massobreloslunes: Profesiones inventadas I: Vagabundo de biblioteca

viernes, 22 de febrero de 2008

Profesiones inventadas I: Vagabundo de biblioteca

El vagabundo de biblioteca se levanta cada día temprano, pero no demasiado (siempre después que el sol). Desayuna un cafelito y un mollete mientras lee el 20 minutos y va calentando motores para desempeñar bien su tarea.

Luego entra en la biblioteca y saluda a los que trabajan allí, que son gente muy amable, porque viven entre libros y silencio y en ese ambiente no puede uno estar cabreado. El vagabundo tampoco está nunca cabreado, porque estar siempre tranquilo y razonablemente feliz es uno de los requisitos indispensables para el puesto.

El vagabundo de biblioteca se dedica durante todo el día a dar vueltas por los pasillos de la biblioteca y a leer. Lee lo que quiere y cuando quiere: novelas, autoayuda, manuales de anatomía. A veces deja un libro a la primera página, y otras se enamora de un autor y engulle todo lo que ha publicado. Tiene sus rincones de lectura favoritos: unos cojines detrás de una estantería, una alfombra en la esquina de la hemeroteca, el penúltimo escalón de la escalera...

Cuando no lee, da vueltas por entre las estanterías y acaricia los tomos con cara de bobo. Para ser vagabundo de biblioteca es fundamental amar a los libros con todo el corazón, por lo que son; no a todos por igual, porque unos son más buenos que otros, pero sí a todos un poquito, por el mero hecho de existir valientemente entre sus tapas.

La gente que va a la biblioteca puede acercarse al vagabundo y preguntarle por un autor o por una recomendación. El vagabundo es un tipo con un gusto amplio y benevolente. No es nada exquisito ni elitista. Sabe conectar con los gustos de los lectores y recomendarles algo que les haga volar. También se sabe historias interesantes sobre los autores que cuenta a los que las quieran escuchar: cómo Roald Dahl fue probablemente el primer escritor que empezó a escribir sin quererlo; como Paul Auster casi se muere de hambre en su intento desesperado por vivir del arte; como la noche que Robert Louis Stevenson murió, los jefes indígenas de la isla de Samoa organizaron una comitiva que abrió (por primera vez en la historia) un camino hasta la cima del monte Vaea para que el cadáver del escritor pudiera reposar allí. El vagabundo de biblioteca debe saber esas historias, y muchas otras.

Otras cosas de las que puede encargarse son: contar cuentos en la zona de niños, repartir chocolate caliente gratis a la salida u organizar citas a ciegas de acuerdo con los gustos literarios de los lectores. Pero tampoco tendría que hacer mucho más, porque si por algo no existe la profesión de vagabundo de biblioteca es porque es perfectamente inútil.

Como títulos se requeriría una diplomatura en frikismo literario, inglés e informática (que hacen falta para todo). Las habilidades que debería tener un vagabundo de biblioteca están relacionadas sobre todo con la atención flotante y el pensamiento divergente.

El sueldo es negociable.

3 comentarios:

  1. ¡Qué idílica y qué genial esta profesión! Yo creo que más de una vez me he sentido un poquito "vagabundo de biblioteca"...

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  2. A mí me encantaría dedicarme a eso ...

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  3. Yo de peque, cuando no tenía clara una vocación ni una profesión de futuro, ví un módulo que me interesaba.
    Era "Técnico en biblioteconomía, archivística y documentación".
    No tenía ni puta idea de que era... pero quería ser eso por lo bien que sonaba.
    Al final acabé siendo músico y después diseñador gráfico.
    Para que veas lo que cambia todo.
    Salud/OS!

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