massobreloslunes: Los amores inútiles

viernes, 12 de enero de 2007

Los amores inútiles

Hace algunos años se me declaró un heavy. Un heavy de verdad, de cejas enormes, mirada hosca y pañuelo en la cabeza. Estábamos en unos campos de voluntariado en Almería. Imaginadnos: cincuenta o sesenta chavales de dieciséis años, con las hormonas en pleno revolcón y viviendo en esa atmósfera triposa de amistad eterna que se forma en los campamentos.
El heavy en cuestión, al que llamaremos por ejemplo C., estaba de voluntario en un albergue para transeuntes. Ayudaba en las duchas, repartía comidas y se sentaba a charlar con los sin techo que pasaban por allí. Yo trabajaba con niños inmigrantes y de bajo nivel socioeconómico en general, que no por ello dejaban de ser auténticos cabroncetes bastante minadores de moral. Recuerdo la desesperación con la que me encaminaba por las mañanas a mi centro social, pensando en cómo me las iba a apañar para controlar a Isaías o para que Kimberly dejase de pintarse los labios e hiciese las cuentas que le había mandado.
Por las tardes, cuando acabábamos nuestros trabajos, C. y yo charlábamos mucho. Él me contaba las historias de sus transeúntes y yo le hablaba de mis pequeños y, en ocasiones, adorables demonios. Nos sentábamos en las gradas del colegio donde nos alojábamos y hablábamos hasta que nos mandaban a todos a la cama. Yo iba a fregar mis platos a la fuente y me encontraba a C. esperándome allí, sentado en la penúltima fila, con la brasa del cigarro alumbrándole los ojos hundidos. “Qué pasa, chula”, me decía. Y yo subía y me sentaba a su lado a mirar las estrellas y a pensar en lo mucho que iba a llorar cuando nos fuéramos.
Se me declaró (qué feo suena) con honestidad, con una sencillez abrumadora. “Tú eres una de las personas más especiales que hay aquí”, me dijo “y creo que estoy empezando a sentir algo por ti”. En ese momento no estábamos en las gradas, sino en los bancos del porche, en el breve lapsus de tiempo libre que nos dejaban después de la velada nocturna para lavarnos los dientes. Yo le miré, le abracé y recuerdo su calor, y cómo algo en mí se iba dejando llevar hacia ese territorio dulce de los besos y el contacto humano. Estoy segura, segurísima, de que si esa pausa para el aseo hubiera durando diez minutos más, le habría besado. Lo sé porque yo me pongo blandita con mucha facilidad, y en aquel momento C. estaba muy guapo, con los ojos cálidos y enormes que tiene debajo del pelo crespo que se había pintado de azul. Pero nos mandaron a la cama, y allá que me fui yo, a ser cotilleada por veintitantas adolescentes curiosas y a darle vueltas en la cabeza a la propuesta de mi hombre (“tú piénsalo con calma y ya me cuentas, ¿vale?”).
El problema fue que durante la noche me enfrié y pensé que aquel heavy era demasiado heavy para mí: muy grande, muy peludo, muy oscuro. No es que fuera feo, pero no me imaginaba yo, toda rubia y chiquitilla, con aquel tipo tan amenazante. Le dije que no y ya no hablamos más (mierda de amor), y acabé liándome con un tipo bajito que se daba un aire a Alejandro Sanz y que el primer día me había caído fatal.
Me he acordado hoy porque, repasando mi lista de amores pasados y presentes, me hubiera gustado que la yo quinceañera se hubiera decidido por el heavy. Ahora sí querría haber probado el sabor de aquel tipo tan áspero, tan contundentemente tío bajo sus camisetas de ACDC y sus enormes patillas. Hay algo definitivamente romático y trágico en los heavys, en su oscuridad y su apasionamiento. Y hablando de hacer sentir cosas, creo que C. me habría hecho sentir como a una reina, aunque sólo fuera durante los quince días que duraron los campos de trabajo.
Con tal de no estudiar, hay que ver las cosas que escribo…

5 comentarios:

  1. Pero que chulada de blog te has montado!!! me encanta el dibujito!! yo quiero uno!
    Y por cierto, yo también creo que el heavi era más interesante, aunque probablemente tampoco me hubiera atrevido.

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  2. Muy buena, sobre todo para el jevi (estaría bonito que lo leyese). Lo digo además porque yo era de la especie del jevy, más enclenque y sin fumar, pero esa especie al fin y al cabo a la que solo decían que si las que no tenían tiempo de pensarselo. Aunque luego daba igual: a la mañana siguiente solían venir con aquello de "he estado pensando y "...
    Llegué a odiar sinceramente esa amistad castrante femenina. Con lo facil que hubiera sido decir que era simplemente feo (a excepción de "mis momentos" que casualmente siempre conicidían con el momento de la Gran Calabaza y ese conocido Gran Abrazo que nunca entendí).
    ....p...p..p..pppp ¡POST!

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  3. Acabar con uno "estilo Alejandro Sanz" empeora lo de rechazar al heavy!! :P

    Bueno, supongo que son de esas cosas que cuando te tocan haces lo mejor que puedes, y luego con los años ves, en perspectiva, de manera diferente.
    (A mí me preocupa pensar cómo veré en el futuro cosas que hago hoy... espero no equivocarme demasiado...)

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  4. Los heavys en tiempo fueron especies en vías de extinción, reductos de una gloriosa época de los 80. Antes incluso se les asociaba a lo marginal... nada que ver con la realidad.
    Hoy en día te puedo asegurar que son las personas más entrañables que existen dentro de las "tribus urbanas", a su rollo, sin meterse con nadie...
    Te lo digo porque conozco a muchos y son auténticos!
    Por cierto, que he estado dando vueltas por varios blogs que frecuento y he visto tu perfil en uno de los comentarios, y me he decidido a hacerte una visita.
    Como me ha encantado tu blog, te lo hago saber en este comentario, el primero de los muchos que espero hacerte si me das la venia... y te invito a que te pases por nuestro pequeño rincón, "La Ciudad Nodriza".
    Un afectuoso saludo!

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  5. Creo que aquí todos nos solidarizamos con el jevi, sí señorita... Dime que por lo menos no le dijiste: te quiero como amigo. Si lo hiciste, te dejo de hablar. En serio.
    PD: yo conozco mucho jevi y es como todo... hay capullos integrales y gente de puta madre. De todas maneras, ya llega una edad en que hay que dejarse de tribus urbanas, ¿no?

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