massobreloslunes: Perdonar

viernes, 25 de enero de 2008

Perdonar

Mi carrera es MUY interesante. Cuando uno entra en psicología, se piensa que todo va a ser terapias de grupo, cómo curar la depresión o charlitas rollo Bucay. Luego se encuentra con que una parte importante del plan de estudios (sobre todo en Granada) es psicología básica, es decir: cómo funciona el cerebro (o cómo se piensa que funciona), fundamentos de aprendizaje, de percepción, de pensamiento y de lenguaje, y se desespera. Creo que todo el mundo empieza psicología queriendo sentarse a la espalda de un diván, y la acaba examinándose por décima vez de psicobiología y análisis de datos.

Yo también pensé que no me gustaría la psicología básica, pero resulta que me encanta. Me gusta saber cómo funcionan las cosas, y el cerebro humano es tan potente, tan complejo y ten eficaz que a veces me pregunto cómo mi carrera no es la más importante y difícil de todas.

El lunes tengo el examen de psicología del lenguaje. Me gusta tanto que, una vez más, me doy cuenta de que soy una freak. Después de 15 temas, uno no ha añadido prácticamente nada a su esquema de conocimientos previo: lo único que ha hecho ha sido ahondar en lo que hace todos los días (hablar) y darle, más o menos, una explicación detallada. Cómo pasar del significado literal a las proposiciones, de ahí a la estructura sintáctica, morfológica y fonológica. Cómo se hace todo eso a la velocidad de la luz, sin aparente esfuerzo. Comunicarnos verbalmente, algo que todos hacemos a diario y con gran facilidad, requiere una gran cantidad de procesos, tanto lingüísticos como sociales y afectivos.

Uno de los temas de la asignatura se dedica a las reglas de cortesía. Según los apuntes, las personas nos comunicamos intentando preservar al máximo nuestra imagen pública: la imagen que los demás tienen de nosotros, que en la mayoría de los casos se corresponde con la que nosotros mismos tenemos. Hay dos tipos de imagen pública: la negativa está relacionada con el poder, el estatus y la capacidad de ser independiente y tomar decisiones (negativo y positivo no tienen aquí connotaciones de "bueno" o "malo"). La imagen positiva tiene que ver con los vínculos, con la solidaridad y los lazos afectivos que nos unen a nuestro interlocutor.

¿A qué viene todo esto?, os preguntaréis, si habéis hecho el esfuerzo de llegar hasta aquí.

Prácticamente todas las formas de comunicación amenazan a una u otra vertiente de nuestra imagen pública. Ordenar algo amenaza la IP negativa del otro, porque le resta libertad y capacidad de decisión. Criticar amenaza su IP positiva, porque disminuye los lazos afectivos entre los hablantes.

Además, hay actos que amenazan la propia imagen pública, y uno de los más delicados es pedir perdón. Cuando pedimos disculpas, nos arriesgamos a que el otro nos estime menos que nosotros a él, es decir: nos jugamos su amor a la lotería. Reconocemos que nos hemos equivocado y perdemos IP- a chorros. También reconocemos que el otro no tiene por qué querernos ahora y nuestra IP+ baja a toda velocidad. Así que pedir disculpas es un acto que supone una gran amenaza para uno mismo y que requiere mucho valor.

Pero ¿qué pasa con el que tiene que disculpar al otro? De repente, sin hacer nada, ha ganado. Tiene una mejor IP que su interlocutor y puede mirarle por encima del hombro. Ganar nos gusta tanto a los seres humanos que hay estudios que demuestran que la gente es capaz de llevarse menos dinero en una situación de juego hipotética sólo para asegurarse de que se lleva más que un imaginario oponente. Cuando nos disculpamos, el ofendido tiene dos opciones: perdonar al otro y devolverle su IP perdida o continuar echándole en cara lo que hizo y ver cómo su propia barrita de IP aumenta (como en el street fighter o juegos así) mientras el otro se retuerce por el suelo y su barra se pone roja y parpadea.

Yo creo que pedir perdón es algo que todos podemos hacer, más o menos. Está socialmente bien visto, aunque mi libro de psicolingüística diga que no. Una persona que pide perdón es humilde, reconoce sus errores y tiene buen corazón y, por mucha IP que pierda, gana un montón de minipuntos de crecimiento personal. Es un poco como pasarle al otro la patata caliente "yo ya te he pedido perdón, no puedo hacer nada más". Lo verdaderamente elegante y difícil es renunciar al placer de ver al muñequito del contrario yacer en el suelo y tenderle la mano para que se ponga de pie. Devolver la la parcela de poder que hemos ganado, el superávit de IP que tenemos gracias a nuestra virtud, y quedarnos de nuevo empatados en el difícil ring de las relaciones personales. Ahí está el tema.

Esto debe ser lo que el HDP** de mi profe de Educación llama aprendizaje significativo.

**Hombrecito De la Posguerra. Malpensados.

2 comentarios:

  1. La frase "jugarse el amor del otro a la lotería" me parece, sencillamente, brutal. Y muy acertada.
    Créeme, de psicología no tendré ni puta idea, pero esa aseveración es digna de una tesis doctoral.
    Salud/OS!
    PD: Seguiré jugando a la loto siempre que sea necesario.

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  2. Es apasionante, pero da miedo aceptar esos mecanismos mentales. Menos mal que existe la empatía...

    PD: Da vergüenza ir diciendo por ahí que uno tiene la carrera de periodismo. Te explicas demasiado bien;)

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