massobreloslunes

sábado, 31 de mayo de 2008

El calentamiento global parece ser de verdad una sucia mentira. El mundo no se está calentando. Está directamente volviéndose loco. A lo largo del mes de mayo, la primavera ha ido mutando en un otoño intempestivo y siniestro que nos tiene todavía con las chaquetas y los paraguas colgados del perchero. En general, el frío no me gusta. Entre frío y calor, prefiero el calor. Me parece más parecido a la vida, más fértil; al fin y al cabo, va de quitarse ropa. Pero hay algo peor en este séptimo invierno del que me hablaba mi compañero de curro que el mero frío. El cambio de estación marca de alguna manera otros cambios. Ciclos que se terminan y que comienzan. La posibilidad de que cambiar la bufanda por los tirantes vaya a suponer cambiar la melancolía por la extroversión. Así que este invierno prolongado, estos ocho o nueve meses de frío, me tienen atrapada en el tiempo, en un día de la Marmota donde mi chaqueta roja me mira desde el borde de la silla y se ríe. Como si todas las turbulencias del otoño y del invierno se resistieran a marcharse. Como si ni siquiera el clima diera segundas oportunidades.

En fin. Lo bueno y lo malo que tiene el tiempo es que, por mucho que te esfuerces, no puedes hacer nada por controlaro.

4 comentarios:

  1. el peregrino gris1 de junio de 2008, 3:42

    Bueno, ya sabes, podrías aprender a tocar el piano, o tirar bolas de nieve, o cincelar figuras en el hielo..., si funciona puede que una mañana te despiertes y la calle esté gozosamente vacía.

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  2. Qué comentario más hermoso. Gracias.

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  3. Lo malo que la locura del clima nos afecta a nosotros también.
    Creo que el Mundo finalmente estornudará y se nos sacará de encima en un plisplás.
    Salud/OS!

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  4. Me alegro de no ser una persona con mucho vestuario, por eso de subir y bajar la ropa de verano del trastero...

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