massobreloslunes: Going Solo

domingo, 20 de enero de 2008

Going Solo

Leer este precioso post de Aracne sobre Roald Dahl, uno de mis escritores y personas favoritas, me ha animado la tarde. Me ha gustado sobre todo el fragmento en el que habla de “Volando Solo”, y de cómo el libro transmite, como dice ella, “esa experiencia de soledad absoluta, esa percepción de la individualidad convertida en libertad, en la mayor satisfacción que una persona puede tener”.
Como llevo emparejada desde que el mundo es mundo, y además me implico bestialmente en las relaciones que tengo, alguna vez me han dicho que me convendría estar sola. A mí me parece una recomendación absurda, porque me siento sola la mayor parte del tiempo. No es algo negativo, no se trata de necesitar compañía o de tener que encender la tele para oír otra voz. Me siento sola porque es como estoy, objetivamente, durante casi todo el día, y no es en absoluto malo.
La experiencia de la soledad, de una soledad verdadera, es algo muy recomendable. Yo lo sentí cuando hice el curso de vipassana: estaba rodeada de gente y, sin embargo, sólo me tenía a mí, y sabía que no había nadie más a quien pudiera contarle lo que pasaba por mi cabeza. En ese momento fui muy consciente de mí, Marina, haciendo el viaje estelar de la existencia metida en una navecita hermética. Mis pensamientos rebotaban en la pared vacía del silencio y era yo quien tenía que tragárselos. Llegar al décimo día, ser capaz de aguantar a pelo el conjunto de estupideces y aciertos que soy yo, sin comunicárselos a nadie, sin hacer a nadie cargar con el peso de mis errores, me hizo sentir muy fuerte.
Así que no me importa pasar los días más o menos sola. Es como estar en el avión del que habla Roald Dahl: tú tomas tus decisiones, eliges cómo manejar los mandos e intentas llevarte a buen puerto. A veces, cuando siento que realmente estoy siendo capaz de cuidar bien de mí misma, siento más seguridad que en la mejor de las siestas compartidas con J. Una sabe cuidar de una misma, a veces, en las cosas más absurdas, como la primera vez que lavé a mano un jersey: cuando se secó y olí el aroma a limpio de la lana, supe que yo podía darme la mayoría de las cosas que necesitaba.
A pesar de todo, me encantan las personas. Me encanta que, aunque todos sepamos que nacemos y morimos solos, y que es difícil diluir aunque sea por un momento la barrera que nos separa, nos empeñamos en conocer a otros, y que nos conozcan, y nos aferramos a los demás y al cariño que sentimos por ellos hasta el último momento. Me gusta pertenecer a esta especie humana tan extraña y cruel y noble, que se mata y se abraza a partes iguales.
Observo el universo desde arriba y los exámenes y los trabajos son lo más estúpido, pequeño y mezquino que hay en todo él. Y pensar así me sienta la mar de bien. Sobre todo en domingo.

1 comentario:

  1. Pienso que el secreto del bienestar mental es llevarse bien con uno mismo... y no tener miedo de estar solo, porque uno disfruta de "su propia compañía".
    Yo muchas veces me he sentido solo rodeado de gente, gente que no compartía mis inquietudes, mis gustos... pero mira. Eso me hace sentirme orgulloso de mí mismo y, por qué no... algo más especial
    Salud/OS!

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