massobreloslunes: Dios no es malo, es un artista

miércoles, 4 de abril de 2007

Dios no es malo, es un artista

Yo creo que lo que le pasa a Dios, si es que existe Dios, es que es un poco como Alejandro González Iñárritu, es decir: que sus criaturas son sus víctimas más vapuleadas. Si tantos escritores y directores no son capaces de resistirse al impulso de emplear en sus películas el recurso de una muerte impactante, de una buena ración de sufrimiento o de una eutanasia como es debido, ¿cómo iba a hacerlo Dios, el creador supremo, el gran novelista universal?
Creo que deberíamos empezar a dejar de confundir arte con sufrimiento y disfrute con devastador impacto emocional. Como lo que pasó con "Mar Adentro". En mi opinión, España (y, viendo el resultado de los Oscars, el mundo por extensión) fue víctima de una descomunal confusión colectiva entre moral y valor artístico. Como a todos nos parecía estupendamente que Ramón Sampedro se autoadministrara el billete de ida al final del túnel, y como a todos nos resultaba ridículo el cura tetrapléjico que se esforzaba por seguir haciendo algo útil para la humanidad, concluimos en bloque, en una especie de silogismo que no termino de entender, que Mar Adentro tenía que ser por huevos un peliculón. ¿Cómo no iba a serlo una película de un señor que se pasaba treinta años en una cama y que, además, era representado por un actor que necesitaba más o menos el mismo tiempo para maquillarse a diario? Así que nada, catorce Goyas que se entregaron como quien da la hora y un Óscar para redondear la faena de chantaje emocional en masa.
El mundo es un planeta enorme y triste. Lo que a veces me hace querer tirar la toalla, y desistir de seguir a diario intentando ser buena persona y bajándome música del Soulseek, es la cantidad de modalidades de padecimiento que existen. Desde algo relativamente light como la obesidad mórbida hasta las más sádicas torturas de las dictaduras asiáticas, lo difícil es que te toque, como a mí, una vida libre de sufrimientos insufribles (valga la redundancia). Y ahora resulta que cualquier obra artística que retrate con una mínima fidelidad ese sufrimiento merece, cuanto menos, el sobrio y elocuente calificativo de "buena". Pues mirad, no, me niego. Cuando uno va al cine, se pide unas palomitas medianas a cambio de medio riñón y se sienta en una sala enorme de blanditos sillones-plex, la exhibición de un sufrimiento tan crudo y que queda, al mismo tiempo, tan lejano, le hace quedar pronto enterrado en un asombro dolido. De alguna forma, nos descubrimos interiormente como ante la viuda en un funeral, y nos quedamos indefensos frente la obviedad de que no podemos siquiera concebir tanto dolor. Y nos vamos a casa hechos polvo, asidos a nuestra pareja o a nuestros hijos como a un salvavidas y pensando que vaya peli buena que hemos visto.
Desde aquí quiero reivindicar algo: el amor es una cosa seria. El humor es también una cosa muy seria. Mejorar, enternecerse, hacer algo por los demás; ser, en definitiva, buenos, son cosas serias, difíciles y dignas de cualquier artista. Afortunadamente, hay quien parece haberlo entendido, y gracias a eso tenemos "Pequeña Miss Sunshine", "La vida de los otros" o "En busca de la felicidad", por poner ejemplos sencillos y recientes. No cerremos los ojos al sufrimiento, porque a veces es necesario que un buen golpe de realidad sacuda nuestras palomitas. Pero tampoco omitamos, por favor, a toda la gente buena, a todos los que están poniendo su esfuerzo en echarle un pulso a Dios Iñárritu y hacer que la peli termine bien y la gente pueda irse contenta a su casa a hacer el amor. Porque les está costando un montón de trabajo. A ellos, a los buenos.
Y quien dice cine dice libros, que vaya mal rato he pasado recientemente leyendo a Ana María Matute con la deprimente seguridad de que cada uno de sus cuentos iba a tener, mínimo, una víctima mortal, ya fuera real o simbólicamente.
Vamos a darle un poco menos de bombo al horror, por favor, y un poco más a las cosas bonitas. Y vamos a ser objetivos con Mar Adentro, joder, que vaya sucesión de topicazos más poco digna de mi admirado Alejandro. Arte es arte, sufrimiento es sufrimiento, y aunque ambas cosas se entrelacen, se necesiten y, a veces, ayuden a mejorarse o a paliarse respectivamente, a este paso vamos a tener que elegir entre "Princesa por Sorpresa" o, directamente, el suicidio colectivo y, qué queréis que os diga; antes que la muerte, prefiero a Julie Andrews.

3 comentarios:

  1. Caramba... menudo ensayo que te ha salido... fijo que los dedos de iban a toda velocidad para poder plasmarlo en el blog al mismo ritmo que tus pensamientos...
    Me ha encantado una frase, la que se refiere a Dios como el Gran Novelista Universal.
    Una perla, seguro.
    Por otra parte estoy en contra de la moral cuando se trata de arte, sufrimiento,... vamos, que estoy en contra de la moral.
    Salud/OS y feliz semana ¿santa?.

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  2. Nunca me había planteado eso... tal vez sí, mucho chantage emocional y eso le hizo ganar premios...
    Pero no sé, todo depende del ímpetu de cada persona. Y de lo que le mueva al artista.

    El arte tiene ese componente de denuncia social. Y a veces ha sido muy bueno... nos ha sacudido de la solapa de la camisa y nos ha abierto la mente.
    A veces necesitamos impactos.
    Y tal vez, muchos nos decidimos en su día emprender una buena acción en esta vida por un mensaje en una obra artística. Y nos hizo mucho más dignos, mucho más personas.
    Yo, personalmente, no podría vivir sin arte... imposible. Me ha mostrado otras realidades, y a veces me ha ayudado a salir de un pozo. A veces, nos reconocemos a nosotros mismos gracias a todo esto. El problema es que tanta vacuna artística nos llegue a inmunizar...

    Porque por otra parte y por contra... cuando se convierte todo esto en un tópico, se habla de dolor y muerte como se habla de elemento artístico. Y vemos en la tele a esqueletos andantes mientras merendamos y pensamos "pobrecitos" porque hay que pensar eso. Y nos quedamos inmunes.

    En otras ocasiones, el arte no es más que un maldito panfleto político con la excusa de que hay que ayudar y cambiar el mundo. Olvidándose por completo del cambio y del mundo y centrándose exclusivamente en una doctrina mostrada como verdad absoluta, siendo una especie de texto sagrado como la biblia.

    Todo esto me parece tan relativo...
    Saludos.

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  3. No me iban tan rápido los dedos, no te creas, porque me costaba un poco encontrar la forma de expresar lo que tenía en mi cabeza.
    Realmente, la idea central de donde partió todo lo demás era que los novelistas eran unos hijos de puta que con demasiada frecuencia matan a sus personajes para darle un final impactante a su obra. Luego empecé a acordarme de las pelis-palo y todo lo demás, y así me ha salido la parrafada xDD Espero no haber aburrido.
    Prometeo, tienes razón... todo es muy relativo. Es cierto que nos inmunizamos, pero es normal que nos inmunicemos porque, al fin y al cabo, ¿qué podemos hacer frente a tanto horror? Pequeños gestos, me diréis, colaborar con algún voluntariado, apadrinar a un niño. Pero esos pequeños gestos no palian la enormidad del horror que vemos a diario, así que nos inmunizamos para no volvernos locos. Es una reacción natural.
    Por eso yo no leo el periódico xD Pero eso es tema para otro post.
    Besos y gracias por comentar.

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