massobreloslunes: Tiempo

domingo, 3 de diciembre de 2006

Tiempo

Este fin de semana me he quedado en Granada.
La forma tan maravillosa que tiene mi Langosta de hacer pasar las horas junto a él me ha llevado a Málaga cada uno de mis fines de semana desde que empezó el curso. Aunque defiendo una cierta independencia, qué queréis que os diga; terminar las clases del viernes, comer un bocata rápido en la estación y volar en autobús a su lado es de las cosas más bonitas que una puede hacer con su tiempo libre.
No obstante, como el martes empieza un superpuente y yo tenía algunas cosillas que hacer aquí, este fin de semana me he quedado en Granada. Ha sido raro, no os creáis, remolonear en una cama que hasta ahora sólo me había servido para madrugar; dejar pasar las horas sin medir cuánto tiempo me queda libre para hacer esto o lo otro antes de meterme en la cama. El viernes me tiré en el sofá y me leí dos libros seguidos: “Los Santos Inocentes”, de Delibes, y “Biografía del Hambre”, de Amélie Nothomb. Vaya con Delibes, con lo que yo le había criticado y lo muchísimo que me ha gustado el libro. En cuanto a la belga, está chiflada, no hay más que hablar, pero no deja indiferente.
El sábado por la mañana desayuné chocolate con churros en el Café Fútbol. Lo mejor del Café Fútbol, sin duda, es su terraza, extendida al sol sobre la Plaza de Mariana Pineda; el sábado, sin embargo, también tenía su encanto llegar de la calle fría y un poco nublada y meterse en su interior medio modernista, con el dibujo de la mujer de las pestañas carnívoras en la pared del fondo. Lo malo de las terrazas es que se dispersa el olor; en las cafeterías interiores siempre está esta deliciosa concentración de aroma a churros, a café, a tostada y a humo.Tendríais que haberme visto, toda pequeña, con los ojos aún pegados de sueño y mi inequívoco aspecto de no haber sobrepasado los quince años. La gente me miraba con lástima mientras yo empezaba “Las partículas elementales”, de Houellebecq, bastante indiferente a que el camarero me hiciera o no caso. Engullí tres churros y un chocolate mientras pasaba las páginas del libro y oía, como de fondo, las voces de los granadinos animosos que desayunan en la calle los fines de semana.
He tenido tiempo para todo en estos dos días. He limpiado los dos dedos de polvo que se acumulaban en las estanterías de mi cuarto. He visto capítulos de Sexo en Nueva York, embutida en mi maravilloso nórdico con funda de burbujas azules. He dormido siestas resacosas hasta arriba de analgésicos, rezando para que la cabeza dejara de martillearme. He dudado existencialmente entre comprar una chaqueta naranja o una roja. Me he emborrachado un poquito y he jugado horriblemente mal al futbolín (aunque metí tres goles preciosísimos, que conste). He visto una peli y media y dormido la otra media.
No está mal tomarse unas vacaciones de amor de vez en cuando. Aunque sólo sea para darse un buen atracón de horas y de soledad y esperar, como espero hoy yo llena de ilusión, a que él aparezca mañana en la puerta de casa a robarme todo el tiempo del mundo.

2 comentarios:

  1. "vacaciones de amor" (jejé, me gustó)... a mi el amor me ha hecho perder el tiempo de una manera tan exagerada que no es que haya tomado vacaciones de amor, es que directamente me jubilé... y no veas lo mucho que da una mañana, una tarde, una noche, una madrugada y toda una ciudad sin amor... da... dan ganas de llorar!!

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