massobreloslunes: Las mujeres que leen son peligrosas

domingo, 17 de febrero de 2008

Las mujeres que leen son peligrosas

Aquí había un post que he borrado porque no me sentía cómoda con él. Por cosas mías.

Hoy he pasado toda la tarde en casa de mi abuela, coloreando sobre la mesa camilla con mis primas pequeñas. Me ha encantado aburrirme y colorear durante horas. Me ha encantado hartarme y tener ganas de irme: me ha dado la sensación de estar realmente allí, con ellos, de compartir un pedazo de vida auténtica y monótona.
He estado ojeando un libro de pintura y fotografía: "Las mujeres que leen son peligrosas". No pensaba que "mujeres leyendo" diera tanto de sí como temática. Varias de las mujeres retratadas aparecen desnudas, y es curiosa la sensación que evocan las dos intimidades: la de leer, que va hacia dentro, y a la que no le importa que nadie mire, y la de estar desnudo, que va hacia fuera y que siempre sabe que hay alguien mirando.
Me gusta leer porque es una afición respetuosa y solitaria (escribir, sin embargo, es solitario pero exhibicionista a voces). Cuando uno lee de verdad, no le importaría quedarse solo en el mundo si con él se quedara su libro. Además, nunca he tenido que pedirle a nadie que lee que baje el volumen.
¿Por qué me gustan las personas que leen? Si, al fin y al cabo, no se puede leer a la vez que alguien, no es algo que pueda disfrutarse en grupo. ¿Es porque las personas que leen son más cultas? Yo leo mucho y todo me suena, pero saber, lo que se dice saber, no sé apenas nada. Creo que lo importante de leer (y de escribir, si me apuráis, pero sobre todo de leer, porque leer es mucho más bonito, desinteresado y puro que escribir) es ir haciéndose cada vez más sensible a la vida, dejarse conmover cada vez por más cosas: no sólo por lo que me conmueve a mí, Marina, sino también por lo que conmovía a Buckowski, a García Márquez, a Chejov. Leer bien me va haciendo cada vez más y más persona (no mejor persona, sino más persona, que no es lo mismo).
Así que cuando me gusta alguien que lee, no me gusta la persona que acumula datos y que vive luego de su grasa literaria durante el largo invierno de las tertulias de escritores. Ésos me dan pena. Cuando me gusta alguien que lee, me gusta que le guste leer, que pueda hacerle feliz.
He dejado en casa de mi abuela algunos de los libros que tenía cuando era pequeña para mis primas. Al principio elegí algunos que estaban bien, pero no mis favoritos, porque no quiero perderlos. Luego decidí ser generosa con la vida y escogí mis títulos favoritos. Charlie y la Fábrica de Chocolate. El rey de Katoren. Doneval. Cuando Hitler Robó el Conejo Rosa. Cuando los llevé a casa de mi abuela, les hice jurar a mis primas que harían una lista anotando cuáles se llevaban, y que los protegerían con su vida. Hoy he pensado que total, qué más da, si yo no voy a volver a leerlos por no estropear el placer que me dieron en su momento con estúpidas reflexiones adultas, si sólo los quiero para pasarles el dedo por el lomo, y para eso, que salgan al mundo otra vez, que ya es hora.
Volvamos a esta tarde, mientras coloreaba en la mesa camilla de casa de mi abuela. Mi prima Emma ha cogido uno de los libros que les dejé, "Un museo siniestro", de Miguel Ángel Mendo. Me ha preguntado qué tal está. He sonreído: "Es un libro buenísimo", le he dicho "muy original. Muy siniestro, como su propio nombre indica". Con los libros me pasa como dice el profesor Frink en un capítulo de los Simpson: que no creo que otros niños vayan a disfrutarlos a tantos niveles como yo. Mi prima se ha metido a leer en uno de los dormitorios. Más tarde, de camino al baño, la he mirado un rato por la puerta entreabierta. Sólo tenía una lámpara encendida, y nada en el mundo hubiera podido molestarla.
Luego ha vuelto al salón y me ha dicho "Está chulísimo", y yo sabía que se refería al libro. Me he sentido orgullosa de mi prima, de su inteligencia, que ya sabe apreciar la belleza de lo siniestro. Y he entendido a los pintores del libro. A mí también me habría gustado pintarla a ella esta tarde, Emma con su libro, sola y feliz en su círculo de luz.

7 comentarios:

  1. La verdad es que es un consuelo tener siempre un buen libro en el que refugiarse.

    Los hombres que leen no son peligrosos??

    Durante muchos siglos la lectura no estaba reservada al pueblo para que no se cuestionaran los órdenes establecidos ni pensaran mucho en nada.

    Saludos

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  2. No sé si leer es peligroso ahora mismo, tal y como está el patio. Creo que te hace más libre, y eso puede aplicarse tanto a hombres como a mujeres. Y no sólo porque pueda hacerte más o menos revolucionario, que al fin y al cabo hoy en día revolucionarse es más bien difícil, sino porque te da más opciones en la vida, tanto de acción como de pensamiento.
    No sé si me he expresado muy bien, es que quemé un montón de neuronas ayer escribiendo el post, y mi reserva de belleza literaria está un poco agotada xD
    Un abrazo, Lucía, y gracias por comentar :)

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  3. Marina: me han gustado tus reflexiones...

    No hace mucho, yo no regalé libros a mis allegados, como tú a tus primas, sino que los tiré, por una práctica razón de disponer de más espacio en casa. Mi mujer es una gran lectora (mucho más y mejor que yo) y es cierto que ya no había sitio para libros nuevos. Cada vez que cogía un título me decía: "éste me lo quedo" porque no lo he leído o quiero leerlo otra vez. Resultó que el montón de los elegidos era de 180 y sólo 20 los que "podía" tirar. Puedes imaginarte que tiré todos para evitar una buena bronca familiar. Afortunadamente, se me ocurrió dejarlos al lado de un contenedor especial para papel. Y me dio satisfacción comprobar que desaparecieron los 200 ibros en menos de media hora... ¡no quedó ni uno, ni siquiera los 20 que yo sí habría tirado! (Bien, es una anécdota que tiene poco que ver con tu entrada, pero va de libros).

    Estoy de acuerdo en que lo de escribir es de exhibicionista, no sé si a voces, pero sí a veces. Bueno, no, siempre. ¿A quién no le gusta tener lectores que le hagan engordar la vanidad?

    Lo de Emma no me extraña. Es genial, además de muy inteligente. Dale un beso cuando la veas.

    Un abrazo,

    Miguel

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  4. Y no sólo libros.
    Hay bitácoras que narran hechos de realidad y ficción que son enriquecedores también...
    Como por ejemplo... ¡¡este!!
    Salud/OS!

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  5. No puedo estar más de acuerdo, me temo que la felicidad perfecta solo la he conocido inmersa en un buen libro.
    PRIMAVERITIS (que no me deja entrar con mi nombre, jo.)

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  6. Algunos de tus libros preferidos (cuando Hitler robó el conejo rosa, Charlie y la fábrica de chocolate...) son/fueron también los míos.

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