massobreloslunes: Quiero hibernar

martes, 12 de diciembre de 2006

Quiero hibernar

Acabará el invierno y encontraréis mi cuerpo tras el deshielo. Frío aterido, que no me deja hacer mucho más que pegarme al radiador y temblar un poco para entrar en calor. Frío del agua del grifo, de la taza del váter. Frío de vaho saliendo de nuestras bocas en plena cocina, a las tres de la tarde, mientras se cuece una fideuá con los últimos restos de la bombona de butano.
Frío, sobre todo, por las noches, encogida bajo el nórdico modelo islandia que me ha prestado Ana. Me hago un ovillo, me concentro para general calor con los cuarenta y cinco kilos de mi cuerpo y me basta estirar un poco el pie, girar la cabeza o deslizar ligeramente el edredón para sentir el helor que se extiende más allá de los límites de la frágil calidez que he conseguido crear.
Dos semanas idiotas, suspendidas entre un puente y la navidad. Dos semanas con febrero penduleando sobre nosotros como una espada de Damocles y las vacaciones en medio, acolchándonos con la seguridad engañosa del “ya lo haré luego”. Semanas de cargar la mochila de libros en la biblioteca, de ver películas acurrucada bajo el nórdico, de alimentarse de sopinstant y palomitas de maíz.
Para el próximo día de taller tengo que escribir sobre el Albaycín pensando en el mar. El título será “marbayzín” (no es mío). No sé ni por dónde empezar. Quiero comenzar por algo como esto:
“A los países encantados de los cuentos se entra por los espejos, por las trampillas, por puertas secretas escondidas en la base de los árboles. A marbayzín, mi Albayzín, mi propio mundo mágico, se entraba por un rincón que sólo tú y yo conocíamos, al final de la calle de las teterías, frente a una iglesia de la que aún no sé el nombre. Allí me encaminaba yo en medio de la noche, muerta de frío, solitaria como una heroína infantil. Llegaba, daba tres vueltas sobre mí misma, golpeaba con los pies el suelo empedrado y pulsaba el botón mágico del móvil. Tú bajabas desde la torre de tu palacio, aparecías por detrás de una esquina y me abrías la puerta de tu Albayzín.”
Es cursi, ¿no? Bueno, eso tampoco es malo. Tendréis que esperar un poco para verlo acabado, lo siento.

1 comentario:

  1. No es para nada cursi. Deberíamos utilizar nuestra imaginación un millón de veces más de lo que solemos utilizarla.

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