreloslunes: paraules

lunes, 18 de diciembre de 2006

paraules

Tener a una erasmus en casa te hace caer en la cuenta de que lo que sale de tu boca son palabras que componen un idioma: tu idioma. Antes de decirle a Sarah cualquier cosa, la paladeo un poco antes, calibro las expresiones que voy a utilizar, los verbos, el grado de coloquialidad de las palabras. Hay que ser sencillo, ir a la raíz. Identificar qué palabras son fáciles, cuáles no; cuáles son homófonas y podrían confundirla; cuál es el antónimo de tal o cual vocablo difícil, porque a veces las cosas se definen mejor con sus contrarios. De repente te das cuenta de que expresiones como “es un fantasma” o “eso me resbala” son auténticos artilugios de doble filo que no tienen ningún sentido a no ser que comprendas que no dicen lo que en principio parecen querer decir.
Hablo con Sarah y le envidio ese aprendizaje de mi lengua. Me entran ganas de aprender yo también una lengua nueva, porque hay algo un poco mágico en hacerlo. Aprendes a construir frases como quien emplea piezas de lego, ensamblas unas palabras con otras, las lanzas y te entienden. Tu cerebro hace un montón de nuevas conexiones y construye el mismo universo que tú ya conocías, sólo que de forma diferente.
Yo aprendí catalán cuando fui a Barcelona. Vale, habrá quien diga que eso no es lo mismo, que el catalán se parece mucho al castellano y que te puedes hacer entender si no sabes algo. Sí, pero igualmente es un idioma distinto, con sus reglas, sus conjugaciones y su vocabulario. Además, yo me lo tomé con seriedad de filóloga. Analizaba todas y cada una de las expresiones que aprendía. Relacionaba etimologías, desempolvaba mi latín de bachillerato y me preguntaba, por ejemplo, por qué la palabra genus se convirtió en genoll en catalán y, sin embargo, pasó al castellano con ese nombre tan poco elegante de rodilla (cuando una es friki de la lengua, es friki). Y era como magia cuando yo aparecía en el mercado de Sabadell, con mi supercarrito de maruja comprado en el Alcampo, y empezaba a pedirle al amable señor del puesto: de pomes, un kilo, si us plau… i cinq cebes, i unes maduixes que no estiguin massa verts, i… dona’m també dos pebres, i un carbassó, i un kilo de tomáquets. Y, mágicamente, el señor me llenaba las bolsas y aparecía lo que yo había pedido: manzanas, cebollas, fresas, pimientos, un calabacín, un kilo de tomates. Y el señor me sonreía y yo me marchaba, orgullosa, porque para conocer a un pueblo hay que conocer su lengua, y por eso yo me empeñé en aprender catalán aunque, al final, haya resultado tan decorativo e inútil como, digamos, una licenciatura de filología clásica.
Al final digo yo que se acaban amando todas las lenguas que se conocen, ¿no? Porque yo, que soy más andaluza que una peineta y que creo que no voy a volver jamás a Cataluña, acabé por querer a ese idioma que todos dicen que es tan feo y que sólo les escuchan a los políticos a la hora del telediario. Y me da mucha pena que a nadie le importe que yo sepa que en catalán echar de menos se dice trobar a faltar, y que encuentro precioso ese quiebro lingüístico en el que, como decía F., “te busco y encuentro que me faltas”. O que entero se dice sencer, así que una persona sincera es, de alguna forma, una persona entera. O que gustar se dice agradar y querer se dice estimar, y es difícil asignarle sus significados, tan primarios, a esas palabras tan pulcras y tan anticuadas.
Aprender otro idioma te hace revisar el tuyo, caer en la cuenta del peso de las palabras, paladearlas y tener ganas de seguirlas desde que nacieron, en forma de balbuceo gutural de algún cavernícola, hasta que han llegado a nosotros, pulidas, con un significado definito, listas para ser usadas una y mil veces, hasta que nos hartemos. Y mira que yo soy poco de virtuosismo lingüístico, que me tocan las narices los alardes formales que tanto parecen entusiasmar a la mayoría de los escritores de este nuestro país. Pero no se puede negar que se escribe con palabras, con palabras útiles y precisas, variadas y, a veces, casi tangibles. Así que hoy he decidido desenterrar mis prejuicios y escribir este texto hablando sólo de esos entes incorpóreos que son las palabras. Vosotros juzgaréis qué tal ha quedado.

3 comentarios:

  1. Precioso, te ha quedado precioso. y estoy totalmente de acuerdo aunque nunca lo hubiera podido expresar con esa finura.
    Pero mira que es difícil comentar en tu blog eh?
    Saludos de una nueva lectora.

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  2. mopiwoman, voy a tener que dejar de leer articulos pasados y ponerme de nuevo a estudiar.

    A mi me pasa un monton lo que dices con los guirs que vienen a mi casa, y lo mejor de todo es explicarles cosas que tu tienes que redescubrir. Como por ejemplo cuando se utiliza "por" y cuando "para", es algo que en otros idiomas no existe y a base de fijarte en como lo empleas en tus frases cotidianas sacas la regla!!y es bastante gratificante.

    Hace poco descubrimos que en italiano se dice:oggetti trovati(objetos encontrados) en vez de objetos perdidos, lo cual tiene bastante mas logica, porque si estan perdidos como es que ellos los tienen almacenados en un departamento??

    i love you

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  3. M'ha agradat moltíssim aquest post. Ha sigut molt cautivador, una abraçada :)

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