massobreloslunes: Vagabundeo mental

martes, 20 de marzo de 2007

Vagabundeo mental

Ayer me puse a hacer cuentas y he concluido que, en lo que llevo de curso (desde octubre) he leído entre veinticinco y treinta libros. La verdad, es una cifra mucho mayor de lo que esperaba, sobre todo porque no le dedico tanto tiempo como me gustaría. Claro, que a veces me doy atracones y me leo un libro en un día, y otras estoy mareando la perdiz durante dos semanas, dándole una y otra vez vueltas a las mismas páginas.
Posteo esto para fardar y para hacer constar ante el mundo y mí misma que no sólo he vivido una vida durante estos seis meses; he vivido, al menos, veinticinco más. Lo posteo para recordarlo durante los días en los que me parece que mi diminuta existencia no aporta nada al planeta. A veces me gustaría navegar permanentemente en un limbo de historias que no son la mía. Diría que por eso escribo, pero últimamente escribo tan poco que me parecería hipócrita soltar ese tipo de frase.

Recuerdo segundo de bachillerato. Como todos los cursos enamorados, fue un año intenso. Por aquel entonces aún no me había atacado la hipersomnia y dormía unas seis horas diarias sin nigún tipo de problema. Como amaba a F. y F. amaba y ama la música, bajaba y escuchaba sin criterio a cualquier autor que pudiera sonar medianamente culto. Me recuerdo oyendo a Rachmaninoff a las doce de la noche, escribiendo en mi diario lo muchísimo que adoraba a F., pensando que quería quedarme para siempre en aquella euforia insomne de música y letras que para mí era la verdadera vida. Aquel año descubrí el realismo sucio y quise ser como Carver, y me avergoncé infinitamente de mis desvergonzadas metáforas adolescentes. Por entonces yo tenía la invulnerabilidad de los héroes, de quien aún no se ha equivocado, de la satisfacción que da haber seguido siempre el camino recto pisando fuerte y con garbo. Luego descubrí que la vida es como una mapa de carreteras complicadísimo y que, como dicen en Habana Blues, vivir es elegir.
Ayer me dijo mi langosta: "hay que vivir con ligereza. Si no todo se vuelve demasiado complicado". A veces recuperar la ligereza, perder la solemnidad y deslizarse sin esfuerzo por la vida es lo más difícil. En todo arte, ya sea baile, o música, o literatura, el reto es que parezca que no nos cuesta nada. Yo admiro a aquellos a quienes parece que no les cuesta la vida e intento imitarlos, sonreír todo el rato, tomar el sol en mi balcón. Poco a poco, me voy a deshaciendo del victimismo, de la metafísica de todo a cien y de los litros y litros de madejas de pensamiento que me enmarañan el espíritu.
La yo de diecisiete años era feliz, pero era una prefelicidad sin ninguna clase de mérito. Si la yo de veintiuno consigue ser postfeliz, después de la soledad, del miedo y del aterrador silencio de las cosas, eso sí que será algo digno de mención.

1 comentario:

  1. No digas que tu diminuta existencia no cambia nada... cualquier cosa, por insignificante que sea, puede tener consecuencias trascendentales. Todos somos capaces de crear un efecto mariposa, en el momento menos pensado.
    Salud/OS!
    Por cierto, hemos mudado el blog, lo digo para que actualices blogroll-direcciones-favoritos-whatever... ahora estamos en http://ciudadnodriza.com
    Nos leemos!!

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